Medicina Reproductiva

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Padres a los 60: cuánto se multiplica el promedio de tiempo que se necesita para concebir

Los varones también tienen un reloj biológico y existe cierto declive en su fertilidad con el paso de los años. El boom de la paternidad en los famosos. Expertos dan su mirada a Infobae y explican qué tanto pueden ayudar los tratamientos. Hace mucho tiempo ya que George Clooney dejó de ser el soltero más codiciado de Hollywood. Tal es así que hoy, a los 60 años, cambiar pañales es el escenario con el que -nuevamente- comulga. Amal Ammuddin es su pareja y la madre de sus dos hijos: los mellizos Ella y Alexander. Ambos niños llegaron en 2018, cuando el actor tenia 56 años. Ahora, con 60 recién cumplidos, Clooney será padre nuevamente de mellizos. Los nuevos modelos de familia están a la orden del día y cada vez es más habitual que hombres ya maduros decidan tener hijos. Los médicos lo advierten: no es lo mismo ser padre a los 60 que a los 30. Pero que no sea lo mismo, ¿significa que sea peor? Los hombres, que se hacen estas y otras preguntas, quieren ser padres en edades que quizás antes estaban reservadas para el abuelazgo. Está claro: los 50, los 60 y los 70 de ahora no son los de antes. ¿Qué pasa con los hombres y la paternidad en edades avanzadas? ¿El hombre puede procrear hasta la edad que le plazca? ¿Hasta cuando sirven sus espermatozoides? La importancia de la edad a la hora de buscar un hijo es ampliamente conocida entre las mujeres, pero poco se habla quizás sobre qué ocurre con los hombres. “Los varones también tienen un reloj biológico y existe un cierto declive en su fertilidad con el paso de los años”, empieza diciendo a Infobae Martín Attie, médico especialista en medicina reproductiva, director médico de In Vitro Buenos Aires. “Se calcula que, si el hombre tiene 25 años o menos, la probabilidad de concebir (en promedio) es de 4 meses. Por el contrario, si tiene más de 40, puede tardar 2 años o más. Y, superados los 45 años, el tiempo promedio necesitado para concebir se multiplica por cinco”, explica el médico. “En el caso de los ovarios, la vida útil reproductiva, es decir producción de óvulos, es mas corta que en los hombres. Disminuye en forma más acentuada a partir de los 35 años, para hacerlo más a los 38 y mucho más a partir de los 40 años. En el hombre es diferente y si bien a partir de los 40 se acentúa la disminución, vemos casos de hombres de 70 o más, que embarazan a una mujer de 30 años, o más, pero nunca a la inversa”, sostiene por su parte a Infobae, Sergio Pasqualini, director Científico de Halitus, el centro de fertilidad que fundó en 1987. “Es decir que el reloj biológico de los ovarios va mas rápido que el de los testículos”, agrega el doctor. Hay una cuestión: los hombres nunca dejan de producir esperma. A menos que ocurra alguna enfermedad o daño específico, no se detiene la síntesis de espermatozoides. “Sí, en cambio, puede verse afectada su calidad a medida que pasa el tiempo como, por ejemplo, la oxidación de los espermatozoides y, por lo tanto, disminuir su capacidad de fecundación. Entre los impactos negativos a mayor edad sobresalen: precisar más tiempo para concebir, disminución en la calidad del esperma (conteo, movilidad), aumento de la posibilidad de encontrar anomalías en el ADN del esperma debido a su fragmentación, incremento del riesgo de sufrir abortos involuntarios, defectos de nacimiento en los bebés y, según diversas publicaciones científicas, alto incremento en la incidencia de engendrar hijos con autismo”, explica Attie. Así, cuanto mayor sea el hombre, más tiempo le puede tomar concebir naturalmente. Esto también puede deberse a que se desarrollan enfermedades crónicas como diabetes, sobrepeso y presión arterial alta, que pueden afectar la fertilidad. Dice Pasqualini: “Tardar en embarazar va a depender del caso en particular. En general el hombre a los 40 está bien, y más adelante también. La pérdida de la fertilidad, producción de espermatozoides, en los hombres es muy variada. Hay hombres que ya tienen problemas desde la pubertad, con un declinar de la producción mas rápida, y otros que empiezan bien y a temprana edad aceleran la perdida. Pero siempre en algún momento dejan de producir. Es difícil encontrar hombres de 80 que tengan una producción aceptable para lograr un embarazo por la vía natural”. Uno de esos hombres récord vive en el Argentina. Es el doctor Alberto Cormillot, el reconocido médico especialista en obesidad, educador para la salud, escritor y conferencista, quien será padre -nada más y nada menos- a los 82 años. Dueño de una vitalidad envidiable, lleva una vida sana que incluye una alimentación equilibrada y una estricta rutina de actividad física. Cormillot espera por Emilio, el bebé que tendrá para el mes de octubre junto a su actual esposa, la doctora Estefanía Pasquini. Luego de anunciar el embarazo de la joven de 34 años, con quien se caso en diciembre de 2019, el nutricionista había manifestado un deseo acorde a su paternidad longeva: “Quiero vivir hasta los cien”. Complicaciones posibles A medida que los hombres envejecen, pueden experimentar otras complicaciones ligadas a la reproducción (como una disminución de la libido y/o disfunción eréctil), que pueden dificultar el embarazo natural. “Estudios recientes también han determinado que la edad del hombre se asocia con una mayor tasa de alteraciones cromosómicas en los espermatozoides, que pueden dar lugar a problemas de esterilidad, abortos involuntarios y transmisión de enfermedades congénitas en la descendencia”, dice Attie. “Aunque los hombres no experimenten la menopausia femenina y no pierdan su capacidad de concebir, la fertilidad masculina sí disminuye con la edad, pero, merced a las diferentes técnicas de reproducción asistida, es posible resolver la mayoría de los problemas de esterilidad. Técnicas como la inyección intracitoplasmática de espermatozoides, conocida como ICSI, han reducido enormemente la infertilidad masculina, incluso en casos de movilidad muy reducida y con anomalías morfológicas. Con esta técnica, independientemente de la

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¿Pueden vacunarse contra el COVID-19 las personas en tratamiento de fertilidad o embarazadas?

Especialistas locales e internacionales responden y llevan tranquilidad ante una de las dudas surgidas durante la pandemia. Consejos y recomendaciones para no caer en las falsas afirmaciones Desde el comienzo de la actual pandemia por COVID-19, hemos visto la rapidez con la que se propaga la desinformación sobre las vacunas que la ciencia desarrolló para terminar con esta amenaza que ya contagió a 205 millones de personas y mató a 4,3 millones en todo el mundo. Sobre la vacunación frente al coronavirus están surgiendo numerosas fake news y una de ellas es esta: “las vacunas afectan a la fertilidad tanto de hombres como de mujeres”. Una afirmación totalmente falsa según han confirmado numerosos expertos. Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmaron: “La OMS nunca aprobaría vacunas de las que se sospeche que pueden afectar a la capacidad de una persona para concebir”. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU coinciden en esta misma línea y aseguran que si se está buscando un embarazo ahora, o se tiene pensado hacerlo en el futuro, la mujer puede vacunarse contra la COVID-19 sin ningún problema: “En la actualidad no existe evidencia de que alguna vacuna, incluida la vacuna contra la COVID-19, cause problemas de fertilidad en mujeres o en hombres, ni problemas para lograr el embarazo”. Ahora bien, los CDC no recomiendan realizarse una prueba de embarazo de rutina antes de vacunarse contra la COVID-19. “Si está tratando de quedar embarazada no es necesario que se evite el embarazo tras vacunarse”, aclaran. “Las vacunas contra COVID-19 hay que aplicarlas cuando estén disponibles para cada uno. Si está buscando un embarazo, tiene que vacunarse contra el coronavirus. Si está haciendo el tratamiento, hay que dejar pasar un mes de recibida la vacuna para volver al tratamiento. Si tiene un embarazo reciente o avanzado también debe vacunarse”, explicó a Infobae el doctor Sergio Pasqualini, director de Halitus Instituto Médico. Y agregó: “No es como otros virus como el de las paperas que puede generar a futuro problemas de fertilidad. El virus circula con el cuerpo y pega en distintos órganos. Si uno se enferma por COVID, puede la enfermedad afectar la función ovárica o testicular, pero todavía está en investigación. Se presume y piensa que no es igual al virus del Zika por ejemplo. Respecto a trastornos menstruales en mujeres vacunadas tampoco hay estudios que lo corroboren. Hay que recordar que las emociones y los nervios también juegan a favor de padecer trastornos”. “Los anticuerpos que su cuerpo desarrolla para combatir la proteína espiga en la vacuna contra el COVID-19 no provocará anticuerpos contra las proteínas en la placenta» (REUTERS/Henry Romero) La doctora Gretchen LaSalle, becaria de ciencias de vacunas de la Academia Americana de Médicos de Familia en España, afirma que no hay evidencia científica de que la vacuna contra el COVID-19 afecte la fertilidad. “Los anticuerpos que su cuerpo desarrolla para combatir la proteína espiga en la vacuna contra el COVID-19 no provocará anticuerpos contra las proteínas en la placenta. De hecho, durante los ensayos de la vacuna de Pfizer, 23 mujeres voluntarias que participaron en los estudios quedaron embarazadas. La única persona que experimentó una pérdida de embarazo no había recibido la vacuna, si no el placebo. “No hay ningún dato clínico, ni de investigación animal, que sugiera una posible relación entre las vacunas y la afectación de la fertilidad. Todas las publicaciones existentes establecen que no hay evidencia que sugiera que la vacuna produzca infertilidad masculina o femenina. Por otro lado, no hay ningún mecanismo que soporte esta idea”, asevera el presidente de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), doctor Luis Martínez Navarro. Sobre aquellas mujeres que deseen quedar embarazadas y tengan cerca la vacunación frente a la COVID-19, el presidente de la SEF remarca que no hay ninguna necesidad de esperar para buscar el embarazo tras la vacunación. “Todas las recomendaciones son que la vacunación no debe de influir en la búsqueda de la gestación natural o mediante tratamientos de reproducción”, agrega. Recibir la vacuna durante el embarazo Usted también puede estar preguntándose si es seguro recibir la vacuna si ya está embarazada. Si bien los datos sobre la aplicación de la vacuna contra el COVID-19 durante el embarazo son limitados, la información es tranquilizadora hasta el momento respecto de recibirla durante el embarazo. No se conocen resultados fetales negativos para las personas que han recibido la vacuna durante el embarazo. De hecho, los estudios están mostrando que las personas embarazadas que han sido vacunadas pueden transmitir los anticuerpos del COVID-19 a sus bebés. También hay estudios que muestran que las mujeres embarazadas les transmiten anticuerpos a sus bebés mientras en estado de lactancia, seis semanas después de la vacunación. Los expertos afirman que los riesgos de contraer el COVID-19 durante el embarazo superan con creces los riesgos asociados con la vacunación. Esto se debe a que las personas embarazadas tienen un riesgo mucho mayor de necesitar ser hospitalizadas o remitidas a cuidados intensivos si se enferman con el COVID-19. ¿Qué pasa con la infertilidad? Además de lo que sabemos sobre las vacunas y el embarazo, no hay evidencia de que las vacunas contra el COVID-19 causen infertilidad o impotencia en personas de cualquier género. Lo mismo sucede con la enfermedad si una persona se contagia. El médico especialista en reproducción asistida, Fernando Neuspiller MN 82.815 -director del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) Buenos Aires- explicó que hasta hoy, no se ha demostrado que el COVID-19 ingrese en el semen, ni infecte los óvulos o los embriones. “No hay estudios que demuestren eso, pero está bien que la gente esté en su casa por precaución. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no está diciendo que las mujeres eviten embarazarse, al igual que no lo hace la Sociedad Europea de Reproducción, o la Americana, o la Internacional”, afirmó el experto. Y concluyó: “No hay nadie que recomiende no embarazarse en esta época, ya que no hay evidencias de que el COVID-19 infecte

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No estamos solos: qué nos pasa cuando buscamos un embarazo que no llega

Cuando nos damos cuenta de que ese hijo no llegará tan fácil y corremos a los brazos de la ciencia en busca de ayuda, empezamos un camino turbulento. Llenamos nuestra agenda de turnos médicos, ponemos el cuerpo en estudios invasivos, vemos trastornarse nuestra vida íntima y de pareja y nos preguntamos ¿Por qué a mí? Somos muchos, no estamos solos entérate cómo transitarlo mejor. Es difícil generalizar pero, en general, cuando nos encontramos con un diagnóstico de infertilidad, es decir, cuando después de un año de buscar un hijo con relaciones sexuales frecuentes sin métodos anticonceptivos un médico nos da su sentencia, nos revuelve un  tsunami. Sentimos frustración porque ese deseo tan fuerte de querer tener un hijo amenaza con quedar trunco y, aunque nos den alternativas esperanzadoras, pensamos en todos esos hijos que surgen sin tanta angustia y de una noche de placer, nos llenamos de bronca, nos preguntamos ¿Por qué a mí? La Organización Mundial de la Salud ha definido a la salud reproductiva como “el estado general de bienestar físico, mental y social, y no una mera ausencia de enfermedad o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo y sus funciones y procesos. Por ello, se debe tener en cuenta que la imposibilidad de procrear es una deficiencia que puede afectar en forma real y efectiva la calidad de vida, siendo que la salud reproductiva involucra la salud psicofísica de ambos cónyuges, además de su derecho a procrear”, sostienen desde la ONG Concebir No es fácil atravesar la infertilidad. Muchos médicos minimizan el problema porque no hay riesgo de vida. “Hay cosas peores”, te dicen algunos; otros más religiosos que “Dios no lo quiere”, algún tercero: “Tenés que soltar y va a llegar”. No hay certezas. Mientras tanto vos te aferrás a la esperanza de que con ayuda de la ciencia el embarazo el hijo llegará pronto, pensás que es sólo un desvío y corrés a los brazos de la medicina reproductiva en busca de ayuda. “Cuando una mujer tiene que encarar por primera vez un tratamiento de fertilidad, generalmente llega con bastante frustración por no haber logrado el embarazo de forma espontánea. A veces con mucha angustia por haber recibido un diagnóstico médico que explica sus problemas reproductivos, pero también con un alto grado de ilusión por el comienzo de una nueva etapa: la medicina reproductiva puede ayudarme”, dice la psicóloga Laura Wang, especialista en medicina reproductiva. No estamos solos. Con algunas variaciones, esto nos pasa a la mayoría de quienes nos topamos con este “martes 13”, como lo cuento en mi libro El deseo más grande del mundo. Testimonios de mujeres que quieren ser madres (Paidós), como se animó a contarlo María Julia aquí, en Border, o la periodista Milva Castellini. Entonces empieza un camino en el que nuestra vida queda de alguna forma entre paréntesis, poniendo el cuerpo en tratamientos invasivos, llenando nuestra agenda de turnos médicos, esperando horas y horas en salas de espera desangeladas, recordándonos en voz alta o mentalmente que estamos allí por nuestra propia voluntad, pero queriendo en secreto salir corriendo. Tal vez desistamos de cambiar de trabajo -si lo tenemos- porque no queremos perder los beneficios; posterguemos la idea de mudarnos, o nos hayamos mudado hace poco y pasemos cada día por “ese cuarto que espera”, el cuarto del hijo por venir, con cierta angustia. Seguramente cada pregunta de  “¿Y? ¿Ustedes para cuándo” sea como una puñalada. El promedio de las parejas tardan tres tratamientos de fertilidad, tres intentos, en lograr un embarazo, según la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva. Otras tienen más suerte; otras menos. Algunas se estancan años en esta búsqueda. Hay quienes logran convivir con ella de manera más fluida, hasta decir basta. No hay medidas respecto de hasta dónde llegar con los intentos. Depende de cada uno y de su subjetividad. “Los centros de fertilidad son lugares de mucha ambivalencia. Por un lado es la solución a los problemas y al mismo tiempo, les recuerda que algo en su capacidad reproductiva no anda bien y necesitan ayuda”, comenta Wang. Y agrega: “Muchas veces el diagnóstico no es preciso (¿Tal vez la calidad ovocitaria? ¿O el grosor del endometrio? ¿La movilidad de los espermatozoides? ¿Será que tengo algo que impide la implantación?) Y todas las pacientes se ubican en una posición activa y se preguntan con ansiedad si tienen algo para hacer. La tendencia es a controlar: estudios, fechas, información. Pero creo que lo mejor que pueden hacer es (activamente) generar el espacio y las condiciones propicias para dejarse (pasivamente) fecundar por el deseo de maternidad que las llevó hasta allí”. Somos muchos, cada vez más con la postergación de la maternidad.  Una de cada seis parejas es el dato  más conservador. Los números del sector, si bien no hay estadísticas oficiales, van en alza. En su libro Siglo XXI), las psicólogas Silvia Jadur y Viviana Wainstein dan una serie de sugerencias para atravesar esta etapa pensando siempre que ante la angustia que supone la no concreción de ese deseo, las personas “no infertilicen el resto de su vida”. “No poder nunca es el principal, temor, la sensación de pánico de que el tiempo va pasando y que no se consigue. Hay que ofrecer tranquilidad, siempre se puede armar una familia, siempre”, dice Silvia Jadur.  “Hay muchas puertas para abrir, distintos tratamientos, desde sencillos a los de alta complejidad; cuando no hay óvulos que tengan capacidad de ser fertilizados o espermatozoides, se puede recurrir a la donación de gametas; y otra puerta para abrir es la adopción, que es otro camino para ser padres”, agrega Wainstein. La periodista Milva Castellini, que pasó años buscando a su primer hijo Martiniano, e incluso filmó y dio su testimonio audiovisual de todo el proceso, dice en el Prólogo de Cuidar la fertilidad (Paidós), el libro del doctor Sergio Pasqualini: “Vamos aprendiendo a medida que hacemos camino. Cuando comenzamos un tratamiento de fertilización, no tenemos ni idea de todo lo que nos espera. No sabemos aún todo lo que hay que afrontar.(…) A veces se trata de volver a intentarlo,

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Preservar óvulos para planificar la maternidad: las consultas aumentaron el doble durante la pandemia

El miedo al coronavirus, el dinero disponible por las restricciones a los viajes y la idea de detener el tiempo que trajo la nueva normalidad, entre las razones del fenómeno. Valeria Serrano cuenta su experiencia: “Hoy no estoy decidida a ser madre, pero no quería castigarme el día de mañana”. Valeria Serrano, de 36 años, cuenta que no pensaba en la maternidad como un deseo desde muy joven. “Nunca fui muy ‘Susanita’”, dice. Sin embargo, aclara que aunque hoy no quiere ser madre, quizá cambie de opinión y por eso contempló la posibilidad de que se concrete en el futuro. Con esa premisa, decidió congelar óvulos hace casi un año. El caso de Valeria refleja una tendencia: por distintos motivos, las consultas y realización de este tratamiento que permite preservar la fertilidad crecieron de manera significativa durante la pandemia. De acuerdo con un relevamiento de TN.com.ar, las solicitudes en clínicas e institutos médicos que realizan la práctica aumentaron entre un 60% y un 137%. Técnicamente, la vitrificación o criopreservación de las células reproductoras u ovocitos, consiste en extraerlos del cuerpo para conservarlos. Es decir, se trata de una técnica de reproducción asistida, pero, en este caso, sin realizar inseminación ni fecundación. El procedimiento, de la mano de los avances de la medicina reproductiva, otorga así una posibilidad de planificar para el largo plazo, algo impensado décadas atrás. Con la irrupción de la pandemia, y luego de un primer momento en el que se paralizó prácticamente todo, esa necesidad y la idea de “detener” el tiempo en este aspecto biológico tuvo su resonancia. “Nunca fui muy de las que desde chicas quieren ser mamás. Pero siempre tuve claro que una cambia con el tiempo. Hoy no estoy decidida a ser madre”, relata Serrano, instrumentadora quirúrgica, a este medio. “Ahora estoy en pareja, pero en ese momento no y tampoco estaba decidida a ser madre sola. No quería el día de mañana castigarme por no haberlo hecho”, agrega. En su caso, la pandemia la empujó a iniciar el tratamiento por una cuestión de tiempos. “Hacia julio o agosto en mi trabajo estábamos asistiendo de manera rotativa y como era algo que venía posponiendo , sentí que era el momento indicado”, detalla. La expansión del coronavirus coincidió por diversos motivos con la determinación de avanzar con la práctica. El doctor Fernando Neuspiller, tocoginecólogo y director del centro de reproducción asistida IVI, confirmó la tendencia a TN.com.ar. Según su experiencia, son múltiples las razones, entre las que destacó varias que se repitieron en las consultas de los últimos meses. Por un lado, el factor económico. “Mucha gente, que puede acceder, tiene más disponibilidad que antes al destinar el dinero que utilizaba para viajar o salir. Por otro lado, la pandemia generó mucho miedo a la enfermedad y deciden preservar por eso, hasta que pase este momento”, enumeró. Otro de los puntos, según consignó, tiene que ver con aquellas mujeres que buscan estar en pareja para tener hijos. En dicha clínica, durante el verano del 2021 la demanda del tratamiento de vitrificación creció en un 137%, en comparación con el mismo período del año anterior. Desde la Fundación Repro (dedicada a la investigación y la docencia en reproducción) presidida por Sergio Pasqualini, médico ginecólogo y también director del instituto médico Halitus, coincidieron en la percepción. De acuerdo con sus estadísticas, las consultas subieron un 60% y los tratamientos efectivamente hechos aumentaron un 20%. “El comienzo de la pandemia coincidió con un tiempo en el que la temática de la vitrificación de óvulos se fue instalando cada vez más como una opción para la preservación de la fertilidad y la planificación reproductiva”, aclaró Pasqualini. “Es decir, coincidió y tal vez hizo que se generaran incertidumbres que motivaran”, agregó. En este contexto, según aporta el médico ginecólogo Diego Griessi, director médico de la clínica especializada Fertilab, sobre todo el año pasado, se repitieron también dudas ante el desconocimiento del COVID-19 y el impacto que podría tener o no en la capacidad reproductiva. “Pasados los meses y observando los resultados de varios trabajos, no se pudo demostrar con la información disponible hasta ahora una influencia en estas variables”, aclaró Griessi. El factor tiempo y el parate que implicó en muchos sentidos los meses de aislamiento y de pausa de actividades, fue determinante debido a que uno de los parámetros principales que se consideran para la criopreservación es la edad de la persona. Los profesionales de los tres institutos se explayaron en este punto. Una vez que se preservó la mayor cantidad de posible según la reserva ovárica de cada paciente permanecen congelados hasta que decida utilizarlos o no. “Si bien los tiempos de los tratamientos se acotaron en los últimos años, la gran mayoría esperan menos de 5 años. Pero cuanto más jóvenes son, en general es más tiempo”, aportó Neuspiller. Sin embargo, siempre aclaran que cada cuerpo es particular y es necesario explorar la reserva ovárica en todos los casos, de forma previa, debido a que juventud no siempre es garantía indefectible de fertilidad. “Puede haber mujeres de 40 años que estén dentro del grupo que mantiene una reserva satisfactoria, y a veces hay casos de personas más jóvenes que no califican para hacerlo porque la reserva ovárica no está en condiciones”, apuntó Pasqualini. “Pasados los 40 años de edad biológica del ovocito, los resultados son pobres, ya que se observa un aumento de las alteraciones genéticas, sumado a la baja tasa de supervivencia una vez desvitrificados”, detalló Griessi. “Por lo tanto, lo ideal es hacerlo antes de los 30 años, aunque las estadísticas nos arrojan que más del 60% lo hacen entre los 35 y 39″, puntualizó. En qué consiste el tratamiento Los pasos a seguir, según explicaron los profesionales, son los mismos que los de un ciclo de fecundación in vitro. Primero se realiza una estimulación de la ovulación aproximadamente durante unos 10 días. “Se inicia en el día dos del ciclo, aproximadamente, y la aspiración folicular (método por el que se extraen los

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¿Tener hijos se convirtió en un lujo que pocos pueden darse?

La situación económica, la dificultad para acceder a una casa propia, la incertidumbre por la pandemia, entre otros factores se volvieron limitantes para muchas parejas a la hora de pensar en traer un hijo al mundo. ¿Por qué algunos ven en la maternidad y paternidad una renuncia a otros deseos y objetivos de la vida? Ser madre y hacerse espacio en el mundo laboral se presentan, en pleno siglo XXI, como dos desafíos incompatibles para muchas mujeres. Suele ocurrir que lo que exige y demanda la actividad laboral lleva a muchas a pensar en la imposibilidad de conciliar su trabajo con una futura maternidad. Y es allí cuando a la frustración por no obtener logros laborales o económicos se mezcla con los deseos y las ganas contenidas de mujeres que aspiran a tener hijos en medio de un panorama nada alentador. ¿Son la situación económica, la dificultad para acceder a una casa propia, la incertidumbre por la pandemia, etcétera impedimentos para la búsqueda de un hijo? ¿O sólo una manera de posponer algo que genera incertidumbre y postergarlo en el tiempo? ¿Es un hijo un “lujo” que muchos hoy no pueden darse por limitaciones que van más allá de lo estrictamente relacionado con la reproducción? Sobre todo eso, Infobae consultó a especialistas, para intentar ahondar los sentimientos, emociones y sensaciones que se ponen en la balanza a la hora de pensar en traer un hijo al mundo. Está claro que desde marzo de 2020 el mundo cambió, y la inseguridad que genera la poca posibilidad de proyectar a largo plazo incluye -sin dudas- la planificación de una familia. “La búsqueda de un hijo tiene condicionantes internos y externos”, comenzó a explicar la licenciada en Psicología Patricia Martinez (MN 24.411). Y continuó: “Los internos pueden estar relacionados con la personalidad y/o con las respuestas adaptativas o desadaptativas que cada persona puede ofrecer frente a los condicionantes externos. En la actualidad los condicionantes externos son múltiples y muy demandantes. Hoy, al mismo tiempo que una persona tiene que desdoblar sus esfuerzos para recibirse, formarse a nivel profesional y posicionarse en lo laboral, también debe dirigir sus esfuerzos hacia lograr una performance económica que le permita proyectarse para ofrecerle a su hijo una crianza saludable”. Y si bien aclaró que “no todo pasa por lo económico, pero sí es cierto que la mayoría desea ofrecerle a un hijo cuanto menos lo mismo que cada uno tuvo en valor en su vida”, amplió que “para las generaciones actuales ese ‘piso’ es muy costoso e incluso a veces inalcanzable”. “Este es uno de los primeros grandes condicionantes para la búsqueda de un hijo”, sostuvo la especialista en familia de Halitus Instituto Médico. En ese sentido, al parecer, no es un condicionante que puede leerse sólo desde lo económico sino más bien de cómo lo económico nos aleja de la maternidad/paternidad en tanto es un limitante para reproducir las condiciones básicas de desarrollo que uno como persona pudo gozar durante su crecimiento. Para la licenciada en Psicología Lorena Ruda (MN 44247), “hay muchas mujeres que fantasearon bastante tiempo con la idea de tener un hijo, y quizá más de uno”. “Pero a medida que las mujeres somos más activas en el mercado laboral, vamos logrando puestos de trabajos con jerarquía, la sociedad nos empieza a dar un lugar más allá del de ser madres, podemos llevar a cabo proyectos y lograr un puesto de trabajo que nos da satisfacción, el deseo maternal muchas veces se va posponiendo”, analizó la especialista en maternidad y crianza. Y tras asegurar que “a veces la realidad económica y las dificultades de conseguir un buen trabajo o una solvencia obstaculizan este proyecto de ser madres porque se impone la fantasía sobre qué se tiene para darle a ese hijo”, Ruda evaluó que “en ocasiones estos pensamientos determinan si es posible o si es el momento o no de traer hijos al mundo, y cuántos”. En este punto, se impone la pregunta: ¿Es un hijo un “lujo” que muchos hoy no pueden darse por limitaciones que van más allá de lo estrictamente relacionado con la reproducción? – Martínez: Un hijo no es lujo, pero es cierto que a veces es un “objeto” muy deseado. En tanto se busca y no viene, e incluso se incursiona en tratamientos de fertilidad, etc. toma un poco ese carácter de “lujo” que muchos no se pueden dar. Pasar de un hijo objeto de deseo a un hijo lujo es un pasaje muy triste al cual nos enfrenta muchas veces la vida moderna, en la cual las exigencias desde lo económico y desde lo profesional nos llevan a una postergación que en algunos casos es irreversible. Cuando un hijo deseado debe ser postergado una vez, dos veces y más porque las condiciones externas son adversas, lo que debiera ser natural se vuelve inalcanzable y adquiere ese carácter de “lujoso”. En el mundo en el que vivimos voraz y exigente el derecho por naturaleza se vuelve un lujo y los lujos a veces se naturalizan. Por esta razón la aspiración a tener un hijo a pesar de ser un deseo y un derecho básico de un ser humano entra en la categoría de lujo, hasta hacerlo, a veces, inalcanzable. Consultada sobre si a la espera de “el momento ideal” se corre el riesgo de perder los tiempos biológicos, o incluso el propio deseo, Ruda analizó que “muchas veces el deseo de ser madre está más allá de la vida socioeconómica, en el sentido de que muchas parejas posponen la ma/paternidad porque fantasean con el ideal de la estabilidad previa”. Y así, planean dejarlo “para cuando tengamos la casa”, “cuando me aumenten el sueldo”, “cuando esté en un trabajo mejor”, lo que -para Ruda- “en muchas ocasiones es una manera de postergar el deseo en sí por las fantasías que se tienen sobre la maternidad (y paternidad)”. “Lo más común es que cuando el deseo se instala, con los miedos que tengamos que enfrentar, los hijos llegan y

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Tiene 43 años Pampita, otra vez mamá: cómo es el embarazo después de los 40

Carolina “Pampita” Ardohain dio a luz a su quinta hija, la primera con su marido, Roberto García Moritán. Qué controles son necesarios para llevar adelante un embarazo saludable a su edad. “Nos vemos en unos días”. Bajo esa premisa y con imágenes del sanatorio donde recientemente tuvo a su bebé Carolina «Pampita» Ardohain se despidió por unos días de sus seguidores en Instagram, de cara a la llegada de su quinta hija, la primera con su marido, Roberto García Moritán. Carolina Ardohain tiene 43 años y ya es madre de Bautista, Beltrán y Benicio, fruto de su relación con Benjamín Vicuña. La primera hija de la pareja, Blanca, murió a en 2012 a los seis años como consecuencia de una neumonía hemorrágica provocada por una bacteria. El 18 de enero pasado Pampita anunció su embarazo en sus redes sociales y dijo: “Dios nos mandó el regalo que soñábamos. Ella ya nos tiene locos de amor”. Sin develar el nombre, la modelo y conductora se refiere a ella como su “bebita”. El embarazo después de los 40 “Cuando una mujer de 40 años consulta para quedar embarazada se le realizan estudios tendientes a evaluar la reserva ovárica desde el punto de vista reproductivo, así como una evaluación clínica general para asegurarse de que su organismo está en condiciones de llevar la sobrecarga que implica un embarazo”, dijo a Clarín el doctor Sergio Pasqualini, ginecólogo especialista en fertilidad y director científico de Halitus Instituto. El médico añadió que “la fertilidad tiene su pico a los 25 años, desciende lento a partir de los 30, más acentuado luego de los 35 y rápidamente luego de los 40”. Por eso, explicó, “ya sea natural o por in vitro, a esta edad el mayor riesgo es no lograr el embarazo. Luego, si se logra, es probable que se detenga antes de los 3 meses; y luego está el riesgo de que el bebé presente alguna anomalía genética”. Por otra parte, el especialista destacó que a partir de los 40 las mujeres “tienen un 60% más de probabilidades de desarrollar alta presión arterial y cuatro veces más probabilidades de contraer diabetes”. En tanto, el doctor Juan Manuel Serini, médico especialista en Ginecología y Obstetricia (en Instagram, @dr.juanmanuelserini), agregó que “es importante que la mujer de 40 años que se va a embarazar sea informada sobre los posibles riesgos adversos. Un consenso de la Federación Argentina de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (FASGO) sostiene que los riesgos aumentan con la edad porque también aumentan las comorbilidades”. Controles básicos del embarazo después de los 40 Pasqualini aseguró que para reducir los riesgos “la mujer debe realizarse los controles prenatales, seguir una dieta alta en ácido fólico y muy nutritiva, evitar las bebidas alcohólicas y el tabaco y no consumir ningún medicamento sin receta expresa de su médico”. Al respecto, aclaró que “todo va a depender de cómo arranca, de cómo está la mujer antes de embarazarse: si tiene sobrepeso, si tiene hipertensión, si tiene algún factor de riesgo, eso va a hacer que tenga más controles. Si la mujer arranca en buenas condiciones, siempre va a haber un poco más de riesgo por la edad, pero cambió completamente lo que se consideraba mujer añosa de más de 35 años”. “La edad no es un factor condicionante para tomar decisiones, es un factor más y hay que analizarlo en el contexto”, resaltó el especialista. En cuanto a los aspectos genéticos y congénitos, afirmó que “al existir mayor frecuencia de anomalías, se las asesora sobre la conveniencia de realizar estudios” específicos. Esto, según explicó, se realiza de dos modos diferentes: “Por medio de estudios ecográficos y marcadores bioquímicos en sangre, o a partir del estudio del ADN fetal en sangre materna”. ¿Cómo se llevan a cabo estos exámenes? El ginecólogo resaltó que “hoy en día cada vez se recurre más a pruebas no invasivas”. En ese contexto, detalló que “el estudio en sangre materna tiene una sensibilidad del 99% y consiste en una simple extracción de sangre a la madre a partir de la semana 10 de gestación para estudiar el ADN de las células fetales presentes en sangre materna”. Por otro lado, “en los estudios ecográficos, es posible detectar algunas malformaciones fetales y evaluarlas en el llamado ‘screening del primer trimestre’”. Para que este estudio tenga una óptima sensibilidad, deben evaluarse cuatro marcadores ecográficos: “La translucencia nucal –que estudia un pliegue en la nuca del bebé cuyo espesor podría marcar una anomalía cromosómica-, el hueso nasal –aquellos bebés con Síndrome de Down tienen ausencia de este hueso-, el ductus venoso y la válvula tricúspide. Si se combinan estos 4 parámetros con el laboratorio y los antecedentes maternos, se obtiene una sensibilidad del 95%”. El otro tipo de estudios, aquellos más invasivos, generalmente suelen llevarse adelante generalmente como reconfirmación de algún otro estudio que no haya dado bien. “Alrededor del 95% de las mujeres que se someten a la amniocentesis o a la muestra de villus coriónico reciben la buena noticia de que su bebé no tiene estos trastornos cromosómicos”, sostuvo Pasqualini. Tipo de parto después de los 40 Según trascendió, Pampita dio a luz a su hija por parto natural. ¿Existe alguna relación entre la edad de la mujer y el tipo de parto que le conviene desde el punto de vista de su salud? Según Serini, “la mayoría de las guías internacionales indican que en mujeres de 40 años o más la recomendación es la inducción al parto entre las 39 y las 40 semanas”. En ese sentido, mencionó que existe “un estudio que indica que la inducción a las 40 semanas reduciría la mortalidad perinatal”. Por otra parte, añadió que como las mujeres de más de 35 años “tienen mayor riesgo de desarrollar hipertensión y diabetes gestacional, el embarazo podría finalizar en una cesárea”, mientras que “un embarazo de bajo riesgo uno lo podría esperar, en condiciones normales, hasta las 42 semanas”. FUENTE: Clarín

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Lo que sabemos sobre las vacunas contra el coronavirus y su posible efecto sobre el ciclo menstrual

Por Mara Galmarini y Matías Loewy chequeado.com Mujeres en la Argentina y en el mundo relataron a través de las redes sociales que habían sufrido cambios en su ciclo menstrual (cantidad de flujo y duración) tras vacunarse contra la COVID-19. Hasta el momento, no se ha podido establecer una relación causal entre las vacunas y los cambios reportados en relación al ciclo menstrual, que en todos los casos han sido pasajeros y reversibles. La evidencia científica muestra que las vacunas son seguras. No afectan la fertilidad ni causan abortos espontáneos. Referencias a que la vacuna contra COVID-19 podría tener un efecto sobre el ciclo menstrual comenzaron a difundirse en redes sociales a partir de fines de febrero último. Kathryn Clancy, una antropóloga biológica de la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign, Estados Unidos, fue una de las primeras que comentó en un hilo de Twitter que su período se adelantó e intensificó luego de vacunarse, lo que recogió más de 10 mil respuestas, muchas de ellas con testimonios similares. En España, la sexóloga y matrona Laura Cámara lanzó una encuesta sobre la cuestión a través de las redes y el 18 de marzo compartió los primeros resultados en su cuenta de Instagram: poco más de la mitad de las 2.827 mujeres que respondieron reportaron alguna alteración en el ciclo menstrual, flujo o sangrado. El video tuvo más de 41.300 reproducciones.   En la Argentina, diversas mujeres (ver acá y acá) contaron su experiencia a través de Twitter. Y hubo varios posteos al respecto en Instagram (acá y acá) que recogieron testimonios similares. De hecho, la organización Colectiva Andina lanzó una encuesta para conocer cuántas mujeres argentinas habían experimentado cambios en su ciclo menstrual después de recibir la vacuna contra la COVID-19. Pero ¿cuál es la evidencia? ¿Se puede asegurar que exista una relación causal? ¿Y cuáles serían las implicancias? Te lo contamos en esta nota. Publicaciones escasas La bibliografía científica que relaciona el ciclo menstrual con las vacunas en general es escasa. Esto probablemente está relacionado con que la aplicación masiva de vacunas se da durante la infancia o en adultos mayores. Si bien hay vacunas que se aplican en la edad fértil, esto suele ser en casos puntuales (por ejemplo, pacientes de riesgo contra la gripe o ciertos casos contra la fiebre amarilla).  Un estudio realizado en Japón, realizado con adolescentes que recibieron la vacuna contra el VPH (Virus del Papiloma Humano), mostró que quienes recibieron la vacuna tenían más probabilidades de tener un período menstrual abundante o irregular. Estos efectos fueron reversibles y de corta duración. Curiosamente, dentro de la poca bibliografía, hay un trabajo de 1913 que sugiere que la vacuna contra la fiebre tifoidea tiene un impacto temporal sobre el ciclo menstrual, aunque el investigador enfatiza que los efectos secundarios son mucho menores a los de la enfermedad y hace una observación atinada sobre el problema del beneficio “invisible” de las intervenciones preventivas: “Los pacientes no tienden a estar particularmente agradecidos por las reacciones (positivas) que pueda causar la vacuna y es solo la naturaleza humana que atribuyan a la vacuna todos los males durante los meses siguientes”. Victoria Male, docente e investigadora en inmunología reproductiva del London Imperial College, en Londres, Reino Unido, explicó a Chequeado que también se encontraron alteraciones de los niveles de hormonas sexuales en personas que recibieron la vacuna contra la gripe, durante el ciclo en el que se administró la vacuna.  “Es probable que los cambios menstruales a corto plazo estén asociados con la vacunación en general, pero esta es la primera vez que vacunamos a tantas personas que tienen períodos al mismo tiempo, por lo que no lo hemos notado antes”, reflexionó Male. Hay células inmunitarias en casi todas las partes del cuerpo, incluido el revestimiento del útero. Estas células inmunitarias desempeñan un papel en la construcción, mantenimiento y descomposición del revestimiento del útero, que se espesa para prepararse para un embarazo y luego se desprende en forma de período si el óvulo no se fertiliza. “Después de la vacunación, circulan por el cuerpo muchas señales químicas que pueden afectar a las células inmunitarias, haciendo que el revestimiento del útero se desprenda y provoca así sangrado vaginal o períodos más tempranos”, explica Male. Con relación específica a las vacunas contra la COVID-19, otra explicación posible es que se trate de una coincidencia temporal y no causal. Es una de las tesis que suscribió la vicepresidenta del Colegio Real de Obstetras y Ginecólogos del Reino Unido, Pat O’Brien, en un comunicado. “Muchas mujeres experimentarán un cambio temporal en sus períodos durante sus vidas. Y ahora mismo, muchas mujeres de 30 años están recibiendo la vacuna COVID-19. Por eso parece inevitable que en algunas mujeres estos 2 eventos coincidan por casualidad”, argumentó. “La emoción por recibir la inmunización también podría ser un factor que afecta el ciclo menstrual, pero no hay nada en la composición de las vacunas que hiciera pensar en algún efecto”, dijo a Chequeado Sergio Pasqualini, especialista en medicina reproductiva y director de Halitus Instituto Médico, en Buenos Aires. “Las vacunas no tienen hormonas”, subrayó.   “Aún no tenemos investigaciones que nos den respaldo completo, faltan estudios. Quizás haya pacientes que por mala información suspenden medicamentos que están tomando, como anticonceptivos orales o tratamientos reguladores de ciclo. O eventualmente influye el estrés. Pero no hay evidencias de que el trastorno menstrual sea un efecto secundario directo de la vacuna”, señaló a este medio la médica ginecóloga costarricense Flory Morera González, directora científica de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (FLASOG). En todos los casos, los especialistas insisten en que los efectos secundarios son leves, reversibles y que no deben disuadir a las mujeres de vacunarse.  Proyectos de investigación en el mundo En base a los testimonios, se están realizando distintas campañas y proyectos de investigación para entender si existe una relación causal entre los cambios en el ciclo menstrual y las vacunas contra el coronavirus y caracterizar las alteraciones.  Uno de los primeros estudios académico lo comenzó

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43 años de la primera bebé de probeta: de la infertilidad a la voluntad procreacional

El nacimiento de Louise Brown el 25 de julio de 1978, marcó un antes y un después en el manejo de la pareja infértil. Desde ese momento, la ciencia atravesó hitos como la posibilidad de criopreservar embriones, óvulos, tejido ovárico y testicular. También, la aparición de la inyección de un solo espermatozoide a cada óvulo (ICSI), que fue la solución para muchos casos en los que el embarazo no se podía lograr por presentar una alteración en los espermatozoides. Se dieron mejoras en: drogas para la estimulación ovárica, medios de cultivo, equipamiento de laboratorio y en técnicas de criopreservación. Pasamos de una época más artesanal a una más estandarizada, más controlada, con mejoras sustanciales de todo tipo y obviamente, en los resultados. En ese proceso la emoción fue tan grande, que creímos que no había caso de infertilidad que no se pudiera resolver. Hoy sabemos que no es así. Aprendimos que más allá de tener un embrión viable para lograr un embarazo con resultado positivo, era necesario tener también un endometrio receptivo. Que esa receptividad podía verse alterada en el ciclo de la estimulación ovárica y que en esos casos era mejor criopreservar los embriones para ser transferidos en otro ciclo. Hoy en día podemos saber, gracias al diagnóstico genético preimplantatorio, cómo están los embriones. Otro aprendizaje en este camino fue que la mente y el cuerpo se influyen mutuamente. Y cuán importante es, a través de técnicas complementarias, movilizar los recursos propios que el cuerpo tiene para funcionar lo mejor posible. Sabemos también, que siempre que exista la posibilidad de lograr el embarazo por la vía natural, aunque no llegue, hay que seguir trabajando sobre eso. Porque en situaciones en que las técnicas más sofisticadas fracasaron, el embarazo se presenta en el momento menos esperado. El cambio más sustancial Pero más allá de lo que la ciencia logró, hubo cambios socioculturales que ubican a las técnicas de reproducción asistida en otro lugar. Ahora, no es sólo la pareja que busca un embarazo, sino la o las personas que buscan tener un hijo. Pasamos de la consulta de una pareja conformada por hombre y mujer que presenta un problema de infertilidad, a personas que vienen con un deseo y necesitan de la ciencia para poder tener un hijo. Ejemplo de ello es la mujer sola, que puede tener o no un problema de infertilidad, que se acerca porque va a necesitar recurrir a semen donado. O un hombre solo o una pareja homosexual quienes van a necesitar acudir a la donación de óvulos y a la subrogación de vientre. O una pareja de dos mujeres que van a tener que recurrir a la donación de semen y a la inseminación en el caso que lleve adelante el embarazo la misma que aporta el óvulo, o a una fertilización in vitro si es que van a utilizar el método ROPA, en el que una de las dos aporta los óvulos y la otra lleva adelante el embarazo. Todos estos cambios se ven reflejados en el nuevo Código Civil y Comercial donde prima la voluntad procreacional al momento de definir quiénes son los verdaderos padres. Ya no necesariamente madre es la que pare. Padres son los que tuvieron la voluntad de serlo. Aprendimos que no todo es la fertilización in vitro, que lo que a una persona le hace bien a otra no, y que cada vez tenemos más herramientas para poder llevar adelante estudios y una terapéutica personalizada. Nosotros, los “fertilólogos”, somos los directores de orquesta de un grupo interdisciplinario: andrólogo, endocrinólogas, inmunólogas, genetistas, nutricionistas, counselor, psicóloga y psiquiatra, sexóloga y nurses. Además, cuando corresponde, asesorarnos en lo legal por una abogada. Porque las leyes todavía no pudieron acompañar todos estos cambios. Este mes, aniversario del nacimiento de Louise Brown, festejamos un año más de un recorrido en el que las técnicas de las que disponemos son herramientas para ayudar a más personas a tener hijos. Y para los que no podemos ayudar, seguimos investigando. Adelante, queda aún mucho más.

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La ciencia detrás de los nuevos modelos de familia

El nacimiento de Louise Joy Brown fue “el más esperado en, quizá, 2000 años”, catalogó oportunamente la revista Time. Es que, el 25 de julio de 1978, esta mujer británica, que este año celebrará su 43° cumpleaños, abría sus ojos al mundo y se convertía así en la primera persona gestada gracias a un tratamiento de fecundación in vitro (FIV). Pronto su rostro estuvo en la portada de los principales diarios del mundo y, desde entonces, los avances en materia de fertilidad han ido evolucionando a lo largo del globo al punto de que, cada año, se estima que nacen cerca de medio millón de bebés merced las técnicas de alta complejidad (AC), como la FIV y la microinyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI). Como parte de este camino, la ciencia no solo demostró un enorme poder para ayudar a las parejas a poder concebir, sino que, también, se convirtió en una suerte de vector para acompañar (y hasta adelantarse a) los nuevos modelos de familia que se van conformando en la sociedad, permitiendo a parejas del mismo género o mayores así como a mujeres y hombres solos alcanzar un sueño, difícil de pensar hace medio siglo. Así lo entiende el médico Sergio Pasqualini, director Científico de Halitus, el centro de fertilidad que fundó en 1987, por que ya pasaron más de 147.000 pacientes, testigo de más de 25.000 nacimientos, 8000 de los cuales fueron por AC. Recientemente, junto con su hijo Agustín Pasqualini, también especialista en salud reproductiva y director Médico de Halitus, y parte del equipo de trabajo, publicó el libro Nuevas familias. Cómo la ciencia nos cumple el sueño de ser padres (Aguilar). Allí, comparten historias de superación e inspiración que dan cuenta de los cambios vertiginosos que atraviesa la familia, en tanto institución, y de cómo las nuevas posibilidades de gestación, a través de la formación de embriones, estimulación ovárica y de esperma, criopreservación de gametas abren las puertas para concretar el sueño de tener un hijo tanto a parejas como a mujeres y hombres solos. “Las nuevas familias son una realidad, son todas producto del amor y, seguramente, aparecerán más. Este libro refleja en los testimonios parte de la historia vivida por una pequeña muestra de estas familias”, comparten padre e hijo en diálogo exclusivo con Infobae. —Desde la práctica, ¿están notando muchos cambios en las conformaciones de familias? —Los cambios sociales, científicos y culturales son los que acompañaron y permitieron la existencia de muchas de las nuevas familias con hijos. Esto es lo que quisimos reflejar en nuestro libro. Las vivencias desde el interior de nuestro instituto, a través de los testimonios de pacientes, así como de nuestros profesionales. Profesionales de mayor trayectoria en el tiempo, como en mi caso, de la generación de los 70, y de la de Agustín y del resto de nuestro equipo, la generación de los 40. La generación de los 70 que vivimos con el nacimiento del primer “bebé de probeta” en 1978 el inicio de una nueva era en cuanto a las posibilidades de lograr tener un hijo, no solo por motivos médicos, sino también por motivos sociales, como ser en el caso de parejas gay. —¿Cuáles son los cambios más importantes en torno a los tratamientos en reproducción asistida del último lustro? —Los cambios fueron paulatinos en el tiempo, existiendo hitos fundamentales como fueron la aparición de la FIV, del ICSI (inyección de un espermatozoide dentro del útero para realizar la FIV), la criopreservación de embriones, la criopreservación con éxito de óvulos. Hace 30 años era la pareja heterosexual la que nos consultaba, cosa que, con el tiempo y con las posibilidades que fueron surgiendo, se fueron sumando parejas homosexuales de hombres, mujeres, mujeres solas y, con mucha menor frecuencia, hasta de hombres solos. La sanción de la ley 26.862 de cobertura de los tratamientos de fertilización asistida, en 2013, abrió las puertas a que parejas que antes no tenían acceso desde lo económico pudieran hacerlo. —Desde el inicio de la pandemia, ¿notaron cambios en la tendencia de tratamientos? ¿La cantidad mermó o se mantuvo? —Con la pandemia y el inicio de la cuarentena cesaron los tratamientos, para luego ser retomados con normas y protocolos estrictos, a partir del mes de octubre. Lo que no mermó fue la demanda, cosa que ocurrió en todo el mundo. Los que tenían y tienen el deseo de ser padres lo siguieron manteniendo, solo les aumentó la ansiedad por las contingencias que trajo la pandemia y por el hecho de tener que esperar para realizar los tratamientos. Paralelamente, aumentaron en un 60% las consultas para explorar la idea de preservar la fertilidad por medio de la vitrificación de óvulos. Es lógico, ante la incertidumbre en todo sentido, de futuro, laboral y económico. —Sergio, en su libro Cuidar la fertilidad, de 2015, mencionaba que una de cada seis parejas tenía problemas para concebir de forma natural. ¿Esta cifra se sostiene hoy, siempre hablando de grandes ciudades y centros urbanos? —Esta cifra se puede decir que se mantiene, es lo que se sigue diciendo. Hoy se realizan más tratamientos de alta complejidad (FIV/ICSI) dado que las mujeres buscan hijos más tarde, consultan con más edad, y eso hace que se encare el tratamiento sin demoras en el tiempo, es un manejo distinto a los que realizábamos años atrás. El factor que más vemos es la menor reserva ovárica, porque la edad de consulta es cada vez mayor, tanto es así que el 35% aproximadamente de los tratamientos que realizamos son con óvulos donados. Cambió lo sociocultural, pero no cambio lo biológico. La vida útil de los ovarios sigue siendo la misma, quizás hasta algo menor, incluso, por la disminución de la fertilidad en las mujeres que vamos viendo en las últimas décadas. La fertilidad de las mujeres y de los hombres no es la misma que hace 50 años. —¿Qué cantidad de nacimientos que hay en la Argentina, por año, por tratamientos de fertilidad? —La mayoría de los centros reportan al Registro

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