infertilidad masculina

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Paternidad y donación de gametas: ¿Cómo viven los hombres esa búsqueda?

Mucho se ha hablado de la búsqueda del embarazo, de los duelos, de las pérdidas y también de los logros desde la perspectiva de la mujer. Históricamente la búsqueda de un embarazo, su éxito o fracaso fue un tema femenino.La mirada y el vivenciar del hombre por mucho tiempo ha sido desterrado del discurso científico e incluso del social. Sin embargo, hoy presenciamos profundos cambios socio-culturales, la constitución de las familias ha variado de manera significativa, y el hombre se ha ubicado en un lugar diferente respecto de la búsqueda de un hijo y de la paternidad en general. Se podría decir que un hijo ya no es cosa “solo de mujeres”. Los hombres están muy presentes en la búsqueda, en los tratamientos, en la llegada y crianza de un hijo. La gran oportunidad En la actualidad vemos cada vez más hombres solos consultando motivados por el deseo de tener un hijo. Llegan a la consulta después de un largo camino de elaboraciones internas, en las cuales se deben debatir con sus propios ideales y deseos. La mayoría de los hombres que manifiestan su deseo de tener un hijo en el contexto de una donación de gametas o de una gestación subrogada, incluso en un programa de co parentalidad, provienen de hogares tradicionales donde el hijo es criado por un padre y una madre que permanecen sujetos a roles impuestos por su género. Por este motivo, la primera batalla que enfrenta un hombre solo que quiere ser padre, es romper con el modelo tradicional del cual proviene y que desde siempre ha sido su marco de referencia y su ideal. Los ideales materno-paterno, funcionan muchas veces como mandatos y el no cumplimiento, casi siempre repercute culposamente. Asistimos al nacimiento del hombre del nuevo milenio, que comenzó a atreverse a tomar lugares que antes eran ocupados por mujeres. Observamos parejas de hombres u hombres solos que piensan en formar una familia. Para estos hombres es justo la donación gametaria o la gestación sustituida la única posibilidad donde antes no había nada. Para ellos es una ganancia y estos tratamientos son vividos con alegría y entusiasmo la mayoría de las veces. Ser padre en el contexto de una pareja igualitaria o en soledad es una aventura que varios están dispuestos a afrontar. Muchos hombres solos no le tienen miedo a los pañales, a las noches en vela y sobre todo a ser juzgados por animarse a buscar un hijo sin pareja o con una pareja igualitaria. La familia actual, es dinámica, real y creativa. Ver a dos padres hamacando a su hijo o recibiéndolo a la salida del jardín de infantes, así como también  ver a una madre o a un padre solos no son escenas “extrañas”, forman parte de nuestra cotidianidad y del entramado  de nuestra sociedad. La ¿renuncia? para ser padre Cuando la donación de gametas o la gestación por sustitución es indicación médica en una pareja heterosexual, las cosas son distintas. En este caso hay una renuncia en juego y un duelo por la genética perdida. Los hombres que por motivos médicos deben renunciar a su genética, se enfrentan a cuestionamientos propios y a veces cuesta entender y aceptar la paternidad en este contexto. Renunciar a la transmisión genética no es cosa fácil para un hombre, sobre todo cuando históricamente el rol paterno ha sido el de “la transmisión” de valores, identificaciones y de la genética por supuesto. Frases  repetidas como “de tal palo tal astilla” o  “la semilla no cae lejos del árbol” funcionan muchas veces como mandatos y  nos condicionan a pensar que es la genética la que define la filiación y las identificaciones. Si bien es cierto que un padre debe dejar “marcas“ en su hijo, y  que ese hijo luego tendrá que apropiarse de algunas y abandonar otras, esta dinámica propia de la relación padre-hijo nada  tiene que ver con haber aportado o no, un espermatozoide. Muchos hombres pueden atravesar este doloroso camino de la renuncia, aceptando lo que no pueden para acceder a lo que pueden, y otros prefieren abstenerse de este enfrentamiento con la frustración renunciando al hijo. Lo cual por supuesto es totalmente respetable y siempre es un camino posible. ¿Y qué pasa entonces con los hombres que deciden atravesar la renuncia a la genética para traer un hijo al mundo? Vemos que muchas veces, en el contexto de una pareja heterosexual, es el amor y el deseo de “darle a la mujer un hijo” lo que termina por inclinar la balanza de una de las  decisiones más difíciles que un hombre puede tomar. Es el amor y esa promesa lo que muchas veces motiva el dar batalla a  los propios fantasmas para construir una familia en el aquí y ahora de la relación amorosa. Para algunos hombres tener un hijo implica vencer fantasmas y temores, arrastrados por muchos años,  relacionados con la pérdida de la libertad, la juventud, la independencia y también de su propio lugar de hijo. Algunos hombres logran conectarse con sus hijos de una manera relajada con espacio para el disfrute y el placer cuando han superado las propias exigencias, se han desafiado a sí mismo ganando y perdiendo en la vida. Esto los coloca en una posición superadora. La paternidad puede ser vivida como una experiencia creadora cuando la propia autoestima no se juega en esto. Es decir que la experiencia de la paternidad es una experiencia creativa, y creadora de crecimiento y evolución, de cambio y proyección. El hombre para ser padre, desde esta perspectiva, debe poner mucho más que unas pocas células germinales, debe poner su madurez, su seguridad en sí mismo, su flexibilidad y su fortaleza para ayudar a crecer y desarrollarse a otro que lo sucederá en la rueda de la vida. La paternidad  plantea  desafíos complejos. El hombre solo o acompañado de otro hombre o de una mujer se enfrenta a una experiencia, que en la actualidad, implica revertir viejos y gastados conceptos para hallar las nuevas herramientas que permitan hacer

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Envejecimiento reproductivo masculino y paternidad a los 50

En junio se conmemora el mes Internacional del Cuidado de la Fertilidad y también, el día del padre en Argentina. La tendencia creciente de embarazos luego de los 40 años de ellas, e incluso después de los 50 años de ellos plantea nuevos interrogantes que requieren de respuesta…¿Qué pasa con la paternidad luego de los 50 años? Esta situación es una realidad que crece por lo que es importante crear conciencia sobre el descenso natural de la fertilidad a medida que aumenta la edad. ¿Qué riesgos existen? Que la fertilidad declina con la edad no es nuevo. Estudiar una profesión u oficio, crecer en lo laboral, independizarse económicamente, tener una pareja estable, son algunos de los motivos por los que cada vez más hombres y mujeres tienden a posponer el momento de buscar un hijo. Hoy en día, incluso aquellos para quienes formar una familia es algo importante –hay muchos que deciden vivir sin hijos-, no es prioritario y a veces tener un hijo queda supeditado por distintas razones a otros proyectos previos como la realización personal o la estabilización laboral. La tasa de fecundidad viene cayendo desde hace más de 15 años y socialmente, y para ello no hace faltan estadísticas, basta con ver la edad promedio que los trae hasta el consultorio médico de un especialista en reproducción. A partir de los 35 años y con más fuerza a partir de los 40, la mujer se enfrenta a la disminución de la función ovárica y en el caso del hombre, distintos estudios han mostrado que el reloj biológico del hombre también incide sobre la función reproductiva masculina, marcando un descenso más visible a partir de los 50 años. Esta modificación se relaciona, por un lado, con una progresiva disminución en los niveles de testosterona -hormona fundamentalmente masculina- desde los 30 años, que puede incidir con el deseo sexual masculino; por el otro, con la reducción del volumen del eyaculado, en la cantidad y la calidad de los espermatozoides y el aumento del riesgo de alteraciones genéticas. Los factores fecundantes, femeninos y masculinos, experimentan alteraciones según la edad de las personas. De esta manera, será una variable que también influya en la búsqueda de un embarazo. Si un hombre desea ser padre más allá de los 50 años es importante que se realice una evaluación y consulte. En un comienzo, cuando se acerca un hombre de más de 50 años a la consulta de fertilidad se lo evalúa junto a su pareja teniendo en cuenta la edad de ambos. Si no supera los 100 años, entonces se considera que se puede avanzar, siempre pensando en el bienestar del hijo por venir. Independientemente de la edad, siempre están vigentes dos preguntas a la hora de realizar un tratamiento: ¿esta técnica es válida para esta pareja, seguimos intentando y hay posibilidades de lograrlo o esta técnica no es para esta pareja? El principal estudio que se les solicita a los pacientes es un espermograma, un análisis de laboratorio que permite observar la cantidad, movilidad y forma de los espermatozoides. Con la edad, lo más afectado es la cantidad y la calidad y, especialmente, el volumen del eyaculado. El hombre eyacula menos y eso puede ser un factor de disminución de la fertilidad sin que necesariamente estén tan afectados los espermatozoides. El descenso en cantidad y calidad está condicionado genéticamente y cada uno lo vivirá a su manera, pero es una realidad que sucederá. De hecho, sería bueno evaluar la fertilidad del hombre a los 30 años: si el resultado mostrara que está por debajo del promedio para su edad, podría ser recomendable criopreservar semen porque en ese momento no hay manera de saber cuál será el ritmo de descenso de su fertilidad. Por otra parte, cuando el hombre es mayor, se evalúa la fragmentación del ADN (que es la información genética) ya que existen trastornos que pueden ser producidos en la descendencia y están relacionados con el paso del tiempo de los espermatozoides. Por esta razón, hay más cantidad de embriones que detienen su evolución y mayor riesgo de alteraciones que pueden provocar problemas en la descendencia: como es el caso de Síndrome de Turner –una enfermedad genética caracterizada por la presencia de un solo cromosoma x- o problemas neurológicos como autismo, esquizofrenia o trastornos en el desarrollo que pueden presentarse muchos años después. En estos casos las técnicas de fertilización in Vitro permiten resolver estos inconvenientes. Existen varias técnicas de laboratorio para el análisis de los espermatozoides y, con las técnicas de hoy -especialmente la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI)- se pueden lograr embarazos en casos de infertilidad masculina severa. Existen opciones para planificar y cuidar la fertilidad de cara al futuro también para los hombres. Por eso, en un padre que está postergando la fertilidad, el congelamiento de espermatozoides es una opción muy exitosa ya que pueden estar criopreservados durante muchos años y luego usarlos cuando llega el momento de ser papás. Sería recomendable evaluar la posibilidad de congelar semen a los 30 años. De querer un hijo después de los 50, podría recurrirse a esa muestra congelada a través de la criopreservación para disminuir los riesgos relacionados con los espermatozoides de un hombre de mayor edad.

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