Fertilidad

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¿Tener hijos se convirtió en un lujo que pocos pueden darse?

La situación económica, la dificultad para acceder a una casa propia, la incertidumbre por la pandemia, entre otros factores se volvieron limitantes para muchas parejas a la hora de pensar en traer un hijo al mundo. ¿Por qué algunos ven en la maternidad y paternidad una renuncia a otros deseos y objetivos de la vida? Ser madre y hacerse espacio en el mundo laboral se presentan, en pleno siglo XXI, como dos desafíos incompatibles para muchas mujeres. Suele ocurrir que lo que exige y demanda la actividad laboral lleva a muchas a pensar en la imposibilidad de conciliar su trabajo con una futura maternidad. Y es allí cuando a la frustración por no obtener logros laborales o económicos se mezcla con los deseos y las ganas contenidas de mujeres que aspiran a tener hijos en medio de un panorama nada alentador. ¿Son la situación económica, la dificultad para acceder a una casa propia, la incertidumbre por la pandemia, etcétera impedimentos para la búsqueda de un hijo? ¿O sólo una manera de posponer algo que genera incertidumbre y postergarlo en el tiempo? ¿Es un hijo un “lujo” que muchos hoy no pueden darse por limitaciones que van más allá de lo estrictamente relacionado con la reproducción? Sobre todo eso, Infobae consultó a especialistas, para intentar ahondar los sentimientos, emociones y sensaciones que se ponen en la balanza a la hora de pensar en traer un hijo al mundo. Está claro que desde marzo de 2020 el mundo cambió, y la inseguridad que genera la poca posibilidad de proyectar a largo plazo incluye -sin dudas- la planificación de una familia. “La búsqueda de un hijo tiene condicionantes internos y externos”, comenzó a explicar la licenciada en Psicología Patricia Martinez (MN 24.411). Y continuó: “Los internos pueden estar relacionados con la personalidad y/o con las respuestas adaptativas o desadaptativas que cada persona puede ofrecer frente a los condicionantes externos. En la actualidad los condicionantes externos son múltiples y muy demandantes. Hoy, al mismo tiempo que una persona tiene que desdoblar sus esfuerzos para recibirse, formarse a nivel profesional y posicionarse en lo laboral, también debe dirigir sus esfuerzos hacia lograr una performance económica que le permita proyectarse para ofrecerle a su hijo una crianza saludable”. Y si bien aclaró que “no todo pasa por lo económico, pero sí es cierto que la mayoría desea ofrecerle a un hijo cuanto menos lo mismo que cada uno tuvo en valor en su vida”, amplió que “para las generaciones actuales ese ‘piso’ es muy costoso e incluso a veces inalcanzable”. “Este es uno de los primeros grandes condicionantes para la búsqueda de un hijo”, sostuvo la especialista en familia de Halitus Instituto Médico. En ese sentido, al parecer, no es un condicionante que puede leerse sólo desde lo económico sino más bien de cómo lo económico nos aleja de la maternidad/paternidad en tanto es un limitante para reproducir las condiciones básicas de desarrollo que uno como persona pudo gozar durante su crecimiento. Para la licenciada en Psicología Lorena Ruda (MN 44247), “hay muchas mujeres que fantasearon bastante tiempo con la idea de tener un hijo, y quizá más de uno”. “Pero a medida que las mujeres somos más activas en el mercado laboral, vamos logrando puestos de trabajos con jerarquía, la sociedad nos empieza a dar un lugar más allá del de ser madres, podemos llevar a cabo proyectos y lograr un puesto de trabajo que nos da satisfacción, el deseo maternal muchas veces se va posponiendo”, analizó la especialista en maternidad y crianza. Y tras asegurar que “a veces la realidad económica y las dificultades de conseguir un buen trabajo o una solvencia obstaculizan este proyecto de ser madres porque se impone la fantasía sobre qué se tiene para darle a ese hijo”, Ruda evaluó que “en ocasiones estos pensamientos determinan si es posible o si es el momento o no de traer hijos al mundo, y cuántos”. En este punto, se impone la pregunta: ¿Es un hijo un “lujo” que muchos hoy no pueden darse por limitaciones que van más allá de lo estrictamente relacionado con la reproducción? – Martínez: Un hijo no es lujo, pero es cierto que a veces es un “objeto” muy deseado. En tanto se busca y no viene, e incluso se incursiona en tratamientos de fertilidad, etc. toma un poco ese carácter de “lujo” que muchos no se pueden dar. Pasar de un hijo objeto de deseo a un hijo lujo es un pasaje muy triste al cual nos enfrenta muchas veces la vida moderna, en la cual las exigencias desde lo económico y desde lo profesional nos llevan a una postergación que en algunos casos es irreversible. Cuando un hijo deseado debe ser postergado una vez, dos veces y más porque las condiciones externas son adversas, lo que debiera ser natural se vuelve inalcanzable y adquiere ese carácter de “lujoso”. En el mundo en el que vivimos voraz y exigente el derecho por naturaleza se vuelve un lujo y los lujos a veces se naturalizan. Por esta razón la aspiración a tener un hijo a pesar de ser un deseo y un derecho básico de un ser humano entra en la categoría de lujo, hasta hacerlo, a veces, inalcanzable. Consultada sobre si a la espera de “el momento ideal” se corre el riesgo de perder los tiempos biológicos, o incluso el propio deseo, Ruda analizó que “muchas veces el deseo de ser madre está más allá de la vida socioeconómica, en el sentido de que muchas parejas posponen la ma/paternidad porque fantasean con el ideal de la estabilidad previa”. Y así, planean dejarlo “para cuando tengamos la casa”, “cuando me aumenten el sueldo”, “cuando esté en un trabajo mejor”, lo que -para Ruda- “en muchas ocasiones es una manera de postergar el deseo en sí por las fantasías que se tienen sobre la maternidad (y paternidad)”. “Lo más común es que cuando el deseo se instala, con los miedos que tengamos que enfrentar, los hijos llegan y

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Tiene 43 años Pampita, otra vez mamá: cómo es el embarazo después de los 40

Carolina “Pampita” Ardohain dio a luz a su quinta hija, la primera con su marido, Roberto García Moritán. Qué controles son necesarios para llevar adelante un embarazo saludable a su edad. “Nos vemos en unos días”. Bajo esa premisa y con imágenes del sanatorio donde recientemente tuvo a su bebé Carolina «Pampita» Ardohain se despidió por unos días de sus seguidores en Instagram, de cara a la llegada de su quinta hija, la primera con su marido, Roberto García Moritán. Carolina Ardohain tiene 43 años y ya es madre de Bautista, Beltrán y Benicio, fruto de su relación con Benjamín Vicuña. La primera hija de la pareja, Blanca, murió a en 2012 a los seis años como consecuencia de una neumonía hemorrágica provocada por una bacteria. El 18 de enero pasado Pampita anunció su embarazo en sus redes sociales y dijo: “Dios nos mandó el regalo que soñábamos. Ella ya nos tiene locos de amor”. Sin develar el nombre, la modelo y conductora se refiere a ella como su “bebita”. El embarazo después de los 40 “Cuando una mujer de 40 años consulta para quedar embarazada se le realizan estudios tendientes a evaluar la reserva ovárica desde el punto de vista reproductivo, así como una evaluación clínica general para asegurarse de que su organismo está en condiciones de llevar la sobrecarga que implica un embarazo”, dijo a Clarín el doctor Sergio Pasqualini, ginecólogo especialista en fertilidad y director científico de Halitus Instituto. El médico añadió que “la fertilidad tiene su pico a los 25 años, desciende lento a partir de los 30, más acentuado luego de los 35 y rápidamente luego de los 40”. Por eso, explicó, “ya sea natural o por in vitro, a esta edad el mayor riesgo es no lograr el embarazo. Luego, si se logra, es probable que se detenga antes de los 3 meses; y luego está el riesgo de que el bebé presente alguna anomalía genética”. Por otra parte, el especialista destacó que a partir de los 40 las mujeres “tienen un 60% más de probabilidades de desarrollar alta presión arterial y cuatro veces más probabilidades de contraer diabetes”. En tanto, el doctor Juan Manuel Serini, médico especialista en Ginecología y Obstetricia (en Instagram, @dr.juanmanuelserini), agregó que “es importante que la mujer de 40 años que se va a embarazar sea informada sobre los posibles riesgos adversos. Un consenso de la Federación Argentina de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (FASGO) sostiene que los riesgos aumentan con la edad porque también aumentan las comorbilidades”. Controles básicos del embarazo después de los 40 Pasqualini aseguró que para reducir los riesgos “la mujer debe realizarse los controles prenatales, seguir una dieta alta en ácido fólico y muy nutritiva, evitar las bebidas alcohólicas y el tabaco y no consumir ningún medicamento sin receta expresa de su médico”. Al respecto, aclaró que “todo va a depender de cómo arranca, de cómo está la mujer antes de embarazarse: si tiene sobrepeso, si tiene hipertensión, si tiene algún factor de riesgo, eso va a hacer que tenga más controles. Si la mujer arranca en buenas condiciones, siempre va a haber un poco más de riesgo por la edad, pero cambió completamente lo que se consideraba mujer añosa de más de 35 años”. “La edad no es un factor condicionante para tomar decisiones, es un factor más y hay que analizarlo en el contexto”, resaltó el especialista. En cuanto a los aspectos genéticos y congénitos, afirmó que “al existir mayor frecuencia de anomalías, se las asesora sobre la conveniencia de realizar estudios” específicos. Esto, según explicó, se realiza de dos modos diferentes: “Por medio de estudios ecográficos y marcadores bioquímicos en sangre, o a partir del estudio del ADN fetal en sangre materna”. ¿Cómo se llevan a cabo estos exámenes? El ginecólogo resaltó que “hoy en día cada vez se recurre más a pruebas no invasivas”. En ese contexto, detalló que “el estudio en sangre materna tiene una sensibilidad del 99% y consiste en una simple extracción de sangre a la madre a partir de la semana 10 de gestación para estudiar el ADN de las células fetales presentes en sangre materna”. Por otro lado, “en los estudios ecográficos, es posible detectar algunas malformaciones fetales y evaluarlas en el llamado ‘screening del primer trimestre’”. Para que este estudio tenga una óptima sensibilidad, deben evaluarse cuatro marcadores ecográficos: “La translucencia nucal –que estudia un pliegue en la nuca del bebé cuyo espesor podría marcar una anomalía cromosómica-, el hueso nasal –aquellos bebés con Síndrome de Down tienen ausencia de este hueso-, el ductus venoso y la válvula tricúspide. Si se combinan estos 4 parámetros con el laboratorio y los antecedentes maternos, se obtiene una sensibilidad del 95%”. El otro tipo de estudios, aquellos más invasivos, generalmente suelen llevarse adelante generalmente como reconfirmación de algún otro estudio que no haya dado bien. “Alrededor del 95% de las mujeres que se someten a la amniocentesis o a la muestra de villus coriónico reciben la buena noticia de que su bebé no tiene estos trastornos cromosómicos”, sostuvo Pasqualini. Tipo de parto después de los 40 Según trascendió, Pampita dio a luz a su hija por parto natural. ¿Existe alguna relación entre la edad de la mujer y el tipo de parto que le conviene desde el punto de vista de su salud? Según Serini, “la mayoría de las guías internacionales indican que en mujeres de 40 años o más la recomendación es la inducción al parto entre las 39 y las 40 semanas”. En ese sentido, mencionó que existe “un estudio que indica que la inducción a las 40 semanas reduciría la mortalidad perinatal”. Por otra parte, añadió que como las mujeres de más de 35 años “tienen mayor riesgo de desarrollar hipertensión y diabetes gestacional, el embarazo podría finalizar en una cesárea”, mientras que “un embarazo de bajo riesgo uno lo podría esperar, en condiciones normales, hasta las 42 semanas”. FUENTE: Clarín

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Lo que sabemos sobre las vacunas contra el coronavirus y su posible efecto sobre el ciclo menstrual

Por Mara Galmarini y Matías Loewy chequeado.com Mujeres en la Argentina y en el mundo relataron a través de las redes sociales que habían sufrido cambios en su ciclo menstrual (cantidad de flujo y duración) tras vacunarse contra la COVID-19. Hasta el momento, no se ha podido establecer una relación causal entre las vacunas y los cambios reportados en relación al ciclo menstrual, que en todos los casos han sido pasajeros y reversibles. La evidencia científica muestra que las vacunas son seguras. No afectan la fertilidad ni causan abortos espontáneos. Referencias a que la vacuna contra COVID-19 podría tener un efecto sobre el ciclo menstrual comenzaron a difundirse en redes sociales a partir de fines de febrero último. Kathryn Clancy, una antropóloga biológica de la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign, Estados Unidos, fue una de las primeras que comentó en un hilo de Twitter que su período se adelantó e intensificó luego de vacunarse, lo que recogió más de 10 mil respuestas, muchas de ellas con testimonios similares. En España, la sexóloga y matrona Laura Cámara lanzó una encuesta sobre la cuestión a través de las redes y el 18 de marzo compartió los primeros resultados en su cuenta de Instagram: poco más de la mitad de las 2.827 mujeres que respondieron reportaron alguna alteración en el ciclo menstrual, flujo o sangrado. El video tuvo más de 41.300 reproducciones.   En la Argentina, diversas mujeres (ver acá y acá) contaron su experiencia a través de Twitter. Y hubo varios posteos al respecto en Instagram (acá y acá) que recogieron testimonios similares. De hecho, la organización Colectiva Andina lanzó una encuesta para conocer cuántas mujeres argentinas habían experimentado cambios en su ciclo menstrual después de recibir la vacuna contra la COVID-19. Pero ¿cuál es la evidencia? ¿Se puede asegurar que exista una relación causal? ¿Y cuáles serían las implicancias? Te lo contamos en esta nota. Publicaciones escasas La bibliografía científica que relaciona el ciclo menstrual con las vacunas en general es escasa. Esto probablemente está relacionado con que la aplicación masiva de vacunas se da durante la infancia o en adultos mayores. Si bien hay vacunas que se aplican en la edad fértil, esto suele ser en casos puntuales (por ejemplo, pacientes de riesgo contra la gripe o ciertos casos contra la fiebre amarilla).  Un estudio realizado en Japón, realizado con adolescentes que recibieron la vacuna contra el VPH (Virus del Papiloma Humano), mostró que quienes recibieron la vacuna tenían más probabilidades de tener un período menstrual abundante o irregular. Estos efectos fueron reversibles y de corta duración. Curiosamente, dentro de la poca bibliografía, hay un trabajo de 1913 que sugiere que la vacuna contra la fiebre tifoidea tiene un impacto temporal sobre el ciclo menstrual, aunque el investigador enfatiza que los efectos secundarios son mucho menores a los de la enfermedad y hace una observación atinada sobre el problema del beneficio “invisible” de las intervenciones preventivas: “Los pacientes no tienden a estar particularmente agradecidos por las reacciones (positivas) que pueda causar la vacuna y es solo la naturaleza humana que atribuyan a la vacuna todos los males durante los meses siguientes”. Victoria Male, docente e investigadora en inmunología reproductiva del London Imperial College, en Londres, Reino Unido, explicó a Chequeado que también se encontraron alteraciones de los niveles de hormonas sexuales en personas que recibieron la vacuna contra la gripe, durante el ciclo en el que se administró la vacuna.  “Es probable que los cambios menstruales a corto plazo estén asociados con la vacunación en general, pero esta es la primera vez que vacunamos a tantas personas que tienen períodos al mismo tiempo, por lo que no lo hemos notado antes”, reflexionó Male. Hay células inmunitarias en casi todas las partes del cuerpo, incluido el revestimiento del útero. Estas células inmunitarias desempeñan un papel en la construcción, mantenimiento y descomposición del revestimiento del útero, que se espesa para prepararse para un embarazo y luego se desprende en forma de período si el óvulo no se fertiliza. “Después de la vacunación, circulan por el cuerpo muchas señales químicas que pueden afectar a las células inmunitarias, haciendo que el revestimiento del útero se desprenda y provoca así sangrado vaginal o períodos más tempranos”, explica Male. Con relación específica a las vacunas contra la COVID-19, otra explicación posible es que se trate de una coincidencia temporal y no causal. Es una de las tesis que suscribió la vicepresidenta del Colegio Real de Obstetras y Ginecólogos del Reino Unido, Pat O’Brien, en un comunicado. “Muchas mujeres experimentarán un cambio temporal en sus períodos durante sus vidas. Y ahora mismo, muchas mujeres de 30 años están recibiendo la vacuna COVID-19. Por eso parece inevitable que en algunas mujeres estos 2 eventos coincidan por casualidad”, argumentó. “La emoción por recibir la inmunización también podría ser un factor que afecta el ciclo menstrual, pero no hay nada en la composición de las vacunas que hiciera pensar en algún efecto”, dijo a Chequeado Sergio Pasqualini, especialista en medicina reproductiva y director de Halitus Instituto Médico, en Buenos Aires. “Las vacunas no tienen hormonas”, subrayó.   “Aún no tenemos investigaciones que nos den respaldo completo, faltan estudios. Quizás haya pacientes que por mala información suspenden medicamentos que están tomando, como anticonceptivos orales o tratamientos reguladores de ciclo. O eventualmente influye el estrés. Pero no hay evidencias de que el trastorno menstrual sea un efecto secundario directo de la vacuna”, señaló a este medio la médica ginecóloga costarricense Flory Morera González, directora científica de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (FLASOG). En todos los casos, los especialistas insisten en que los efectos secundarios son leves, reversibles y que no deben disuadir a las mujeres de vacunarse.  Proyectos de investigación en el mundo En base a los testimonios, se están realizando distintas campañas y proyectos de investigación para entender si existe una relación causal entre los cambios en el ciclo menstrual y las vacunas contra el coronavirus y caracterizar las alteraciones.  Uno de los primeros estudios académico lo comenzó

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Paternidad y donación de gametas: ¿Cómo viven los hombres esa búsqueda?

Mucho se ha hablado de la búsqueda del embarazo, de los duelos, de las pérdidas y también de los logros desde la perspectiva de la mujer. Históricamente la búsqueda de un embarazo, su éxito o fracaso fue un tema femenino.La mirada y el vivenciar del hombre por mucho tiempo ha sido desterrado del discurso científico e incluso del social. Sin embargo, hoy presenciamos profundos cambios socio-culturales, la constitución de las familias ha variado de manera significativa, y el hombre se ha ubicado en un lugar diferente respecto de la búsqueda de un hijo y de la paternidad en general. Se podría decir que un hijo ya no es cosa “solo de mujeres”. Los hombres están muy presentes en la búsqueda, en los tratamientos, en la llegada y crianza de un hijo. La gran oportunidad En la actualidad vemos cada vez más hombres solos consultando motivados por el deseo de tener un hijo. Llegan a la consulta después de un largo camino de elaboraciones internas, en las cuales se deben debatir con sus propios ideales y deseos. La mayoría de los hombres que manifiestan su deseo de tener un hijo en el contexto de una donación de gametas o de una gestación subrogada, incluso en un programa de co parentalidad, provienen de hogares tradicionales donde el hijo es criado por un padre y una madre que permanecen sujetos a roles impuestos por su género. Por este motivo, la primera batalla que enfrenta un hombre solo que quiere ser padre, es romper con el modelo tradicional del cual proviene y que desde siempre ha sido su marco de referencia y su ideal. Los ideales materno-paterno, funcionan muchas veces como mandatos y el no cumplimiento, casi siempre repercute culposamente. Asistimos al nacimiento del hombre del nuevo milenio, que comenzó a atreverse a tomar lugares que antes eran ocupados por mujeres. Observamos parejas de hombres u hombres solos que piensan en formar una familia. Para estos hombres es justo la donación gametaria o la gestación sustituida la única posibilidad donde antes no había nada. Para ellos es una ganancia y estos tratamientos son vividos con alegría y entusiasmo la mayoría de las veces. Ser padre en el contexto de una pareja igualitaria o en soledad es una aventura que varios están dispuestos a afrontar. Muchos hombres solos no le tienen miedo a los pañales, a las noches en vela y sobre todo a ser juzgados por animarse a buscar un hijo sin pareja o con una pareja igualitaria. La familia actual, es dinámica, real y creativa. Ver a dos padres hamacando a su hijo o recibiéndolo a la salida del jardín de infantes, así como también  ver a una madre o a un padre solos no son escenas “extrañas”, forman parte de nuestra cotidianidad y del entramado  de nuestra sociedad. La ¿renuncia? para ser padre Cuando la donación de gametas o la gestación por sustitución es indicación médica en una pareja heterosexual, las cosas son distintas. En este caso hay una renuncia en juego y un duelo por la genética perdida. Los hombres que por motivos médicos deben renunciar a su genética, se enfrentan a cuestionamientos propios y a veces cuesta entender y aceptar la paternidad en este contexto. Renunciar a la transmisión genética no es cosa fácil para un hombre, sobre todo cuando históricamente el rol paterno ha sido el de “la transmisión” de valores, identificaciones y de la genética por supuesto. Frases  repetidas como “de tal palo tal astilla” o  “la semilla no cae lejos del árbol” funcionan muchas veces como mandatos y  nos condicionan a pensar que es la genética la que define la filiación y las identificaciones. Si bien es cierto que un padre debe dejar “marcas“ en su hijo, y  que ese hijo luego tendrá que apropiarse de algunas y abandonar otras, esta dinámica propia de la relación padre-hijo nada  tiene que ver con haber aportado o no, un espermatozoide. Muchos hombres pueden atravesar este doloroso camino de la renuncia, aceptando lo que no pueden para acceder a lo que pueden, y otros prefieren abstenerse de este enfrentamiento con la frustración renunciando al hijo. Lo cual por supuesto es totalmente respetable y siempre es un camino posible. ¿Y qué pasa entonces con los hombres que deciden atravesar la renuncia a la genética para traer un hijo al mundo? Vemos que muchas veces, en el contexto de una pareja heterosexual, es el amor y el deseo de “darle a la mujer un hijo” lo que termina por inclinar la balanza de una de las  decisiones más difíciles que un hombre puede tomar. Es el amor y esa promesa lo que muchas veces motiva el dar batalla a  los propios fantasmas para construir una familia en el aquí y ahora de la relación amorosa. Para algunos hombres tener un hijo implica vencer fantasmas y temores, arrastrados por muchos años,  relacionados con la pérdida de la libertad, la juventud, la independencia y también de su propio lugar de hijo. Algunos hombres logran conectarse con sus hijos de una manera relajada con espacio para el disfrute y el placer cuando han superado las propias exigencias, se han desafiado a sí mismo ganando y perdiendo en la vida. Esto los coloca en una posición superadora. La paternidad puede ser vivida como una experiencia creadora cuando la propia autoestima no se juega en esto. Es decir que la experiencia de la paternidad es una experiencia creativa, y creadora de crecimiento y evolución, de cambio y proyección. El hombre para ser padre, desde esta perspectiva, debe poner mucho más que unas pocas células germinales, debe poner su madurez, su seguridad en sí mismo, su flexibilidad y su fortaleza para ayudar a crecer y desarrollarse a otro que lo sucederá en la rueda de la vida. La paternidad  plantea  desafíos complejos. El hombre solo o acompañado de otro hombre o de una mujer se enfrenta a una experiencia, que en la actualidad, implica revertir viejos y gastados conceptos para hallar las nuevas herramientas que permitan hacer

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Envejecimiento reproductivo masculino y paternidad a los 50

En junio se conmemora el mes Internacional del Cuidado de la Fertilidad y también, el día del padre en Argentina. La tendencia creciente de embarazos luego de los 40 años de ellas, e incluso después de los 50 años de ellos plantea nuevos interrogantes que requieren de respuesta…¿Qué pasa con la paternidad luego de los 50 años? Esta situación es una realidad que crece por lo que es importante crear conciencia sobre el descenso natural de la fertilidad a medida que aumenta la edad. ¿Qué riesgos existen? Que la fertilidad declina con la edad no es nuevo. Estudiar una profesión u oficio, crecer en lo laboral, independizarse económicamente, tener una pareja estable, son algunos de los motivos por los que cada vez más hombres y mujeres tienden a posponer el momento de buscar un hijo. Hoy en día, incluso aquellos para quienes formar una familia es algo importante –hay muchos que deciden vivir sin hijos-, no es prioritario y a veces tener un hijo queda supeditado por distintas razones a otros proyectos previos como la realización personal o la estabilización laboral. La tasa de fecundidad viene cayendo desde hace más de 15 años y socialmente, y para ello no hace faltan estadísticas, basta con ver la edad promedio que los trae hasta el consultorio médico de un especialista en reproducción. A partir de los 35 años y con más fuerza a partir de los 40, la mujer se enfrenta a la disminución de la función ovárica y en el caso del hombre, distintos estudios han mostrado que el reloj biológico del hombre también incide sobre la función reproductiva masculina, marcando un descenso más visible a partir de los 50 años. Esta modificación se relaciona, por un lado, con una progresiva disminución en los niveles de testosterona -hormona fundamentalmente masculina- desde los 30 años, que puede incidir con el deseo sexual masculino; por el otro, con la reducción del volumen del eyaculado, en la cantidad y la calidad de los espermatozoides y el aumento del riesgo de alteraciones genéticas. Los factores fecundantes, femeninos y masculinos, experimentan alteraciones según la edad de las personas. De esta manera, será una variable que también influya en la búsqueda de un embarazo. Si un hombre desea ser padre más allá de los 50 años es importante que se realice una evaluación y consulte. En un comienzo, cuando se acerca un hombre de más de 50 años a la consulta de fertilidad se lo evalúa junto a su pareja teniendo en cuenta la edad de ambos. Si no supera los 100 años, entonces se considera que se puede avanzar, siempre pensando en el bienestar del hijo por venir. Independientemente de la edad, siempre están vigentes dos preguntas a la hora de realizar un tratamiento: ¿esta técnica es válida para esta pareja, seguimos intentando y hay posibilidades de lograrlo o esta técnica no es para esta pareja? El principal estudio que se les solicita a los pacientes es un espermograma, un análisis de laboratorio que permite observar la cantidad, movilidad y forma de los espermatozoides. Con la edad, lo más afectado es la cantidad y la calidad y, especialmente, el volumen del eyaculado. El hombre eyacula menos y eso puede ser un factor de disminución de la fertilidad sin que necesariamente estén tan afectados los espermatozoides. El descenso en cantidad y calidad está condicionado genéticamente y cada uno lo vivirá a su manera, pero es una realidad que sucederá. De hecho, sería bueno evaluar la fertilidad del hombre a los 30 años: si el resultado mostrara que está por debajo del promedio para su edad, podría ser recomendable criopreservar semen porque en ese momento no hay manera de saber cuál será el ritmo de descenso de su fertilidad. Por otra parte, cuando el hombre es mayor, se evalúa la fragmentación del ADN (que es la información genética) ya que existen trastornos que pueden ser producidos en la descendencia y están relacionados con el paso del tiempo de los espermatozoides. Por esta razón, hay más cantidad de embriones que detienen su evolución y mayor riesgo de alteraciones que pueden provocar problemas en la descendencia: como es el caso de Síndrome de Turner –una enfermedad genética caracterizada por la presencia de un solo cromosoma x- o problemas neurológicos como autismo, esquizofrenia o trastornos en el desarrollo que pueden presentarse muchos años después. En estos casos las técnicas de fertilización in Vitro permiten resolver estos inconvenientes. Existen varias técnicas de laboratorio para el análisis de los espermatozoides y, con las técnicas de hoy -especialmente la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI)- se pueden lograr embarazos en casos de infertilidad masculina severa. Existen opciones para planificar y cuidar la fertilidad de cara al futuro también para los hombres. Por eso, en un padre que está postergando la fertilidad, el congelamiento de espermatozoides es una opción muy exitosa ya que pueden estar criopreservados durante muchos años y luego usarlos cuando llega el momento de ser papás. Sería recomendable evaluar la posibilidad de congelar semen a los 30 años. De querer un hijo después de los 50, podría recurrirse a esa muestra congelada a través de la criopreservación para disminuir los riesgos relacionados con los espermatozoides de un hombre de mayor edad.

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Qué son los disruptores endocrinos y de qué manera impactan en la fertilidad global

Si bien se sabe que la capacidad reproductiva disminuye con la edad, especialistas advierten que de un tiempo a esta parte hay una disminución de la reserva ovárica y de su calidad, al igual que de la calidad del semen. Las posibles causas que lo explican Si hay algo que la pandemia por COVID-19 no pudo detener es la llegada de nuevas vidas al mundo. Y si bien las tasas de natalidad bajaron en varios países y durante los meses de confinamiento extremo se registraron, por ejemplo, caídas en los tratamientos de fertilización asistida, en líneas generales el ciclo de la vida siguió su curso y hasta se habla de “bebés pandémicos” en referencia a aquellos que nacieron durante la crisis sanitaria mundial. El cuidado de la fertilidad Junio es el mes internacional del cuidado de la fertilidad y bien vale la oportunidad para reflexionar sobre cómo está evolucionando a lo largo del tiempo, por qué la infertilidad impacta a cada vez más personas, cómo influyen variables externas en eso, y qué se puede hacer para revertirlo. “No existen dudas de que la fertilidad disminuye en personas de mayor edad. Es decir, una mujer 40 años tiene menor calidad y cantidad de óvulos que una de 25. Y si bien es muy marcado en las mujeres, los hombres no escapan de esa variable”. Sin embargo, para el médico especialista en fertilidad Sergio Pasqualini (MN 39914), existe otra manera en la que los años están impactando en la fertilidad de hombres y mujeres: a lo largo del tiempo. “Hay trabajos científicos que hacen referencia a que, por ejemplo, el conteo de espermatozoides medido en los espermogramas es significativamente más bajo en el hombre actual que en el de hace 50 años -apuntó el director de Halitus Instituto Médico-. Es más fácil evaluar la fertilidad por esta medición en el hombre que en la mujer, en la que no tenemos algo equiparable para medir. Pero, si bien hay diferencias, existen muchas similitudes entre los testículos y los ovarios, por lo tanto, podemos extrapolar e inferir que, si la fertilidad disminuyó en el hombre, también en la mujer”. En el caso particular de las mujeres, lo que complica terminar de evaluar bien esa disminución es que en estos 50 años existieron también importantes cambios socioculturales. La búsqueda más tardía de hijos, por distintos motivos, con la consiguiente menor reserva ovárica y dificultades para lograrlo de manera natural es una realidad. “En cuanto a la disminución de la fertilidad en las últimas décadas, vemos que existe una tendencia a una menor respuesta -en cuanto a cantidad y calidad- a la estimulación ovárica cuando realizamos los tratamientos de fertilización in vitro”, continuó analizando Pasqualini, para quien “existe una diferencia y una disminución, en general, en cuanto a cómo responden a la estimulación las mujeres hace 20 años que en la actualidad”. Esto, refirió el especialista, lo observan también en las donantes de óvulos, que son mujeres jóvenes y sin problemas de fertilidad, en las que se ve una menor respuesta. Sobre las causas que podrían explicar este fenómeno, el experto evaluó que “una podría ser mutaciones y cambios en los genes, que se producen de generación en generación”. “Otra puede ser contaminantes ambientales, que se creen actúan como tóxicos en forma directa o como disruptores endocrinos -amplió-. Éstos son químicos que ‘engañan’ a los receptores de hormonas uniéndose a ellos y no dejan que las hormonas funcionen de manera correcta. Algunos pueden ser plásticos, cosméticos, pesticidas, alimentos enlatados, etc. De esta manera, actúan en las hormonas e influyen en procesos naturales como el sueño, el apetito, el metabolismo, y en este caso, el sistema reproductor”. Existen diversos estudios que evalúan cómo impacta cada disruptor endocrino en la fertilidad. “A modo de resumen podemos decir que, en general, existe una disminución de la reserva ovárica y de su calidad, una disminución de la viabilidad y de la calidad del semen, una disminución de la tasa de implantación de embriones y además, de los embarazos que llegan a término”, señaló Pasqualini. El contacto con los disruptores es cotidiano y bastante difícil de evitar. Sin embargo, existen cosas que -según el especialista en fertilidad- pueden hacerse para reducirlo, como “no utilizar plásticos y preferir contenedores de vidrio. Evitar los alimentos procesados y optar por aquellos naturales y orgánicos”. Es decir, “llevar una vida lo más saludable posible desde lo psíquico y desde lo físico, va a redundar siempre en un beneficio para todos los sistemas con los que funciona nuestro cuerpo. Y en consecuencia en la fertilidad”. El rol de la microbiota en la disminución de la fertilidad individual La vida útil de los ovarios y de los testículos, el ritmo de la pérdida de la función reproductiva, viene determinada en los genes. Sin embargo, sobre estos genes puede llegar a actuar el medio ambiente, regulando su expresión, ya sea activándolos o silenciándolos Es lo que se conoce como epigenética. “El medio ambiente lo podemos diferenciar en el externo a nuestro cuerpo y el interno de nuestro cuerpo. El primero es todo lo que nos llega del exterior, el estrés, la exposición pre y postnatal a químicos, tóxicos, tabaco, drogas, alimentación no saludable, etc”, explicó Pasqualini. Y continuó: “El medio ambiente interno es todo lo interior de nuestro organismo, que puede estar afectado por alguna enfermedad primaria no relacionada o como consecuencia del efecto deletéreo del medio ambiente externo. Puede generar un cuadro de inflamación crónica en el organismo con las consiguientes consecuencias para la salud. Esta inflamación, según el grado y los órganos afectados se va a presentar y va a evolucionar de distintas maneras”. El cuerpo humano funciona como un sistema en redes, interconectado, donde todo interactúa entre sí. Una falla en algún sector puede influir en los demás. “Así vemos cómo lo psíquico, lo neurológico, lo inmunológico, lo endocrinológico interactúan entre sí, a lo que tenemos que agregar la microbiota, que son los microorganismos que colonizan nuestro cuerpo. La población más importante se encuentra

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Fertilidad y COVID19: herramientas para afrontar la espera de un tratamiento

Por Lic. Patricia Martinez, psicóloga, M.N. 24.411 especialista en familia, de Halitus Instituto Médico Las emociones que se ponen en juego a esta altura del confinamiento no son las mismas que al comienzo. Antes, el miedo, el pánico, la incertidumbre y la angustia dominaron la atmósfera emocional de todos. Conforme fueron pasando los días, “nos acomodamos” a esta nueva realidad, y pasó de ser “ciencia ficción” a ser algo cotidiano, que desgasta y agota. Pero también nos permite retomar nuestros viejos conflictos, quejas y sinsabores, que no amenazan nuestra vida pero que nos aquejan y generan malestar a diario. Entre las cosas que se recuperan, comienza a reinstalarse el deseo y la búsqueda del hijo, que quedó en pausa por la pandemia y la cuarentena. Para los que transitan el camino de la infertilidad, el estar “esperando” es un estado que les es familiar. Siempre esperan un resultado para planificar una acción y luego esperan el resultado de esa acción para planificar otra. A menudo escuché decir “me gusta más cuando me mandan a hacer ejercicios, dietas o tomar alguna medicación, porque solo esperar me parece que es perder el tiempo”. Quizás sea este el primer concepto que hay que rever, quizás el tiempo hay que transitarlo, que no es lo mismo que perderlo. La llegada de la pandemia obligó a muchas personas o parejas, a otra espera, que es la de poder hacer el tratamiento. Esta otra espera, no hace más que sumar sentimientos de incertidumbre y ansiedad. No solo en aquellos a los que los corre el reloj biológico. Porque al final, se pone en espera un deseo muy íntimo, que uno quiere lograr ya. Ahora bien, ¿cómo transitamos el tiempo sin que nos invada la sensación de pérdida o desesperación? ¿Cómo afrontamos este tiempo nuevo inaugural de la “espera de la espera”? Algunas sugerencias que van a poder ayudarnos: No idealizar, no suponer que hay soluciones mágicas para este momento. Seguir las indicaciones de sus médicos que siempre los acompañaron y aconsejaron. No generalizar, no hacer teorías generales a partir de algún caso en particular que escucharon. Suponer que un caso aislado es la realidad puede costar muy caro. Consulten, hoy más que nunca, con profesionales idóneos y recomendados. No aislarse a pesar de la cuarentena. El aislamiento aumenta las chances de ansiedad y angustia. Seguir en contacto. Si los grupos de pertenencia habituales están muy centrados en temáticas que incomodan, buscar otros. Existen muchos lugares que están dando apoyo virtual. No poner la vida en pausa. Ni por la pandemia, ni por la búsqueda de un hijo. Es importante sostener nuestra vida dentro de los límites normales. No abandonar la propia vida, tanto si el embarazo llega como si no. Más vale no haber puesto toda la vida en un proyecto que puede ser muy valioso, pero no tiene por qué ser el único Entender la importancia de esperar en este momento, para poder avanzar en el camino de la búsqueda de un hijo. Contra la psicosis que genera la pandemia, no se cerraron los caminos, ni se anularon los tratamientos de fertilidad. Solo esperamos para estar enteros, plenos y fortificados para acompañar cada búsqueda y cada desafío con el fervor de siempre. El fervor que anima cada búsqueda y cada encuentro con un hijo. “Esperar para poder esperarte”, puede ser un lindo mensaje para que alguien pueda darle a su hijo el día de mañana cuando le cuente la “prehistoria” de su llegada al mundo.  

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¿La pandemia provocó un descenso en la natalidad?

La tasa de natalidad en EEUU se redujo 4% en 2020 y es la más baja de la historia. La crisis sanitaria global aceleró la tendencia entre las mujeres estadounidenses de retrasar el embarazo. ¿Qué pasa en la Argentina y cuáles son las causas, según los especialistas? Cuando se evalúan y dimensionan los efectos a largo plazo que la pandemia por COVID-19 dejará en la humanidad, se piensa en lo netamente médico y psicológico referido a la salud de las personas. Ahora, un nuevo informe del gobierno estadounidense dejó ver que la tasa de natalidad disminuyó por sexto año consecutivo en 2020 en ese país, hecho que los especialistas analizan como una evidencia temprana de cómo la pandemia de coronavirus aceleró una tendencia entre las mujeres de ese país de retrasar el embarazo. Los nacimientos cayeron alrededor de un 8% en diciembre en comparación con el mismo mes del año anterior, según mostró un desglose mensual de los datos del gobierno, que reveló que diciembre tuvo la mayor caída y, durante todo el año, los nacimientos disminuyeron un 4%. Así, el año pasado hubo 3.605.201 nacimientos en los Estados Unidos, el número más bajo desde 1979. Además, las cifras evidencian que la tasa de natalidad, medida como la cantidad de bebés por cada mil mujeres de 15 a 44 años, cayó alrededor del 19% desde su pico reciente en 2007. La disminución de la tasa de natalidad es solo una parte del panorama demográfico cambiante de Estados Unidos. Combinado con una nivelación sustancial de la inmigración y el aumento de muertes, la población del país durante la última década se expandió al segundo ritmo más lento desde que el gobierno comenzó a contar en el siglo XVIII. La pandemia, que elevó la tasa de mortalidad y aumentó aún más la tasa de natalidad, parece haber profundizado esa tendencia, publicó The New York Times. Kenneth Johnson es demógrafo de la Universidad de New Hampshire y calculó que, junto con el aumento de las muertes, un 18% más que en 2019, la caída de los nacimientos está contribuyendo al envejecimiento de la población estadounidense: en un total de 25 estados había más muertes que nacimientos el año pasado, en comparación con cinco a fines de 2019. “La tasa de natalidad es la más baja que jamás haya existido”, dijo el experto, para quien “en algún momento la pregunta va a ser: las mujeres que retrasaron tener bebés, ¿alguna vez los van a tener? Si no lo hacen, es una muesca permanente en la estructura de nacimientos en Estados Unidos”. Los nacimientos tienden a descender después de las crisis económicas, ya que las mujeres posponen tener bebés debido a la incertidumbre con respecto al trabajo y los ingresos. La tasa de natalidad se redujo drásticamente a principios de la década de 1930, después de que una caída del mercado de valores precipitara la Gran Depresión. Pero repuntó unos años más tarde, una vez que la economía comenzó a recuperarse. Sin embargo, la reciente caída, que comenzó después de la Gran Recesión en 2008, continuó, a pesar de las mejoras en la economía. Este patrón inusual llevó a los demógrafos a preguntarse si está sucediendo algo más. “Es un gran cambio social en los Estados Unidos”, opinó Alison Gemmill, demógrafa de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins que estudia la fertilidad. “Un cambio gradual de la formación de la familia a edades posteriores”. En la Argentina, según indicaron a Infobae fuentes del Ministerio de Salud de la Nación, cartera a cargo de la publicación anual de esos indicadores, “la tasa de natalidad de 2020 todavía no está actualizada, debido a que siempre se cierra al año siguiente”. Sin embargo, algunas cifras dejan ver que la tendencia sería similar a la evidenciada en los EEUU. El médico obstetra y director de la Maternidad Ramón Sardá Eduardo Valenti (MN 48.574) informó que “en la ciudad de Buenos Aires, hubo en 2020 una disminución de la natalidad del 18% en relación a 2019”. “Un relevamiento de las 12 maternidades públicas de CABA arrojó que nacieron el año pasado 16.997 niños, y en general un número similar ocurre en el ámbito privado”, aseguró a este medio el profesor titular de Obstetricia de la Facultad de Medicina de la UBA. En el ámbito porteño, según Valenti, la tasa de natalidad “fue disminuyendo desde 2016 como en todas las grandes ciudades”. Puntualmente en los últimos dos años había bajado un 15% en 2019 y lo hizo tres puntos porcentuales más durante el primer año de pandemia. La causa, para él, es que “los programas de planificación familiar dieron sus frutos y empoderaron a las mujeres para tener más conciencia de sus embarazos”. Y en lo que respecta a 2020 reconoció que esperaban en los meses de diciembre, enero y febrero “una lluvia de partos producto de los primeros meses de cuarentena y eso no ocurrió”. En su interpretación, el fenómeno tiene que ver con que “la gente al estar más en sus casas tuvo más relaciones sexuales, lo que se evidencia en que nunca se suspendió la provisión de anticonceptivos y preservativos en los hospitales ni los médicos dejaron de recetarlos, ya sea de manera presencial o virtual, pero evidentemente se cuidaron con más planificacion”. Valenti contó que en la Maternidad Sardá ocurrió un hecho inédito y es que fue el único hospital materno infantil de la ciudad donde aumentaron los partos en 2020. “Tuvimos un 3% más de nacimientos respecto a 2019 y creemos que es porque el sistema de salud se vio colapsado por casos de COVID-19 y con todo asidero las mujeres que no querían ir a los hospitales y se dirigieron a la Sardá, donde teníamos muy pocas internaciones por esa patología”, analizó, al tiempo que consideró que allí las futuras madres “se sienten más protegidas”. Por su parte, el centro de medicina reproductiva IVI Buenos Aires, durante 2020 vio reducida en un 49% la demanda de los tratamientos de reproducción asistida.

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Contagiarse coronavirus no afectaría la fertilidad femenina

Es el resultado preliminar de un estudio realizado en España con pacientes que habían tenido COVID-19 durante 2020. En países como la Argentina, hubo más mujeres que congelaron óvulos. Con la aparición del coronavirus y su propagación por el mundo, cada día se presentan nuevas preguntas sobre el verdadero impacto que tiene en todas las personas. Investigadores del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) se preguntaron si la reserva ovárica de las mujeres puede verse afectada por la enfermedad COVID-19 y se pusieron a buscar la respuesta. Los resultados preliminares del estudio que hicieron demuestran que la fertilidad de las mujeres no estaría afectada después de padecer la infección. Los investigadores liderados por el director, Antonio Requena, contaron que la información que se conoce sobre los efectos del virus en el ámbito reproductivo sigue siendo muy limitada. “Fue hace casi un año, en base a las recomendaciones y las medidas de prevención marcadas por las autoridades, cuando pudimos retomar la actividad en las clínicas IVI. Al mismo tiempo, surgió la necesidad de conocer la realidad a nivel reproductivo de las personas infectadas por coronavirus”, contaron. ¿Puede afectar la infección por COVID-19 en la reserva ovárica de la mujer? “Entre mayo y junio de 2020, realizamos un estudio con 46 pacientes de las clínicas IVI en España, que habían superado la infección por coronavirus. Todas las participantes contaban con un estudio previo de la prueba de la hormona antimülleriana (AMH, por sus siglas en inglés) en los seis meses anteriores. Los resultados de la investigación fueron muy positivos, arrojando que pasar esta enfermedad no afecta al estado de la reserva ovárica. Por ello, podemos asumir que las posibilidades de éxito de un tratamiento reproductivo permanecerán intactas”, contó Requena. La prueba mide el nivel de AMH en la sangre. Esa hormona se fabrica en los tejidos reproductivos del hombre y de la mujer. La función de la hormona y sus niveles dependen de la edad y el sexo. En la mujer, los niveles de la hormona pueden dar información sobre la capacidad de quedar embarazada. También la prueba se puede usar para diagnosticar problemas menstruales o para controlar la salud de mujeres con ciertos tipos de cáncer de ovario. En el caso del estudio en España, las 46 participantes en el estudio fueron divididas en dos grupos, en base a sus niveles previos de hormona antimulleriana. Por un lado, 16 pacientes respondedoras bajas con una media de edad de 38,6 años. Por el otro, pacientes respondedoras normo-altas, las 30 restantes, con una edad media de 34,7. En ninguno de los dos grupos de pacientes se encontró indicios de que la COVID-19 provoque una disminución de la reserva ovárica. La conclusión preliminar del estudio sería alentadora para aquellas mujeres con baja reserva ovárica, previa a la infección por coronavirus. “Los resultados obtenidos son esperanzadores para las mujeres infectadas de COVID-19. A pesar de ello, de cara a las previsiones reproductivas, serán necesarios más datos para sacar conclusiones firmes. Por ello, será fundamental aumentar el tamaño de la muestra, para comprobar que los resultados se mantienen en esta línea”, concluyó Requena. “El impacto del COVID-19 en los pacientes es muy variable. Hay gente que se recupera totalmente y otras personas que quedan con secuelas. Los ovarios son órganos sensibles. Por lo cual, considero que hay que hacer más estudios con más pacientes para analizar cuál es el verdadero impacto del coronavirus sobre la reserva ovárica de las mujeres. Ante la incertidumbre de la pandemia, algunas mujeres han decidido postergar los tratamientos de fertilidad y otras congelaron óvulos” agregó el doctor Sergio Pasqualini Cuando nacen, las mujeres cuentan con un número determinado de óvulos que, en principio, cubre toda la vida fértil. De manera natural, la cantidad de óvulos disminuye cada mes. La prueba de reserva ovárica permite conocer los óvulos disponibles de la paciente. Durante 2020 y con la vigencia de los confinamientos por la pandemia, hubo mujeres que decidieron postergar tratamientos de fertilidad y congelar óvulos. En la clínica IVI de Buenos Aires, la demanda para congelar óvulos creció de forma exponencial, siendo un 34% más de lo habitual. Muchas de las que eligieron esa opción eran pacientes oncológicas, con baja reserva ovárica o mayores de 38 años que no podían esperar a que se retomara la actividad de la medicina reproductiva, ya que la espera afectaría considerablemente su posibilidad de lograr un embarazo. Según explicó Fernando Neuspiller, especialista en reproducción asistida y director de IVI Buenos Aires, a partir de los 35 años la reserva ovárica empieza a bajar o se está llegando a una edad límite para lograr el embarazo de forma espontánea. “La vitrificación es una forma de actuar en el presente pensando en el futuro. La tecnología puede ayudar en estos momentos en que los fenómenos externos cambian nuestros planes”.

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Pandemia y donación de óvulos: ¿cuáles son mis opciones para acelerar tiempos?

Entre todas las modificaciones que trajo la pandemia que impactan directo en la vida de las personas, la reproducción asistida no fue la excepción. Para la ovodonación en particular la disponibilidad de donantes se complicó. Previo a la pandemia, el tiempo de demora desde el ingreso al programar hasta el tratamiento, era de 3 meses. Pero ahora es incierto: en primer lugar, porque el año pasado se suspendieron hasta octubre los tratamientos, y eso produjo la acumulación de pacientes en lista de espera.  En segundo lugar, cuando se reiniciaron se los hizo a un ritmo menor por la necesidad de mantener estrictos protocolos. Por último, algunas mujeres prefirieron esperar para donar, y en algunos casos la sugerencia fue nuestra, si la persona vivía en un contexto de mayor exposición. En este contexto, los tiempos se alargan y se acortan, con esperas que pueden llegar a más de 6 meses. Por eso, se presenta la opción de recurrir a bancos de óvulos ¿conviene? La donación de óvulos involucra el manejo y el tratamiento de dos pacientes: la donante y la receptora. Su éxito va a depender de una serie de factores como: la edad de la donante, la calidad de los óvulos, la respuesta a la estimulación ovárica de la donante y la receptividad del endometrio de la receptora. Los tratamientos con donación de óvulos difieren de los realizados con óvulos propios en que las donantes son mujeres jóvenes sin problemas de fertilidad y que los potenciales efectos contraproducentes que la estimulación ovárica puede producir sobre el endometrio no se presentan, dado que la transferencia se lleva a cabo en el útero de la receptora, preparado de una manera diferente. En la actualidad, los tratamientos con óvulos donados son un porcentaje importante de los tratamientos realizados, dado que las mujeres buscan embarazo a una edad más tardía, y se da tanto en aquellas que buscan su primer hijo, como en otras que, para tener otros hijos, se encuentran en la necesidad de recurrir a la donación. Los bancos de óvulos Con el advenimiento de la vitrificación, que mejoró de manera notable los resultados de la criopreservación, empezaron a surgir los bancos de óvulos.  Esto permitió realizar tratamientos sin necesidad de la sincronización, ni del tiempo que conlleva hacerlo en fresco, dada la lista de espera de las pacientes. Tiempo variable según la disponibilidad de donantes y de pacientes en espera.  Previo a la pandemia, la demora para realizar el tratamiento era de no más de tres meses, ahora es un poco más incierto por los meses en los que el programa estuvo suspendido, pero ya se trabaja en acelerar los tiempos. Los bancos de óvulos, dependiendo de donde sean, permiten tener más información de las donantes, ya sea sobre su persona, su genética, sobre el lugar de origen, incluso se pueden ver catálogos con fotos. En Argentina, si bien se tiene información, suele verse limitada porque es anónima. Entonces se trabaja tomando en cuenta la raza y las características físicas de la donante y de la receptora como para que coincidan. También, hecho no menor en estos momentos, permite acortar los tiempos, dado que en cuanto se reciben los óvulos del Banco se puede proceder a realizar el tratamiento, sin necesidad de tiempo de espera. Tratamiento con óvulos en fresco Es posible que los óvulos en fresco tengan mejores tasas de embarazo que los de banco. Pero también, cuando se sincronizan los ciclos de la donante y receptora, puede pasar que la respuesta a la estimulación de la donante no sea satisfactoria, o por algún otro motivo, se tenga que cancelar el ciclo, cosa más engorrosa aun cuando se trata de pacientes que viajaron del interior del país o del extranjero para realizar el tratamiento. Esto no ocurre cuando se lleva a cabo el tratamiento con óvulos de banco. Las donantes Las donantes de óvulos son parte fundamental y son las que posibilitan que muchas personas, que necesitan recurrir a ellas, puedan formar una familia con hijos. Surgen por recomendación de mujeres que ya lo hicieron, de boca en boca, y de campañas llevadas a cabo en las redes sociales. Para formar parte del programa de donantes deben reunir una serie de condiciones. Y, si bien reciben una compensación por las molestias generadas y el lucro cesante, en general la motivación se relaciona TAMBIEN con las ganas de ayudar al prójimo. Óvulos en fresco vs de banco Los bancos de óvulos existen y son una buena alternativa, sobre todo en tiempos de pandemia, siempre que las tasas de éxito que se tengan con determinado banco sean similares a los resultados logrados cuando se realizan los tratamientos con óvulos en fresco. El inconveniente radica en que es mayor su costo, y algunos financiadores no cubren el banco. Por su parte, los óvulos en fresco, si bien conllevan una mayor demora, incluso más ahora por la pandemia, no suele ser tan grave como cuando se está intentando lograr el embarazo con óvulos propios y se tiene una baja reserva ovárica, ahí sí, el paso de los meses puede complicar las posibilidades de éxito. En la espera para realizar el tratamiento de ovodonación es cuestión de manejar la ansiedad, sentirse y estar acompañados, saber que el tratamiento va a llegar y saber que existen buenas chances de lograr el embarazo. Tener toda la información es la base para tomar decisiones.

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