¿Tener hijos se convirtió en un lujo que pocos pueden darse?
La situación económica, la dificultad para acceder a una casa propia, la incertidumbre por la pandemia, entre otros factores se volvieron limitantes para muchas parejas a la hora de pensar en traer un hijo al mundo. ¿Por qué algunos ven en la maternidad y paternidad una renuncia a otros deseos y objetivos de la vida? Ser madre y hacerse espacio en el mundo laboral se presentan, en pleno siglo XXI, como dos desafíos incompatibles para muchas mujeres. Suele ocurrir que lo que exige y demanda la actividad laboral lleva a muchas a pensar en la imposibilidad de conciliar su trabajo con una futura maternidad. Y es allí cuando a la frustración por no obtener logros laborales o económicos se mezcla con los deseos y las ganas contenidas de mujeres que aspiran a tener hijos en medio de un panorama nada alentador. ¿Son la situación económica, la dificultad para acceder a una casa propia, la incertidumbre por la pandemia, etcétera impedimentos para la búsqueda de un hijo? ¿O sólo una manera de posponer algo que genera incertidumbre y postergarlo en el tiempo? ¿Es un hijo un “lujo” que muchos hoy no pueden darse por limitaciones que van más allá de lo estrictamente relacionado con la reproducción? Sobre todo eso, Infobae consultó a especialistas, para intentar ahondar los sentimientos, emociones y sensaciones que se ponen en la balanza a la hora de pensar en traer un hijo al mundo. Está claro que desde marzo de 2020 el mundo cambió, y la inseguridad que genera la poca posibilidad de proyectar a largo plazo incluye -sin dudas- la planificación de una familia. “La búsqueda de un hijo tiene condicionantes internos y externos”, comenzó a explicar la licenciada en Psicología Patricia Martinez (MN 24.411). Y continuó: “Los internos pueden estar relacionados con la personalidad y/o con las respuestas adaptativas o desadaptativas que cada persona puede ofrecer frente a los condicionantes externos. En la actualidad los condicionantes externos son múltiples y muy demandantes. Hoy, al mismo tiempo que una persona tiene que desdoblar sus esfuerzos para recibirse, formarse a nivel profesional y posicionarse en lo laboral, también debe dirigir sus esfuerzos hacia lograr una performance económica que le permita proyectarse para ofrecerle a su hijo una crianza saludable”. Y si bien aclaró que “no todo pasa por lo económico, pero sí es cierto que la mayoría desea ofrecerle a un hijo cuanto menos lo mismo que cada uno tuvo en valor en su vida”, amplió que “para las generaciones actuales ese ‘piso’ es muy costoso e incluso a veces inalcanzable”. “Este es uno de los primeros grandes condicionantes para la búsqueda de un hijo”, sostuvo la especialista en familia de Halitus Instituto Médico. En ese sentido, al parecer, no es un condicionante que puede leerse sólo desde lo económico sino más bien de cómo lo económico nos aleja de la maternidad/paternidad en tanto es un limitante para reproducir las condiciones básicas de desarrollo que uno como persona pudo gozar durante su crecimiento. Para la licenciada en Psicología Lorena Ruda (MN 44247), “hay muchas mujeres que fantasearon bastante tiempo con la idea de tener un hijo, y quizá más de uno”. “Pero a medida que las mujeres somos más activas en el mercado laboral, vamos logrando puestos de trabajos con jerarquía, la sociedad nos empieza a dar un lugar más allá del de ser madres, podemos llevar a cabo proyectos y lograr un puesto de trabajo que nos da satisfacción, el deseo maternal muchas veces se va posponiendo”, analizó la especialista en maternidad y crianza. Y tras asegurar que “a veces la realidad económica y las dificultades de conseguir un buen trabajo o una solvencia obstaculizan este proyecto de ser madres porque se impone la fantasía sobre qué se tiene para darle a ese hijo”, Ruda evaluó que “en ocasiones estos pensamientos determinan si es posible o si es el momento o no de traer hijos al mundo, y cuántos”. En este punto, se impone la pregunta: ¿Es un hijo un “lujo” que muchos hoy no pueden darse por limitaciones que van más allá de lo estrictamente relacionado con la reproducción? – Martínez: Un hijo no es lujo, pero es cierto que a veces es un “objeto” muy deseado. En tanto se busca y no viene, e incluso se incursiona en tratamientos de fertilidad, etc. toma un poco ese carácter de “lujo” que muchos no se pueden dar. Pasar de un hijo objeto de deseo a un hijo lujo es un pasaje muy triste al cual nos enfrenta muchas veces la vida moderna, en la cual las exigencias desde lo económico y desde lo profesional nos llevan a una postergación que en algunos casos es irreversible. Cuando un hijo deseado debe ser postergado una vez, dos veces y más porque las condiciones externas son adversas, lo que debiera ser natural se vuelve inalcanzable y adquiere ese carácter de “lujoso”. En el mundo en el que vivimos voraz y exigente el derecho por naturaleza se vuelve un lujo y los lujos a veces se naturalizan. Por esta razón la aspiración a tener un hijo a pesar de ser un deseo y un derecho básico de un ser humano entra en la categoría de lujo, hasta hacerlo, a veces, inalcanzable. Consultada sobre si a la espera de “el momento ideal” se corre el riesgo de perder los tiempos biológicos, o incluso el propio deseo, Ruda analizó que “muchas veces el deseo de ser madre está más allá de la vida socioeconómica, en el sentido de que muchas parejas posponen la ma/paternidad porque fantasean con el ideal de la estabilidad previa”. Y así, planean dejarlo “para cuando tengamos la casa”, “cuando me aumenten el sueldo”, “cuando esté en un trabajo mejor”, lo que -para Ruda- “en muchas ocasiones es una manera de postergar el deseo en sí por las fantasías que se tienen sobre la maternidad (y paternidad)”. “Lo más común es que cuando el deseo se instala, con los miedos que tengamos que enfrentar, los hijos llegan y