Cáncer y Fertilidad

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Cáncer de mama: la historia de Ivana Chollet y cómo un tratamiento de fertilidad le salvó la vida

Ivana descubrió que tenía cáncer cuando buscaba comenzar un tratamiento de fertilidad, a los 40 años. Hoy, tres años después, es la feliz mamá de Salvador, que nació gracias a la ovodonación. Ivana Chollet tiene 43 años y una historia de resiliencia y esperanza muy especial en este Día Mundial de la lucha contra el cáncer de mama. Nacida en Uruguay pero residente de Bahía Blanca desde que tenía 4 años, Ivana descubrió que tenía un carcinoma en su mama derecha hace exactamente tres años. La noticia, tremenda y devastadora, no sólo la hizo temer por su vida y pensar en la muerte. También paralizó sus deseos de ser madre: descubrió que tenía cáncer justamente haciéndose los controles de rutina previos a un tratamiento de fertilidad. \”Este es un mes tan especial para mi, porque es \’Octubre rosa\’ por el cáncer de mama y Día de la Madre\”, comenzó diciendo a Para Ti. \”Gracias por permitirme contar mi historia, porque a mí me ha servido mucho conocer las vivencias de otras mujeres que han pasado por lo mismo\”, agregó esta mujer que hace un mes fue mamá de Salvador. La historia de Ivana Chollet y cómo los controles para iniciar un tratamiento de fertilidad le salvaron la vida En pareja con Javier Quintana, Ivana es empleada administrativa, es la menor de tres hermanas, tiene seis sobrinos y es muy apegada a sus padres. \”Somos todos uruguayos y nos vinimos a vivir acá cuando yo tenía 4 años. Pero tengo mucha familia allá, así que cuando podemos veraneamos en Uruguay\”, reveló. \”Me descubrieron cáncer de mama a fines de 2021, cuando me mandaron a hacerme unos controles. Fue de casualidad, no es que me encontré un nódulo ni nada palpable. En ese momento estábamos haciendo una consulta en una clínica de fertilidad de acá de Bahía Blanca con mi pareja porque queríamos ser padres desde hacía tiempo\”, contó con respecto a su historia con el cáncer. Y agregó: \”Todo ese año me venía haciendo controles de rutina y análisis, estudios genéticos como para comenzar un tratamiento de fertilidad de baja complejidad. Y entre esos controles, me mandaron a hacerme control de mamas y un pap. Era la primera vez que yo me hacía mamo y eco mamaria, porque haste el momento no se me habían indicado y ahí es donde me descubrieron un carcinoma tubular en la mama derecha\”. Ivana revela que el cáncer fue detectado a tiempo, y que los médicos le dijeron que \”era un nódulo que se estaba desarrollando desde hacía poco tiempo\”. Sin embargo, recibir la noticia fue \”devastador\”. \”Y sí, primero porque uno nunca espera que te digan \’tenés cáncer\’. Y segundo, en el contexto en el que me lo descubrieron, yo estaba a punto de hacer un tratamiento in vitro de baja complejidad, con mi foco y mi deseo en ser mamá. Y con esta noticia se me vino el mundo abajo. La primera palabra que se me vino a la mente cuando me dijeron tenés cáncer fue muerte\”, agregó. \”Entré en un mundo totalmente desconocido para mí, porque no tengo antecedentes familiares de cáncer de mama\” Tras la noticia, junto a su pareja hicieron consultas con médicos mastólogos y oncólogos de Bahía Blanca. Y que el sueño de ser madre, quedó relegado para más adelante. \”Entré en un mundo totalmente desconocido porque no tengo antecendentes familiares de cáncer de mama. Me mandaron a hacer una punción mamaria para determinar qué tipo de cáncer tenía y obviamente millones de estudios\”, recordó. Y agregó: \”Me acuerdo que fui al mastólogo y me llenaron de órdenes para hacerme estudios y no sabía ni dónde pedir los turnos, era algo totalmente desconocido para mi. Entré en un mundo donde tanto la información que te dan, como la desinformación que uno tiene, te abruma. Por eso cuando me dijeron si quería dar una nota y contar mi historia, dije inmediatamente que sí\”. La primera \”foto\” de Salvador, su bebé. Ivana entró al quirófano el 30 de diciembre de 2021, donde le extirparon el tumor maligno y verificaron que los ganglios estaban libres de cáncer. \”Hoy digo menos mal que me mandaron a hacerme ese control, porque yo tenía 40 años y nunca me había hecho una mamografía. Si bien fue devastador encontrar en un control de rutina de fertilidad que tenía cáncer, hoy digo menos mal que me mandaron a hacerlo\”. \”No pude criopreservar óvulos y sentí que la posibilidad de ser mamá se había terminado\” Tras la cirugía y al saber que se trataba de un tipo de tumor con receptores hormonales positivos, a Ivana se le recomentó iniciar un tratamiento de bloqueo hormonal, además de radioterapia. \”Sabiendo que yo quería ser mamá, me preguntaron si quería criopreservar mis ovocitos\”, recordó. \”Y si bien el tiempo me apresuraba, porque tenía que empezar cuanto antes mi tratamiento, hicimos el intento en una clínica de Bahía, pero tuvo dos intentos que fueron fallidos. No pude criopreservar y sentí que la posibilidad de ser mamá se había terminado en ese momento\”, contó. Por recomendación, Ivana y su pareja hicieron una consulta en un centro de fertilidad de Buenos Aires. \”Mi primera consulta fue en junio de 2022, después de que se bajara esa persiana de maternidad y en pleno tratamiento oncológico, charlando con otras mujeres y conociendo otros casos, me di cuenta que sí existe una posibilidad de ser mamá después del cáncer\”, reveló. Ivana y Javier con su bebé en brazos, tras tanta lucha y dolor. Y añadió: \”Y tras hacer interconsultas, di con la Dra Carlota Lucini de Halitus y ahí me apoyaron con la idea de ser mamá, obviamente sin descuidar el tratamiento oncológico. Fue allí cuando supe que existe la ovodonación, pero esto fue en pandemia así que todos los tiempos estaban lentos. Había bajado la tasa de donantes, no obstante mientras me había rayos y demás, empezamos con todo el proceso de la ovodonación\”. \”Luché contra la desinformación, creía que no poder criopreservar significaba no

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Mujeres con cáncer hoy pueden perservar su fertilidad

El duro paso por dejar atrás la enfermedad, muchas veces se lleva junto con el cáncer la posibilidad de tener hijos, la crioperservación aparece cada vez más como una opción. Recibir el diagnóstico de cáncer, cualquiera sea su localización y forma, debe ser sin dudas una de las experiencias más paralizantes. Si bien comenzar con el tratamiento cuanto antes para dar fin a la pesadilla es seguro una de las prioridades, todo lo que se pone en juego y cómo seguir adelante no deben ser temas menores. El cáncer es un nombre general para un grupo de más de 100 enfermedades cuyo denominador común es el crecimiento sin control de células anormales. Es ese descontrol, que genera la invasión sobre otros tejidos, lo que define a la célula como cancerosa. Esto se produce a partir de un daño en su ADN (ácido desoxirribonucleico), y las nuevas células que se generarán también tendrán alteraciones en el ADN. La buena noticia es que muchos tipos de cáncer, entre ellos el de mama, tienen altos porcentajes de curación si son diagnosticados de manera temprana. La lucha contra el cáncer es agresiva y constante y muchos tratamientos derivan en efectos secundarios no deseados. Además de la conocida y hasta esperada caída de cabello, hoy se sabe que, por ejemplo, pueden verse afectados el funcionamiento del ovario o del testículo, por lo que la preservación de la fertilidad se convierte en un tema a contemplar. El doctor Sergio Pasqualini (MN 39.914), director científico de Halitus Instituto Médico y presidente de Fundación Repro, destacó que «según la experiencia en el consultorio, muchos de los pacientes no recuerdan haber recibido mención o discutido con su médico de cabecera el tema del impacto de los tratamientos de cáncer sobre su fertilidad futura». Además, no siempre la información proporcionada es completa o suficiente, por eso el manejo de datos precisos en el momento indicado brinda la posibilidad real de tener un hijo luego del cáncer. Algo así le ocurrió a Florencia Ortells, quien a los 27 años se enteró de que tenía linfoma de Hodgkin, un tipo de cáncer en el sistema linfático. Luego de tres meses de quimioterapia y la noticia de que la enfermedad había desaparecido, la asaltó la duda de si podría tener hijos. Es que como parte del tratamiento le habían dado una medicación para suspender su menstruación, sumado a lo agresivo que el proceso es de por sí para todo el organismo. «Fui a mi ginecólogo para regularizar mi menstruación y saber cómo había quedado, y ahí fue cuando me explicó que en estos casos podían preservarse óvulos para asegurar la fertilidad futura», contó Florencia a Infobae. A los dos años la joven recibió la tan temida noticia: el linfoma había vuelto a aparecer, pero esta vez había que hacer quimioterapia más fuerte, autotrasplante de médula y rayos. La joven de por ese momento 29 años no lo dudó. «Me acuerdo que llamé a mi ginecólogo y estaba en un shopping; le dije que el linfoma había vuelto y que quería preservar mis óvulos antes de comenzar el nuevo tratamiento», relató con una convicción envidiable y una fortaleza que hace entender por qué pudo ganar tan dura batalla. Su médico la contactó con el doctor Pasquialini, quien le explicó el procedimiento para criopreservar y de inmediato le indicó el tratamiento. Si bien el especialista le aclaró que preservar embriones era mejor que óvulos, en ese momento la joven estaba de novia y poco podía ponerse a pensar si quería que él fuera el padre de sus hijos. Así que criopreservó sus óvulos y comenzó el tratamiento para deshacerse (otra vez) del linfoma. «Saber que mis óvulos estaban criopreservados y que mi fertilidad estaba a salvo me dio mucha paz mental y me permitió focalizarme en curarme», recordó Florencia, quien admitió que «necesitaba» sacarse esa preocupación de encima. «No me importaba que se me cayera el pelo, pero sí necesitaba estar segura de que iba a poder ser mamá. Saber que tenés la chance es impresionante», destacó. Y vaya si Florencia precisaba estar relajada con su fertilidad. En 2008, por tercera vez, tuvo que volver a someterse a radioterapia a causa de una nueva recaída en su enfermedad. Finalmente (¡y lo decimos a modo de profecía autocumplida!) en 2010 viajó a los EEUU a probar un nuevo tratamiento con una droga monoclonal y, tras permanecer allí en tratamiento durante un año, el linfoma ya es parte de su pasado. Hoy, a sus 39 años espera al hombre de su vida y futuro padre de sus hijos para lograr formar la familia que hace años desea. Quizá lo intente y lo logre sin siquiera llegar a usar los óvulos que guardó hace diez años, pero, en aquel momento, sacarse ese tema de la cabeza era lo que necesitaba para encarar su curación. «Saber que eso está guardado te ayuda mentalmente. El diagnóstico fue como un hachazo en la frente; cuando el linfoma volvió, tuve tiempo de pensar, resolver y dedicarme a curarme», finalizó. Todo lo que hay que saber sobre criopreservación La efectividad de los tratamientos de quimioterapia o radioterapia o quirúrgicos para combatir el cáncer aumentó con los años y fueron surgiendo nuevos desafíos en relación a la calidad de vida de quien lo superó. El camino de la concientización se está comenzando a transitar, pero, sobre todo en lo que respecta al cuidado de la fertilidad, queda mucho por hacer, además de seguir creando conciencia: tanto en pacientes como en médicos. ¿Cómo se preserva? Pasqualini explicó: «El primer paso, y fundamental en la preservación de la fertilidad, es integrarlo como objetivo dentro del plan principal que el paciente y su oncólogo trazan en conjunto». «Esto permitirá -según el especialista- seguramente lograr mayor adherencia al tratamiento oncológico y evitar que un paciente postergue el inicio por temor a perder la fertilidad, o lo rechace, o, incluso, no cumpla con las normas que el tratamiento le impone». Y prosiguió: «Luego, en la consulta por fertilidad,

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El deseo de querer ser mamá en pleno diagnóstico de cáncer de mama

Magalí Stawera se enteró de que padecía, por segunda vez, cáncer de mama, en el mismo instante en el que su deseo era agrandar la familia. Lejos de posponer su sueño, la joven volvió a \”conectarse con la vida”. Su testimonio Magalí Stawera siempre tuvo algo en claro: quería formar una familia, grande o chica pero quería tener hijos. Sin embargo, a sus 33 años, con una hija ya nacida y en un control médico le dieron el peor de los diagnósticos: tenía cáncer de mama. “Me encontraron unas microcalcificaciones que eran malas y me diagnosticaron cáncer de mama. Hice rayos, me operaron y tuve la indicación de hacer rayos por tres años más. Cuando finalmente tuve el alta, seguí con controles y 4 años más tarde me aparecieron otras microcalcificaciones en la otra mama. Fue algo tremendo porque yo tenía muchas ganas de ser madre en ese momento. Fue un baldazo de agua fría”, comentó a este medio Magalí. Con el diagnostico en mano, Magalí sabía que debía poner en pausa su deseo de ser madre nuevamente: “Lo primero que pensé fue que definitivamente no iba a poder ser mamá después, ya que mi primera hija tenía en ese momento seis años y cada vez sentía que se iba alejando más y más”. Las cifras no acompañaban el deseo de Magalí, porque, si bien muchas mujeres pueden quedar embarazadas, puede ser difícil por el tratamiento oncológico realizado como la quimioterapia. Las estadísticas indican que estas pacientes tienen la menor tasa de embarazo, con una reducción del 67% de chances de tener un bebé si no preservan la fertilidad en comparación con la población general. “En ese momento el tratamiento era distinto al de mi primer cáncer porque el tumor había cambiado. Tenía características diferentes y era un tratamiento más agresivo, entonces lo primero que pensé fue que tenía que encontrar ayuda para poder congelar mis óvulos o encontrar la manera de ser mamá. Pedí un turno en un centro de fertilidad y salí muy angustiada, el médico que me atendió me dijo que sea prudente y que espere a que termine mi tratamiento. No podía concebir esa idea y seguí buscando opiniones”, enfatizó Stawera. Se acercaba agosto. Magalí sabía que empezaba su tratamiento luego de las vacaciones de invierno de su hija y que eso significaba que se venía un período difícil: “No me podía sacar la idea de la cabeza. Yo quería ser mamá de nuevo, así que volví a insistir en una clínica de fertilidad, esta vez en Halitus Instituto Médico. Una vez que me atendió una médica llamó a otros profesionales y entre todos me decían que ya estaba para arrancar el tratamiento. Yo no entendía nada de lo que estaba pasando, porque obvio había un costo económico y el médico a cargo fue muy claro ‘no importa eso en este momento, vos no te preocupes. Esto hay que hacerlo ahora’. En ese momento en el que estaba en la tristeza más profunda fue volver a conectar con la vida y tener la confirmación de que cuando todo esto terminara yo iba a volver a ser mamá”. Tras la primera visita, los quince días que le siguieron Magalí los describe como volver a conectar con la vida: “Era el cumple de mi hija y yo me acuerdo estar en el baño inyectándome, todo una locura. Finalmente llegó el día en el que me sacaron 12 óvulos. Para mí tener los óvulos era algo seguro, yo no sabía que iba a pasar en un futuro y eso me llevaba un poco de tranquilidad y hasta me daba fuerzas para seguir”. El procedimiento para congelar óvulos consiste en estimular los ovarios con hormonas para que se produzcan varios óvulos –la cantidad dependerá de la capacidad de respuesta del ovario-, luego se aspiran los folículos que contienen los óvulos y se congelan para su conservación. “En el medio empecé mi tratamiento del cáncer, lo termine, todo salió muy bien y volvió el deseo de quedarme embarazada. Mis médicos del instituto eran partidarios de intentarlo naturalmente antes de comenzar con el tratamiento. Y cuando estaba a punto de ir a la clínica para empezar el tratamiento, le dije a mi marido que me iba a hacer un test por las dudas porque tenía dos días de atraso. Y dio positivo, estaba embarazada y no podía más de alegría”, comentó emocionada Magalí. Y es que a pesar de tener esos dos días de atraso, la futura mamá pensaba que era su cabeza que le estaba jugando una mala pasada: “Fue una alegría enorme, no lo podíamos creer, fue realmente impactante y alentador. A pesar de no haber usado mis óvulos eso me ayudó a salir adelante, a saber que hay opciones para los que padecemos cáncer y queremos seguir agrandando la familia en medio de una tormenta”. “Hay un montón de gente que está para ayudarte e informarte porque no se suele hablar mucho de maternidad y cáncer. Hay un montón de historias similares y para mí lo más importante era hacerles saber a todos los que me acompañaron en ese momento que estaba embarazada. Lo primero que hice fue llamar a la enfermera que me atendía en quimioterapia, lloramos de felicidad. Para mí es muy importante hacerles saber que cada vez que se crucen con una mujer que tenga ese deseo tenga una luz de esperanza porque sí se puede, hay que intentar todo y siempre buscar una segunda opción, no bajar los brazos”, enfatizó la mujer. En plena pandemia, Magalí se convirtió en mamá por segunda vez de una bebé a la que llamo Jazmín: “No lo hubiéramos imaginado en este contexto, pero estamos muy felices. Hoy ella tiene seis meses y es hermosa. Estamos preparados para esto, uno no lo sabe pero siempre podemos\”.

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Cáncer y fertilidad: la preservación, una esperanza luego de superar la enfermedad

Debido a que los tratamientos oncológicos afectarán, de forma parcial o definitiva, la capacidad reproductiva, hoy por hoy es fundamental el rol de la medicina reproductiva y sus distintas técnicas, que ayudan en la posibilidad de concebir una vez superada la enfermedad. Cada 4 de febrero, se conmemora el Día Mundial de Lucha contra el Cáncer, una fecha impulsada por organizaciones internacionales que tiene por objetivo promover la concientización sobre la importancia de la prevención, la detección temprana y los controles y cuidados necesarios para incrementar la tasa de curación y supervivencia. En la Argentina, la incidencia de enfermedades oncológicas es media-alta, con 217 casos nuevos por año cada 100 mil habitantes, según datos de la Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer. En este contexto, conocer la influencia del cáncer en la fertilidad será clave para que quienes atraviesen una patología de este tipo y quieran convertirse en padres conozcan las alternativas disponibles. Son varios tipos de cáncer los que pueden prevenirse, mientras que otros pueden detectarse de manera temprana, lo que favorece las posibilidades de curación. Entre ellos, mama, cuello de útero, colon, pulmón, próstata y piel. El diagnóstico temprano y el avance de las terapias han mejorado en gran medida la tasa de supervivencia de los pacientes con cáncer. De hecho, la mortalidad general atribuida al cáncer en las mujeres ha disminuido en un 1,5% por año en los últimos 5 años. En consecuencia, hay un número creciente de mujeres jóvenes y hombres sobrevivientes al cáncer. Según un estudio publicado en Supoortive Care Cancer (2016), un tercio de mujeres mayores de 30 años refieren que les hubiera gustado tener una consulta antes del tratamiento. El 73% de las mujeres adolescentes y adultos jóvenes dicen no haber recibido información acerca de preservación. Una de las principales preocupaciones para los sobrevivientes de cáncer femenino es la fertilidad. Los problemas de fertilidad son consecuencia de los tratamientos y pueden tener efectos devastadores en la calidad de vida de los pacientes oncológicos jóvenes que no tuvieron la oportunidad de formar una familia antes de su diagnóstico. Para los sobrevivientes, que aún no completaron los deseos de paternidad, la infertilidad es una preocupación mayor y persistente que puede agregar estrés a largo plazo. El 44,1% de las mujeres que preservaron fertilidad manifestaron seguridad y el 23,5% esperanza, refirieron que les dio paz durante el tratamiento oncológico y contribuyó a su calidad de vida. El 82% respondió que los principales desafíos fueron el tiempo y las cuestiones financieras. Pero, ¿qué es y cómo se preserva la fertilidad? “Es una rama de la medicina reproductiva creada para dar respuesta a personas que deben someterse a procedimientos médicos que afectarán su fertilidad. Hoy, además, se suman los factores sociales”, comentó la doctora Carlota Lucini, coordinadora del programa de Oncofertilidad de Fundación Repro. En el caso particular de pacientes con cáncer, de acuerdo a la especialista, lo fundamental es trabajar en equipo con el oncólogo para evaluar los efectos y las dosis de las drogas sobre el sistema reproductivo y así decidir cuál es la mejor opción en cada caso en particular. La preservación de la fertilidad, una esperanza luego de superar el cáncer Debido a que el tratamiento afectará, de forma parcial o definitiva, su capacidad reproductiva, hoy por hoy es fundamental el rol de la medicina reproductiva y sus distintas técnicas, que ayudan en la posibilidad de concebir una vez superada la enfermedad. Para ello, es esencial que los profesionales de la salud especializados en oncología den a conocer en el momento indicado la posibilidad de preservar la fertilidad a sus pacientes. Esta garantía de poder concebir a futuro puede mejorar su estado emocional y calidad de vida posteriormente. Transitar la enfermedad con esa esperanza les brinda una fuerza única para lograr superarla, dándoles la oportunidad de proyectar un bebé en el futuro. “Cuando recibimos un paciente oncológico analizamos las mejores opciones y alternativas más viables de acuerdo a su diagnóstico, personalizando el tratamiento para conservar sus gametos. Asimismo, trabajamos en colaboración interdisciplinaria con los distintos especialistas para que el paciente reciba la atención necesaria con la mayor rapidez posible. Estudios científicos recientes han demostrado que es posible iniciar la estimulación de la ovulación en cualquier momento del ciclo, por ello podemos realizar la preservación sin retrasar el tratamiento oncológico”, sostuvo el médico especialista en fertilidad, Fernando Neuspiller, director de IVI Buenos Aires. Actualmente, existen diversas técnicas de preservación de fertilidad. En el caso de las mujeres, las más aplicadas son la vitrificación de ovocitos (congelación de los ovocitos) y la congelación de la corteza ovárica, para ser trasplantada una vez superada la enfermedad (se realiza en aquellos casos que deben iniciar de inmediato el tratamiento de quimioterapia o radioterapia, donde la estimulación ovárica no estaría recomendada así como en casos de niñas pre púberes). En cuanto a los hombres, se utilizan técnicas como la criopreservación o congelación de espermatozoides o la criopreservación de tejido testicular. Es importante que tanto pacientes como profesionales estén al tanto y tengan en cuenta la existencia de estos tratamientos, sobre todo porque generan una esperanza y una razón más para luchar contra esta dura enfermedad.

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El cáncer, en primera persona “Me pude dar el lujo de curarme, volver a ser padre y rearmar una familia”

Si existe palabra con connotación negativa es “cáncer”. Sin embargo, el testimonio de quienes vivieron para contarla puede resultar de gran ayuda para quien atraviesa por ese momento. La historia de Leandro, un sobreviviente Tenía 29 años, una hija de un año y medio, una mujer y su trabajo soñado. Era (es) productor televisivo y venía de grabar en Francia Fort Boyard, un programa que fue éxito en la televisión argentina. Corría el año 1999 cuando Leandro Santagada (48) se disponía a subirse a un nuevo avión en busca de más aventuras: iba a estar a cargo de la producción de Expedición Robinson (otro ciclo que llegaría a triunfar en la pantalla de canal 13). Pero no pudo ser posible. Un bulto en un testículo, que resultó ser un carcinoma, cambió sus planes por los de una cirugía en la que los médicos aseguraron haber “limpiado todo”, y a la que en enero de 2000 -vaya manera de empezar el nuevo milenio- le siguieron ecografías por dolores abdominales y la confirmación que nadie quería escuchar: había metástasis en pulmón y ganglios y urgía comenzar un tratamiento oncológico. Lo que comenzó con una consulta al urólogo terminó con una derivación a Oncología. El panorama cambió radicalmente. Leandro tenía cáncer, estaba confirmado. Ya no era un carcinoma que se mandaba a analizar. Tenía que empezar inmediatamente un tratamiento de quimioterapia. Así se lo dijo Guadalupe Pallotta, la médica oncóloga del Hospital Italiano que lo recibió y de quien hoy se declara casi devoto. “Yo siempre digo que soy ‘Pallotta fan’”, bromeó el hombre durante una entrevista telefónica con Infobae. En el comienzo de la charla que duró más de 40 minutos y con la serenidad propia que da la distancia temporal con lo que le pasó, pero que también adquirió durante ese duro trance, Leandro contó que nunca pensó que se iba a morir. “Jamás me deprimí. Mi ex mujer y mi mamá fueron quienes me dieron la noticia y estaban mal; yo lo único que pensaba era que me tenía que sacar esto de encima porque tenía muchas cosas que hacer, tenía programas al aire”. Por negador, workaholic, inconsciente o vaya a saber qué don innato traído de fábrica, el hombre nunca pensó que algo pudiera salir mal. Aun cuando el panorama no era para nada alentador. La médica le explicó que había que empezar el tratamiento lo antes posible y que iba a ser muy duro porque había que atacar a la enfermedad con la misma inclemencia que ella se estaba comportando. “Me dijo que había pequeño porcentaje de éxito sobre el que había que trabajar y la ‘buena noticia’ es que había medicación para darme”, recordó Leandro. Y que hubiera tratamiento para él no era algo menor. Su papá había fallecido cuando él tenía 16 años por un cáncer de páncreas contra el que médicamente nada se pudo hacer. “En cuatro meses mi papá se murió y sólo podíamos paliarle el dolor; a mí, saber que podía pelearla me dio más fuerza. Si me daban un 1% de probabilidades de curarme yo agarraba viaje”, reconoció. Hubo un detalle nada menor que fue lo que tal vez -piensa hoy- le dio más fuerzas y es que la oncóloga, antes de empezar el tratamiento, le preguntó si tenía hijos y le habló de la posibilidad de la criopreservación como alternativa para volver a ser padre si en el futuro así lo deseaba, ya que la toxicidad de las drogas que usarían para detener al cáncer le impediría lograrlo por las vías naturales. “Ella me estaba hablando de vida, de la posibilidad de volver a ser padre en un momento donde el común de la gente piensa en la muerte”, evocó Leandro y contó: “Me acuerdo que me interné en el sector de Oncología del Italiano y esa misma mañana mi hermano llevó mi muestra para criopreservar, no lo dudé”. A pesar de haber estado siempre al tanto de su cuadro, él nunca pensó que algo malo podía pasarle. “El diagnóstico era complicado y de hecho yo veía que había otras personas que se hacían la quimioterapia de manera ambulatoria, mientras que a mí me internaban una semana”. El “descanso” entre sesión y sesión era de 15 días, en los que los malestares se multiplicaban y la debilidad era total. No llegaba a recuperarse que ya tocaba otra semana internado (cuando no volvía a “caer” en el medio por alguna febrícula o indisposición que había que controlar). Los kilos se le escurrieron como arena entre los dedos, llegó a perder 20 en total. \”Fue muy duro, pero el equipo médico me daba una tranquilidad absoluta\”, aseguró Leandro, quien cumplió cada ciclo de quimio con una entereza que ni él sabía que tenía. “Tuve altos y bajos, lo bueno es que en un momento empecé a responder al tratamiento, sabía que tenía que pasar por todo eso para curarme”, evocó sobre un proceso que lo tuvo desde febrero hasta julio bajo ese sistema de internación semanal y altas que cada vez duraban menos. “Me acuerdo que en junio quise salir porque era el Día del Padre y me dejaron con la condición de que si tenía alguna hemorragia volviera (por esa época solía sangrarle la nariz y había que controlar que no fuera producto de un sangrado interno más severo). Y no sólo tuve que volver sino que ese fue el momento más duro de toda la enfermedad”, relató Leandro. “El cuerpo no daba más por lo agresivo que estaba siendo el tratamiento, fue el momento más duro e incluso le dijeron a mi familia que mi pronóstico era muy reservado”. Esa salida para pasar con su familia el Día del Padre denotaba el único motivo que lo hacía flaquear: su hija. “Lo único que me hacía aflojar era la idea de dejarla a mi nena. Era muy chiquita, y como había empezado a ir a un jardincito no podía verla mucho para evitar que me contagie algo”. “Ella por suerte casi

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