Niña probeta, la lucha para sobrevivir al estigma
La primer \”niña probeta\” celebra con ejecentral su cumpleaños 41; habla sobre los mensajes de odio, la era de las redes sociales y su apoyo a la fecundación in vitro. La fecundación in vitro y el nacimiento de Louise Brown son dos acontecimientos que marcaron el avance de la ciencia y abrió una nueva posibilidad de concepción humana Habían pasado cuatro años desde su nacimiento y Louise no lograba entender lo que sucedía. El primer día de clases no fue como el de cualquier niño de su edad. Cientos de fotógrafos de todo el mundo querían una imagen de ella en su escuela. Las personas se colaban con cámaras a las instalaciones de la escuela para tomar fotografías. La prensa era de lo más extraña. Algunas veces llegaban desde el otro lado del mundo solamente para tomarme fotografías. Me acostumbré a ello”, recuerda. Días antes de entrar a clases sus padres la sentaron en una pequeña silla y, en la televisión, pusieron la grabación de su nacimiento, ella no entendía. “Ellos me dijeron que el principio de mi vida fue diferente al de otras personas. Estaba a punto de entrar a la escuela y querían contármelo, antes de que lo escuchara en el patio, en la voz de los otros niños”, cuenta a ejecentral mientras recorre algún punto de Europa. No hay nada diferente en mí Sus padres no imaginaron el cambio que se gestaría en la ciencia y la humanidad con el nacimiento de Louise. El 25 de julio de 1978, el hospital Oldham de Mánchester, una ciudad al noroeste de Inglaterra, fue testigo del primer llanto de Louise y también de un método que revolucionaría la reproducción asistida. Louise Joy Brown nació aquel día. Sus padres, John y Lesley Brown, no calculan la manera en la que les cambiaría la vida aquel ser humano de sólo dos kilos y 600 gramos. Desde el primer minuto, la primera bebé nacida por fecundación in vitro o la “niña probeta —como se le nombró— fue asediada por las cámaras y los reporteros de todo el mundo. “Ellos no buscaban ninguna fama, ellos sólo querían un bebé. Mi madre no supo, sino hasta que tenía más de tres meses de embarazo, que esta técnica nunca había sido exitosa y que yo iba a ser el primer bebé” que nacería con esta técnica, relató Louise a ejecentral. Lesley Brown —una mujer tímida y reservada, igual que muchas mujeres en el mundo con problemas de fertilidad— y su esposo llevaban nueve años intentando ser padres, pero una obstrucción de las trompas de falopio se los impedía. En esa ocasión, habló con un doctor y “siguió el camino de la esperanza” hasta que lo consiguió. John era un poco más extrovertido, pues siempre apoyó a su esposa en todas las formas, y estuvo en cada paso del proceso, incluso luego de que la familia se convirtió en foco de las cámaras, de estudios médicos, de conferencias, de entrevistas. Con agradecimiento y orgullo, Louise recuerda: “Mi madre era una persona muy tímida e introvertida, para ella pasar por todo eso y darme a luz fue maravilloso”. Experimento en secreto Los señores Brown viajaron miles de kilómetros para realizar el proceso experimental, confiados en que funcionaría y con una absoluta confianza en los médicos. El 10 de noviembre de 1977, los Brown recibían la mejor noticia de sus vidas. El procedimiento de laboratorio, realizado por el fisiólogo Robert Edwards, el ginecólogo Patrick Steptoe y la enfermera especialista en embriología Jean Marian Purdy, había permitido la concepción de la primera “niña probeta”. “Por supuesto, el crédito de mi nacimiento va para Robert Geoffrey Edwards y Patrick Steptoe, los pioneros de la fecundación in vitro, y a mi padre y a mi madre, que nunca se rindieron para tener un bebé y estaban preparados para participar en algo que era desconocido”, dice Louise. Desde su nacimiento, la pequeña viajó alrededor del mundo. Todos querían conocer la historia de la “bebé probeta”. Tanto las pruebas como el embarazo se dieron en secreto, pero la prensa supo del acontecimiento y abarrotaron no sólo el hospital, sino la ciudad. Incluso, al momento del nacimiento, John Brown tuvo que ser escoltado por la policía entre los reporteros. Era tal el acontecimiento que nadie se la quería perder. Los fotógrafos enviaron una falsa amenaza de bomba, para que el hospital fuera evacuado. La pequeña fue sometida a decenas de pruebas para comprobar que no sufría alguna anomalía, incluso antes de que su madre pudiera tenerla en brazos por primera vez. Una infancia ordinaria Tras meses bajo los reflectores, la familia Brown decidió alejar a la pequeña Louise de los medios —o al menos lo intentaron— lo que le permitió tener una vida normal, mientras crecía. Y la “niña probeta” lo recuerda con gusto. “Me sentaba y escuchaba a mis padres dar interminables entrevistas a la prensa y gradualmente obtuve todos los detalles. Cuando cumplí 10 años estuve en la televisión nacional con Patrick Steptoe, otros niños que conocía no recibían esa atención, ni cuando era su cumpleaños o era un evento importante en sus vidas. Aprendí a vivir con ello y para mí es normal, porque he tenido las mismas preguntas y atención durante toda mi vida”. Aunque recuerda que era embarazoso el asedio de los medios durante su adolescencia, se acostumbró a ellos, pues nunca había pasado día sin que las cámaras o reporteros la quisieran conocer y obtener una imagen de ella, la noticia seguía impactando al mundo, incluso con el paso de los años. Pasé por la escuela con el mismo grupo de amigos que, aunque sabían la historia, ellos nunca hicieron mucho alboroto. Tuve una infancia y una escuela muy ordinaria, en mi ciudad natal en Gran Bretaña”, afirma Brown. En la edad escolar, la pequeña no entendía del todo lo que pasaba en su vida. A los diez años comenzó a tener mayor idea de lo que sus padres le habían contado y mostrado en video. “Pero fue




