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Crece el congelamiento de óvulos en Argentina: paso a paso de la vitrificación

Durante 2020 y 2021, aumentaron tanto las consultas como la cantidad de procedimientos. Cómo es y cuánto cuesta hacerlo. La pandemia de coronavirus atravesó a la sociedad desde todos los frentes posibles. En ese contexto, una consecuencia notoria fue el significativo aumento en los tratamientos de preservación de la fertilidad: el congelamiento de óvulos en Argentina creció entre un 20% y un 137%. Se trata de un procedimiento ambulatorio que conviene realizar entre los 25 y 35 años, cuando se da el período más fértil de la mujer. Durante 2020 en la clínica IVI Buenos Aires el incremento fue del 29% respecto a 2019. Ya en 2021, en comparación con el período que va de enero hasta mediados de mayo de 2020, la demanda de tratamientos de vitrificación subió un 137%. Desde el Instituto Médico Halitus, en tanto, detallaron que durante la pandemia aumentaron en un 60% las consultas para preservar la fertilidad por medio de la vitrificación de óvulos, mientras que finalmente los tratamientos realizados subieron un 20% respecto a 2019. Su titular, el doctor Sergio Pasqualini, consideró «lógico» este incremento, «ante la incertidumbre vivida en todo sentido, ya sea de futuro, laboral o económica». En tanto, María Villamil, responsable de la Unidad de Apoyo Psicológico de IVI, se refirió a los posibles motivos del incremento de este tipo de tratamientos: «Creo que las causas pueden ser varias, pero principalmente estamos hablando de un año de pandemia en donde el Covid-19 ha tenido un impacto altísimo a nivel emocional en la mayoría de la población». En ese sentido, también habló de «la incertidumbre que generó el pensar traer un hijo al mundo en este contexto, los miedos relacionados a enfermarse durante el embarazo, parir en un hospital donde hay enfermos de Covid y tener un bebé pensando en la posibilidad de enfermarse». Por su parte, Fernando Neuspiller, director médico de IVI, destacó que «la pandemia y los riesgos de contagiarse de Covid-19 ha implicado que muchas mujeres y parejas pospongan su búsqueda de embarazo». El especialista destacó que la vitrificación permite mantener «la calidad genética» de los óvulos para poder usarlos, «por ejemplo, cuando la crisis sanitaria se termine». Pero, ¿cuándo es el mejor momento para realizar estos tratamientos?, ¿cuál es el costo de los mismos?, ¿cubren las obras sociales y empresas de medicina prepaga el congelamiento de óvulos? Vitrificación, paso a paso Según los expertos de IVI, la edad ideal para «aprovechar la reserva ovárica de la mujer» es entre los 25 y los 35 años. «Luego esto comienza a decrecer notablemente, al igual que la calidad genética de los óvulos», detallaron a Clarín desde esa entidad. ¿Cuántos óvulos hay que congelar? Los especialistas recomendaron preservar más de una vez hasta llegar a un número recomendado de óvulos vitrificados, que se calcula entre la edad de la mujer y el riesgo genético a una edad dada. En qué consiste la vitrificación de óvulos La vitrificación de ovocitos es un proceso de solidificación en el que los mismos son tratados con sustancias criopotectoras y sumergidos en nitrógeno líquido a una temperatura de -196º C, explicaron desde IVI. Todo esto se realiza de forma ambulatoria. Los pasos son los mismos que los de un ciclo de fecundación in vitro: primero se realiza la estimulación de la ovulación aproximadamente durante unos 10 días. Una vez completado esto, se programa la aspiración de los ovocitos, que es un procedimiento mínimamente invasivo que dura unos 20 minutos bajo sedación. En lugar de inseminarlos y fecundarlos se realiza la vitrificación, y quedan así almacenados en nitrógeno líquido. ¿Cuánto tiempo pueden guardarse los óvulos congelados? Los ovocitos se pueden mantener crioconservados durante todo el tiempo que la persona desee o necesite. Actualmente no existe una limitación en el tiempo, sostuvieron los profesionales de IVI Buenos Aires. Desde Halitus, en tanto, aseguraron que «el tiempo más prolongado de mantener óvulos criopreservados con nacimiento al descriopreservarlos, en el mundo, es de 14 años y fue logrado en nuestro instituto». Congelamiento de óvulos, obras sociales y empresas de medicina prepaga Los voceros de IVI explicaron que estos tratamientos se realizan de modo particular, salvo excepciones reglamentadas por ley. «Las obras sociales cubren el tratamiento en caso de necesidad médica como la oncológica, por ejemplo, pero no la preservación por causas sociales», dijeron. La Ley 26.862 de producción médicamente asistida, en el artículo 8°, indica (entre otros puntos): «También quedan comprendidos en la cobertura prevista en este artículo los servicios de guarda de gametos o tejidos reproductivos, según la mejor tecnología disponible y habilitada a tal fin por la autoridad de aplicación, para aquellas personas, incluso menores de dieciocho (18) años que, aun no queriendo llevar adelante la inmediata consecución de un embarazo, por problemas de salud o por tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas puedan ver comprometidas su capacidad de procrear en el futuro». Cuánto cuesta el tratamiento El valor aproximado del tratamiento de vitrificación de óvulos en varios centros especializados en Buenos Aires arranca en $150.000 ¡¿SABÍAS QUE FUNDACIÓN REPRO TE AYUDA A PODER ACCEDER AL TRATAMIENTO?! Para lograr que cada vez más mujeres se informen y accedan a la posibilidad de vitrificar sus óvulos; lanzamos esta campaña. En convenio con  Halitus Instituto Médico te ofrecemos la posibilidad de vitrificar tus óvulos cubriendo hasta un 50% del procedimiento. ¡Abrazá tu Fertilidad! Informate sobre la Campaña   Fuente: Clarín

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Fertilidad y COVID19: herramientas para afrontar la espera de un tratamiento

Por Lic. Patricia Martinez, psicóloga, M.N. 24.411 especialista en familia, de Halitus Instituto Médico Las emociones que se ponen en juego a esta altura del confinamiento no son las mismas que al comienzo. Antes, el miedo, el pánico, la incertidumbre y la angustia dominaron la atmósfera emocional de todos. Conforme fueron pasando los días, “nos acomodamos” a esta nueva realidad, y pasó de ser “ciencia ficción” a ser algo cotidiano, que desgasta y agota. Pero también nos permite retomar nuestros viejos conflictos, quejas y sinsabores, que no amenazan nuestra vida pero que nos aquejan y generan malestar a diario. Entre las cosas que se recuperan, comienza a reinstalarse el deseo y la búsqueda del hijo, que quedó en pausa por la pandemia y la cuarentena. Para los que transitan el camino de la infertilidad, el estar “esperando” es un estado que les es familiar. Siempre esperan un resultado para planificar una acción y luego esperan el resultado de esa acción para planificar otra. A menudo escuché decir “me gusta más cuando me mandan a hacer ejercicios, dietas o tomar alguna medicación, porque solo esperar me parece que es perder el tiempo”. Quizás sea este el primer concepto que hay que rever, quizás el tiempo hay que transitarlo, que no es lo mismo que perderlo. La llegada de la pandemia obligó a muchas personas o parejas, a otra espera, que es la de poder hacer el tratamiento. Esta otra espera, no hace más que sumar sentimientos de incertidumbre y ansiedad. No solo en aquellos a los que los corre el reloj biológico. Porque al final, se pone en espera un deseo muy íntimo, que uno quiere lograr ya. Ahora bien, ¿cómo transitamos el tiempo sin que nos invada la sensación de pérdida o desesperación? ¿Cómo afrontamos este tiempo nuevo inaugural de la “espera de la espera”? Algunas sugerencias que van a poder ayudarnos: No idealizar, no suponer que hay soluciones mágicas para este momento. Seguir las indicaciones de sus médicos que siempre los acompañaron y aconsejaron. No generalizar, no hacer teorías generales a partir de algún caso en particular que escucharon. Suponer que un caso aislado es la realidad puede costar muy caro. Consulten, hoy más que nunca, con profesionales idóneos y recomendados. No aislarse a pesar de la cuarentena. El aislamiento aumenta las chances de ansiedad y angustia. Seguir en contacto. Si los grupos de pertenencia habituales están muy centrados en temáticas que incomodan, buscar otros. Existen muchos lugares que están dando apoyo virtual. No poner la vida en pausa. Ni por la pandemia, ni por la búsqueda de un hijo. Es importante sostener nuestra vida dentro de los límites normales. No abandonar la propia vida, tanto si el embarazo llega como si no. Más vale no haber puesto toda la vida en un proyecto que puede ser muy valioso, pero no tiene por qué ser el único Entender la importancia de esperar en este momento, para poder avanzar en el camino de la búsqueda de un hijo. Contra la psicosis que genera la pandemia, no se cerraron los caminos, ni se anularon los tratamientos de fertilidad. Solo esperamos para estar enteros, plenos y fortificados para acompañar cada búsqueda y cada desafío con el fervor de siempre. El fervor que anima cada búsqueda y cada encuentro con un hijo. “Esperar para poder esperarte”, puede ser un lindo mensaje para que alguien pueda darle a su hijo el día de mañana cuando le cuente la “prehistoria” de su llegada al mundo.  

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La ciencia detrás de los nuevos modelos de familia

El nacimiento de Louise Joy Brown fue “el más esperado en, quizá, 2000 años”, catalogó oportunamente la revista Time. Es que, el 25 de julio de 1978, esta mujer británica, que este año celebrará su 43° cumpleaños, abría sus ojos al mundo y se convertía así en la primera persona gestada gracias a un tratamiento de fecundación in vitro (FIV). Pronto su rostro estuvo en la portada de los principales diarios del mundo y, desde entonces, los avances en materia de fertilidad han ido evolucionando a lo largo del globo al punto de que, cada año, se estima que nacen cerca de medio millón de bebés merced las técnicas de alta complejidad (AC), como la FIV y la microinyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI). Como parte de este camino, la ciencia no solo demostró un enorme poder para ayudar a las parejas a poder concebir, sino que, también, se convirtió en una suerte de vector para acompañar (y hasta adelantarse a) los nuevos modelos de familia que se van conformando en la sociedad, permitiendo a parejas del mismo género o mayores así como a mujeres y hombres solos alcanzar un sueño, difícil de pensar hace medio siglo. Así lo entiende el médico Sergio Pasqualini, director Científico de Halitus, el centro de fertilidad que fundó en 1987, por que ya pasaron más de 147.000 pacientes, testigo de más de 25.000 nacimientos, 8000 de los cuales fueron por AC. Recientemente, junto con su hijo Agustín Pasqualini, también especialista en salud reproductiva y director Médico de Halitus, y parte del equipo de trabajo, publicó el libro Nuevas familias. Cómo la ciencia nos cumple el sueño de ser padres (Aguilar). Allí, comparten historias de superación e inspiración que dan cuenta de los cambios vertiginosos que atraviesa la familia, en tanto institución, y de cómo las nuevas posibilidades de gestación, a través de la formación de embriones, estimulación ovárica y de esperma, criopreservación de gametas abren las puertas para concretar el sueño de tener un hijo tanto a parejas como a mujeres y hombres solos. “Las nuevas familias son una realidad, son todas producto del amor y, seguramente, aparecerán más. Este libro refleja en los testimonios parte de la historia vivida por una pequeña muestra de estas familias”, comparten padre e hijo en diálogo exclusivo con Infobae. —Desde la práctica, ¿están notando muchos cambios en las conformaciones de familias? —Los cambios sociales, científicos y culturales son los que acompañaron y permitieron la existencia de muchas de las nuevas familias con hijos. Esto es lo que quisimos reflejar en nuestro libro. Las vivencias desde el interior de nuestro instituto, a través de los testimonios de pacientes, así como de nuestros profesionales. Profesionales de mayor trayectoria en el tiempo, como en mi caso, de la generación de los 70, y de la de Agustín y del resto de nuestro equipo, la generación de los 40. La generación de los 70 que vivimos con el nacimiento del primer “bebé de probeta” en 1978 el inicio de una nueva era en cuanto a las posibilidades de lograr tener un hijo, no solo por motivos médicos, sino también por motivos sociales, como ser en el caso de parejas gay. —¿Cuáles son los cambios más importantes en torno a los tratamientos en reproducción asistida del último lustro? —Los cambios fueron paulatinos en el tiempo, existiendo hitos fundamentales como fueron la aparición de la FIV, del ICSI (inyección de un espermatozoide dentro del útero para realizar la FIV), la criopreservación de embriones, la criopreservación con éxito de óvulos. Hace 30 años era la pareja heterosexual la que nos consultaba, cosa que, con el tiempo y con las posibilidades que fueron surgiendo, se fueron sumando parejas homosexuales de hombres, mujeres, mujeres solas y, con mucha menor frecuencia, hasta de hombres solos. La sanción de la ley 26.862 de cobertura de los tratamientos de fertilización asistida, en 2013, abrió las puertas a que parejas que antes no tenían acceso desde lo económico pudieran hacerlo. —Desde el inicio de la pandemia, ¿notaron cambios en la tendencia de tratamientos? ¿La cantidad mermó o se mantuvo? —Con la pandemia y el inicio de la cuarentena cesaron los tratamientos, para luego ser retomados con normas y protocolos estrictos, a partir del mes de octubre. Lo que no mermó fue la demanda, cosa que ocurrió en todo el mundo. Los que tenían y tienen el deseo de ser padres lo siguieron manteniendo, solo les aumentó la ansiedad por las contingencias que trajo la pandemia y por el hecho de tener que esperar para realizar los tratamientos. Paralelamente, aumentaron en un 60% las consultas para explorar la idea de preservar la fertilidad por medio de la vitrificación de óvulos. Es lógico, ante la incertidumbre en todo sentido, de futuro, laboral y económico. —Sergio, en su libro Cuidar la fertilidad, de 2015, mencionaba que una de cada seis parejas tenía problemas para concebir de forma natural. ¿Esta cifra se sostiene hoy, siempre hablando de grandes ciudades y centros urbanos? —Esta cifra se puede decir que se mantiene, es lo que se sigue diciendo. Hoy se realizan más tratamientos de alta complejidad (FIV/ICSI) dado que las mujeres buscan hijos más tarde, consultan con más edad, y eso hace que se encare el tratamiento sin demoras en el tiempo, es un manejo distinto a los que realizábamos años atrás. El factor que más vemos es la menor reserva ovárica, porque la edad de consulta es cada vez mayor, tanto es así que el 35% aproximadamente de los tratamientos que realizamos son con óvulos donados. Cambió lo sociocultural, pero no cambio lo biológico. La vida útil de los ovarios sigue siendo la misma, quizás hasta algo menor, incluso, por la disminución de la fertilidad en las mujeres que vamos viendo en las últimas décadas. La fertilidad de las mujeres y de los hombres no es la misma que hace 50 años. —¿Qué cantidad de nacimientos que hay en la Argentina, por año, por tratamientos de fertilidad? —La mayoría de los centros reportan al Registro

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En pandemia, aumentaron un 60% las consultas para vitrificar óvulos

Los cambios socioculturales y los avances científicos muestran cómo se posterga la búsqueda de los hijos y el surgimiento de nuevos tipos de familia. Hay un fenómeno que se viene evidenciando desde hace algunos años, pero desde que se desató la pandemia atraviesa un boom. Se trata de la vitrificación de óvulos, que por razones personales, sociales o de otro tipo gana cada vez más adeptos en la Argentina. “Las consultas para vitrificar óvulos aumentaron desde que se presentó la pandemia en un 60%. El motivo es la incertidumbre que trajo la pandemia en cuanto al futuro, al trabajo, a lo económico, no sólo en aquellas mujeres que tienen el deseo en el futuro cercano, sino en aquellas que lo ven como una apuesta para más adelante, inclusive algunas que tienen pensado nunca tener hijos, ante la eventualidad de que pudieran cambiar de idea”, explicó el doctor Sergio Pasqualini, referente en medicina reproductiva y director científico del Instituto Médico Halitus. A lo largo de los años, los avances de la ciencia permitieron a muchas personas concretar su deseo de tener un hijo, pero en momentos en que la incertidumbre está presente muchos optan por postergar su concreción. De esta manera, la vitrificación es un gran avance tecnológico que implica la extracción de los óvulos de la mujer, los cuales luego se almacenan en un laboratorio y se conservan en nitrógeno líquido a -196 ºC. “La vitrificación de óvulos no afecta su calidad. Por lo tanto, si la evaluación previa de su reserva ovárica es aceptable, la mujer estaría en condiciones de hacerlo”, explicó Pasqualini, quien acaba de publicar el libro Nuevas Familias, donde junto al médico Agustín Pasqualini, recopilaron historias de aquellos que acudieron a la ciencia para cumplir el deseo de ser padres. De todas maneras, independientemente de la edad de la madre que consulta, destacan que es importante explorar cómo se encuentra la reserva ovárica, dado que hay casos en los que, por ejemplo, a los 35 años no califican para este procedimiento, mientras otras a los 40 sí. En esta línea, hay otro tema relacionado con la maternidad que en este siglo se escucha cada vez más: la gestación por sustitución. “No hay una ley que regule la gestación por sustitución, pero tampoco hay una ley que la prohíba. Al no haber ley, todo lo que no está prohibido está permitido. Nuestro programa de gestación por sustitución nació en el año 2011, y en el 2013 logramos que por primera vez la Justicia dictaminase que los padres que tuvieron la voluntad procreacional, no la madre gestante, es decir, la que llevó adelante el embarazo, fuesen declarados como los padres para la ley. Hasta ese momento para la ley argentina la madre era la que parió”, resaltó el médico. Por último, Pasqualini señala que desde Halitus registraron una curva ascendente en cuanto a las consultas por subrogación de vientre. Entre 2011 y 2021 recibieron un total de 671, de las cuales 154 se registraron en 2020; 459 casos son familias biparentales, 130 homoparentales, 82 monoparentales

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¿La pandemia provocó un descenso en la natalidad?

La tasa de natalidad en EEUU se redujo 4% en 2020 y es la más baja de la historia. La crisis sanitaria global aceleró la tendencia entre las mujeres estadounidenses de retrasar el embarazo. ¿Qué pasa en la Argentina y cuáles son las causas, según los especialistas? Cuando se evalúan y dimensionan los efectos a largo plazo que la pandemia por COVID-19 dejará en la humanidad, se piensa en lo netamente médico y psicológico referido a la salud de las personas. Ahora, un nuevo informe del gobierno estadounidense dejó ver que la tasa de natalidad disminuyó por sexto año consecutivo en 2020 en ese país, hecho que los especialistas analizan como una evidencia temprana de cómo la pandemia de coronavirus aceleró una tendencia entre las mujeres de ese país de retrasar el embarazo. Los nacimientos cayeron alrededor de un 8% en diciembre en comparación con el mismo mes del año anterior, según mostró un desglose mensual de los datos del gobierno, que reveló que diciembre tuvo la mayor caída y, durante todo el año, los nacimientos disminuyeron un 4%. Así, el año pasado hubo 3.605.201 nacimientos en los Estados Unidos, el número más bajo desde 1979. Además, las cifras evidencian que la tasa de natalidad, medida como la cantidad de bebés por cada mil mujeres de 15 a 44 años, cayó alrededor del 19% desde su pico reciente en 2007. La disminución de la tasa de natalidad es solo una parte del panorama demográfico cambiante de Estados Unidos. Combinado con una nivelación sustancial de la inmigración y el aumento de muertes, la población del país durante la última década se expandió al segundo ritmo más lento desde que el gobierno comenzó a contar en el siglo XVIII. La pandemia, que elevó la tasa de mortalidad y aumentó aún más la tasa de natalidad, parece haber profundizado esa tendencia, publicó The New York Times. Kenneth Johnson es demógrafo de la Universidad de New Hampshire y calculó que, junto con el aumento de las muertes, un 18% más que en 2019, la caída de los nacimientos está contribuyendo al envejecimiento de la población estadounidense: en un total de 25 estados había más muertes que nacimientos el año pasado, en comparación con cinco a fines de 2019. “La tasa de natalidad es la más baja que jamás haya existido”, dijo el experto, para quien “en algún momento la pregunta va a ser: las mujeres que retrasaron tener bebés, ¿alguna vez los van a tener? Si no lo hacen, es una muesca permanente en la estructura de nacimientos en Estados Unidos”. Los nacimientos tienden a descender después de las crisis económicas, ya que las mujeres posponen tener bebés debido a la incertidumbre con respecto al trabajo y los ingresos. La tasa de natalidad se redujo drásticamente a principios de la década de 1930, después de que una caída del mercado de valores precipitara la Gran Depresión. Pero repuntó unos años más tarde, una vez que la economía comenzó a recuperarse. Sin embargo, la reciente caída, que comenzó después de la Gran Recesión en 2008, continuó, a pesar de las mejoras en la economía. Este patrón inusual llevó a los demógrafos a preguntarse si está sucediendo algo más. “Es un gran cambio social en los Estados Unidos”, opinó Alison Gemmill, demógrafa de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins que estudia la fertilidad. “Un cambio gradual de la formación de la familia a edades posteriores”. En la Argentina, según indicaron a Infobae fuentes del Ministerio de Salud de la Nación, cartera a cargo de la publicación anual de esos indicadores, “la tasa de natalidad de 2020 todavía no está actualizada, debido a que siempre se cierra al año siguiente”. Sin embargo, algunas cifras dejan ver que la tendencia sería similar a la evidenciada en los EEUU. El médico obstetra y director de la Maternidad Ramón Sardá Eduardo Valenti (MN 48.574) informó que “en la ciudad de Buenos Aires, hubo en 2020 una disminución de la natalidad del 18% en relación a 2019”. “Un relevamiento de las 12 maternidades públicas de CABA arrojó que nacieron el año pasado 16.997 niños, y en general un número similar ocurre en el ámbito privado”, aseguró a este medio el profesor titular de Obstetricia de la Facultad de Medicina de la UBA. En el ámbito porteño, según Valenti, la tasa de natalidad “fue disminuyendo desde 2016 como en todas las grandes ciudades”. Puntualmente en los últimos dos años había bajado un 15% en 2019 y lo hizo tres puntos porcentuales más durante el primer año de pandemia. La causa, para él, es que “los programas de planificación familiar dieron sus frutos y empoderaron a las mujeres para tener más conciencia de sus embarazos”. Y en lo que respecta a 2020 reconoció que esperaban en los meses de diciembre, enero y febrero “una lluvia de partos producto de los primeros meses de cuarentena y eso no ocurrió”. En su interpretación, el fenómeno tiene que ver con que “la gente al estar más en sus casas tuvo más relaciones sexuales, lo que se evidencia en que nunca se suspendió la provisión de anticonceptivos y preservativos en los hospitales ni los médicos dejaron de recetarlos, ya sea de manera presencial o virtual, pero evidentemente se cuidaron con más planificacion”. Valenti contó que en la Maternidad Sardá ocurrió un hecho inédito y es que fue el único hospital materno infantil de la ciudad donde aumentaron los partos en 2020. “Tuvimos un 3% más de nacimientos respecto a 2019 y creemos que es porque el sistema de salud se vio colapsado por casos de COVID-19 y con todo asidero las mujeres que no querían ir a los hospitales y se dirigieron a la Sardá, donde teníamos muy pocas internaciones por esa patología”, analizó, al tiempo que consideró que allí las futuras madres “se sienten más protegidas”. Por su parte, el centro de medicina reproductiva IVI Buenos Aires, durante 2020 vio reducida en un 49% la demanda de los tratamientos de reproducción asistida.

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La hormona antimülleriana: un marcador de fertilidad femenina

Su nivel en sangre es un fiel indicador de la reserva ovárica y refleja con más exactitud la edad reproductiva en la mujer. Los especialistas en fertilización asistida recomiendan este análisis como uno de los más útiles en la evaluación temprana de la fertilidad. Cada vez es más frecuente que las parejas se formen tarde, los matrimonios se demoren y la maternidad quede postergada por razones de realización personal o estabilidad laboral. Sin embargo, los especialistas en reproducción advierten acerca de los peligros de postergar demasiado la búsqueda del primer bebé. Lo que sucede –dicen los médicos– es que se comienza la búsqueda del embarazo cada vez más cerca de la edad del deterioro de la fertilidad femenina e incluso, los tratamientos suelen ser menos eficaces en mujeres de más de 35 años porque disminuye la reserva ovárica, baja la calidad de los óvulos y con ello la posibilidad de embarazos. Las recomendaciones incluyen una evaluación temprana de la reserva ovárica a través del análisis de ciertas hormonas como LH, FSH, y antimülleriana (AMH), que junto con una ecografía al inicio del ciclo, permitirían tener un panorama más completo de la fertilidad de la paciente. “El ovario femenino y con él la fertilidad femenina declinan a partir de la primera menstruación. Inicialmente ese declive es muy lento pero a la edad de 37 ó 38 años aproximadamente, cuando se cree que el ovario tiene cerca de 25.000 folículos, el descenso de la fertilidad se acelera hasta que alrededor de los 1.000 folículos, se alcanza la menopausia, a la edad de 51 o 52 años”, señaló el doctor Sergio Pasqualini. Los estudios hormonales –agregó el especialista– pueden ser analizados en relación a la edad de la paciente y permiten determinar el estado de la reserva ovárica. Si surgiera alguna alarma, podemos aconsejar buscar el bebé sin demora o bien intentar congelar óvulos. Pero lo ideal es siempre criopreservar óvulos antes de esa alarma y recordar que el período más fértil de la mujer es alrededor de los 25 años, disminuye lentamente hasta los 30 y algo más hasta los 35, acentuándose a partir de ese momento. Una hormona clave La hormona antimülleriana es una glicoproteína que actúa en la diferenciación sexual embrionaria. Producida en el varón por las células de Sertoli del testículo, su acción en la etapa fetal es la regresión de los conductos müllerianos como útero, trompas de Falopio y vagina para el desarrollo normal del feto masculino. Sin embargo, en las mujeres se produce en la etapa adulta a partir de las células de la granulosa de los folículos pre-antrales y antrales pequeños y tiene una aplicación clínica importantísima en los estudios previos a la inducción de la ovulación. Se la utiliza para evaluar la fertilidad en la mujer porque, a diferencia de la FSH, puede ser medida en cualquier momento del ciclo y refleja mejor la reserva ovárica. Consultada por Faba-Informa, la doctora Cecilia Zylbersztein, con una amplia experiencia en el tema, señaló que “hace unos años los médicos pedían el dosaje de inhibina B en fase folicular temprana conjuntamente con FSH y Estradiol para evaluar la fertilidad, pero en los últimos años se incorporó la determinación de la hormona antimülleriana, que de acuerdo a la literatura, es un mejor marcador de reserva ovárica, de respuesta a tratamientos de estimulación y de posibilidad de embarazo”. Y eso se debe fundamentalmente a que la inhibina B fluctúa del mismo modo que lo hace la FSH en los distintos ciclos, en cambio la antimülleriana no está regulada por FSH. La hormona antimülleriana –agregó la especialista– que regula la incorporación de folículos al pool de crecimiento y asegura una mono-ovulación, cuando está en niveles muy elevados, que es lo que sucede en mujeres con ovarios poliquísticos, inhibe la acción de la FSH determinando anovulación. “A las mujeres jóvenes que por ejemplo, en varios ciclos no respondieron a un tratamiento de estimulación, se les está empezando a medir la hormona antimülleriana en etapas más precoces”, sostuvo. Zylbersztein, quien acaba de publicar una revisión acerca de la influencia de esta hormona en la salud reproductiva de la mujer en la revista de Endocrinología Ginecológica y Reproductiva, comentó que “para nuestra sorpresa, así como hay mujeres de 35 años que tienen un nivel de hormona antimülleriana absolutamente normal, hay chicas de 28 años con niveles hormonales que no se condicen con lo esperable para la edad. En esos casos puede ser que hayan actuado noxas, efectos de contaminación ambiental, o una predisposición hereditaria que determinaron un envejecimiento ovárico acelerado, mayor del que correspondería a la edad cronológica”. La reserva ovárica se puede definir como la cantidad de folículos y la calidad de sus ovocitos. La pérdida de ese capital folicular, que desde el nacimiento hasta la pubertad de la mujer fisiológicamente sucede por atresia o apoptosis, continúa en la edad fértil y disminuye con los años. Muchas veces la edad cronológica no es un buen indicador de la edad reproductiva de la mujer. “Hay trabajos que han medido los valores de la hormona antimülleriana a través de las distintas etapas de la vida en las mujeres y si bien se observó una gran dispersión en los valores para cada grupo etario, se demostró que disminuía significativamente con el aumento de la edad hasta hacerse no detectable en la menopausia. Cuánto más alto era el valor de la hormona mayor el número de folículos disponibles con una mejor respuesta a la estimulación ovárica. Valores muy elevados de la AMH, en general asociados a pacientes con ovarios poliquísticos, requieren un mayor cuidado en los tratamientos de estimulación para evitar los riesgos de una hiperestimulación ovárica”, señaló Zylbersztein. El dosaje de esta hormona puede ser decisivo ante un tratamiento de fertilización asistida. “En este momento los grupos dedicados a fertilización asistida son los que más piden esta determinación hormonal en sangre porque la consideran un parámetro de mucho peso, y no me parece mal porque es una manera de caracterizar eficientemente a una paciente antes

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Contagiarse coronavirus no afectaría la fertilidad femenina

Es el resultado preliminar de un estudio realizado en España con pacientes que habían tenido COVID-19 durante 2020. En países como la Argentina, hubo más mujeres que congelaron óvulos. Con la aparición del coronavirus y su propagación por el mundo, cada día se presentan nuevas preguntas sobre el verdadero impacto que tiene en todas las personas. Investigadores del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) se preguntaron si la reserva ovárica de las mujeres puede verse afectada por la enfermedad COVID-19 y se pusieron a buscar la respuesta. Los resultados preliminares del estudio que hicieron demuestran que la fertilidad de las mujeres no estaría afectada después de padecer la infección. Los investigadores liderados por el director, Antonio Requena, contaron que la información que se conoce sobre los efectos del virus en el ámbito reproductivo sigue siendo muy limitada. “Fue hace casi un año, en base a las recomendaciones y las medidas de prevención marcadas por las autoridades, cuando pudimos retomar la actividad en las clínicas IVI. Al mismo tiempo, surgió la necesidad de conocer la realidad a nivel reproductivo de las personas infectadas por coronavirus”, contaron. ¿Puede afectar la infección por COVID-19 en la reserva ovárica de la mujer? “Entre mayo y junio de 2020, realizamos un estudio con 46 pacientes de las clínicas IVI en España, que habían superado la infección por coronavirus. Todas las participantes contaban con un estudio previo de la prueba de la hormona antimülleriana (AMH, por sus siglas en inglés) en los seis meses anteriores. Los resultados de la investigación fueron muy positivos, arrojando que pasar esta enfermedad no afecta al estado de la reserva ovárica. Por ello, podemos asumir que las posibilidades de éxito de un tratamiento reproductivo permanecerán intactas”, contó Requena. La prueba mide el nivel de AMH en la sangre. Esa hormona se fabrica en los tejidos reproductivos del hombre y de la mujer. La función de la hormona y sus niveles dependen de la edad y el sexo. En la mujer, los niveles de la hormona pueden dar información sobre la capacidad de quedar embarazada. También la prueba se puede usar para diagnosticar problemas menstruales o para controlar la salud de mujeres con ciertos tipos de cáncer de ovario. En el caso del estudio en España, las 46 participantes en el estudio fueron divididas en dos grupos, en base a sus niveles previos de hormona antimulleriana. Por un lado, 16 pacientes respondedoras bajas con una media de edad de 38,6 años. Por el otro, pacientes respondedoras normo-altas, las 30 restantes, con una edad media de 34,7. En ninguno de los dos grupos de pacientes se encontró indicios de que la COVID-19 provoque una disminución de la reserva ovárica. La conclusión preliminar del estudio sería alentadora para aquellas mujeres con baja reserva ovárica, previa a la infección por coronavirus. “Los resultados obtenidos son esperanzadores para las mujeres infectadas de COVID-19. A pesar de ello, de cara a las previsiones reproductivas, serán necesarios más datos para sacar conclusiones firmes. Por ello, será fundamental aumentar el tamaño de la muestra, para comprobar que los resultados se mantienen en esta línea”, concluyó Requena. “El impacto del COVID-19 en los pacientes es muy variable. Hay gente que se recupera totalmente y otras personas que quedan con secuelas. Los ovarios son órganos sensibles. Por lo cual, considero que hay que hacer más estudios con más pacientes para analizar cuál es el verdadero impacto del coronavirus sobre la reserva ovárica de las mujeres. Ante la incertidumbre de la pandemia, algunas mujeres han decidido postergar los tratamientos de fertilidad y otras congelaron óvulos” agregó el doctor Sergio Pasqualini Cuando nacen, las mujeres cuentan con un número determinado de óvulos que, en principio, cubre toda la vida fértil. De manera natural, la cantidad de óvulos disminuye cada mes. La prueba de reserva ovárica permite conocer los óvulos disponibles de la paciente. Durante 2020 y con la vigencia de los confinamientos por la pandemia, hubo mujeres que decidieron postergar tratamientos de fertilidad y congelar óvulos. En la clínica IVI de Buenos Aires, la demanda para congelar óvulos creció de forma exponencial, siendo un 34% más de lo habitual. Muchas de las que eligieron esa opción eran pacientes oncológicas, con baja reserva ovárica o mayores de 38 años que no podían esperar a que se retomara la actividad de la medicina reproductiva, ya que la espera afectaría considerablemente su posibilidad de lograr un embarazo. Según explicó Fernando Neuspiller, especialista en reproducción asistida y director de IVI Buenos Aires, a partir de los 35 años la reserva ovárica empieza a bajar o se está llegando a una edad límite para lograr el embarazo de forma espontánea. “La vitrificación es una forma de actuar en el presente pensando en el futuro. La tecnología puede ayudar en estos momentos en que los fenómenos externos cambian nuestros planes”.

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Pandemia y donación de óvulos: ¿cuáles son mis opciones para acelerar tiempos?

Entre todas las modificaciones que trajo la pandemia que impactan directo en la vida de las personas, la reproducción asistida no fue la excepción. Para la ovodonación en particular la disponibilidad de donantes se complicó. Previo a la pandemia, el tiempo de demora desde el ingreso al programar hasta el tratamiento, era de 3 meses. Pero ahora es incierto: en primer lugar, porque el año pasado se suspendieron hasta octubre los tratamientos, y eso produjo la acumulación de pacientes en lista de espera.  En segundo lugar, cuando se reiniciaron se los hizo a un ritmo menor por la necesidad de mantener estrictos protocolos. Por último, algunas mujeres prefirieron esperar para donar, y en algunos casos la sugerencia fue nuestra, si la persona vivía en un contexto de mayor exposición. En este contexto, los tiempos se alargan y se acortan, con esperas que pueden llegar a más de 6 meses. Por eso, se presenta la opción de recurrir a bancos de óvulos ¿conviene? La donación de óvulos involucra el manejo y el tratamiento de dos pacientes: la donante y la receptora. Su éxito va a depender de una serie de factores como: la edad de la donante, la calidad de los óvulos, la respuesta a la estimulación ovárica de la donante y la receptividad del endometrio de la receptora. Los tratamientos con donación de óvulos difieren de los realizados con óvulos propios en que las donantes son mujeres jóvenes sin problemas de fertilidad y que los potenciales efectos contraproducentes que la estimulación ovárica puede producir sobre el endometrio no se presentan, dado que la transferencia se lleva a cabo en el útero de la receptora, preparado de una manera diferente. En la actualidad, los tratamientos con óvulos donados son un porcentaje importante de los tratamientos realizados, dado que las mujeres buscan embarazo a una edad más tardía, y se da tanto en aquellas que buscan su primer hijo, como en otras que, para tener otros hijos, se encuentran en la necesidad de recurrir a la donación. Los bancos de óvulos Con el advenimiento de la vitrificación, que mejoró de manera notable los resultados de la criopreservación, empezaron a surgir los bancos de óvulos.  Esto permitió realizar tratamientos sin necesidad de la sincronización, ni del tiempo que conlleva hacerlo en fresco, dada la lista de espera de las pacientes. Tiempo variable según la disponibilidad de donantes y de pacientes en espera.  Previo a la pandemia, la demora para realizar el tratamiento era de no más de tres meses, ahora es un poco más incierto por los meses en los que el programa estuvo suspendido, pero ya se trabaja en acelerar los tiempos. Los bancos de óvulos, dependiendo de donde sean, permiten tener más información de las donantes, ya sea sobre su persona, su genética, sobre el lugar de origen, incluso se pueden ver catálogos con fotos. En Argentina, si bien se tiene información, suele verse limitada porque es anónima. Entonces se trabaja tomando en cuenta la raza y las características físicas de la donante y de la receptora como para que coincidan. También, hecho no menor en estos momentos, permite acortar los tiempos, dado que en cuanto se reciben los óvulos del Banco se puede proceder a realizar el tratamiento, sin necesidad de tiempo de espera. Tratamiento con óvulos en fresco Es posible que los óvulos en fresco tengan mejores tasas de embarazo que los de banco. Pero también, cuando se sincronizan los ciclos de la donante y receptora, puede pasar que la respuesta a la estimulación de la donante no sea satisfactoria, o por algún otro motivo, se tenga que cancelar el ciclo, cosa más engorrosa aun cuando se trata de pacientes que viajaron del interior del país o del extranjero para realizar el tratamiento. Esto no ocurre cuando se lleva a cabo el tratamiento con óvulos de banco. Las donantes Las donantes de óvulos son parte fundamental y son las que posibilitan que muchas personas, que necesitan recurrir a ellas, puedan formar una familia con hijos. Surgen por recomendación de mujeres que ya lo hicieron, de boca en boca, y de campañas llevadas a cabo en las redes sociales. Para formar parte del programa de donantes deben reunir una serie de condiciones. Y, si bien reciben una compensación por las molestias generadas y el lucro cesante, en general la motivación se relaciona TAMBIEN con las ganas de ayudar al prójimo. Óvulos en fresco vs de banco Los bancos de óvulos existen y son una buena alternativa, sobre todo en tiempos de pandemia, siempre que las tasas de éxito que se tengan con determinado banco sean similares a los resultados logrados cuando se realizan los tratamientos con óvulos en fresco. El inconveniente radica en que es mayor su costo, y algunos financiadores no cubren el banco. Por su parte, los óvulos en fresco, si bien conllevan una mayor demora, incluso más ahora por la pandemia, no suele ser tan grave como cuando se está intentando lograr el embarazo con óvulos propios y se tiene una baja reserva ovárica, ahí sí, el paso de los meses puede complicar las posibilidades de éxito. En la espera para realizar el tratamiento de ovodonación es cuestión de manejar la ansiedad, sentirse y estar acompañados, saber que el tratamiento va a llegar y saber que existen buenas chances de lograr el embarazo. Tener toda la información es la base para tomar decisiones.

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Pandemia: ¿conviene plantearse metas de corto plazo para evitar frustraciones?

En un 2021 que se plantea a priori no muy diferente al 2020 en lo referido a la situación sanitaria, planificar y plantearse objetivos parece difícil. ¿Cómo generar estímulos cuando las dudas son más que las certezas? La opinión de cuatro expertas en Psicología El año pasado fue sin dudas, uno de los años más traumáticos de la historia contemporánea, que quedará para siempre en la memoria colectiva. Una pandemia irrumpió de manera inesperada en nuestras vidas, dejando inconclusos muchos de los objetivos que más de uno se propuso el primer minuto de 2020 al levantar la copa. En pausa quedaron viajes, bodas, fiestas de egresados, mudanzas, proyectos, la vida… Con más certezas, pero todavía muchas dudas, comenzó un nuevo año y es inevitable renovar las esperanzas. Casi que viene impresa en el ADN humano esa necesidad de creer que algo superador está por venir y que la página por escribirse será mejor que la que quedó atrás. “Despedimos un año épico, que nos convocó a una sensación unánime de pérdida”. Para la licenciada en Psicología Luján Rossetto (MN 45356) “al margen de que para muchas personas hayan existido oportunidades y grandes aprendizajes, el dolor que todo esto implicó de manera colectiva es innegable”. En ese contexto, “se percibe, se intuye que lo que viene probablemente al menos en el corto plazo no va a ser muy diferente en cuanto que se sabe que todavía falta que se sigan desarrollando estrategias médicas, políticas, sociales y económicas para poder seguir abordando la pandemia y sus consecuencias”, consideró la especialista, para quien “algo muy importante es registrar que el primer impacto, y todo lo que tiene que ver con lo traumático -que está relacionado con todo lo que irrumpe y sucede de un momento para otro- ya sucedió, con lo cual como se dice en la jerga popular ‘el primer porrazo es el que más duele’, por lo que el backup de lo vivido y aprendido y con las innumerables estrategias que fuimos asimilando algo de todo esto va a hacer que lo que se tenga que transitar sea no menos doloroso o agotador, pero al menos impactante que no es poco”. En ese sentido, la licenciada y doctora en Psicología María Gabriela Goldstein (MN 25680) señaló que “cada fin de año lleva implícita la promesa de algo nuevo y mejor para el año nuevo; es una marca de fuerte significación simbólica: el final de una etapa, y el inicio de otra, proponerse metas, tanto para cumplir, como para dejar atrás, y más aún en el final de una año tan inimaginable como este”. “El nuevo año es un año también marcado por la pandemia, por esta razón habrá momentos de salida de la crisis y momentos de vuelta a situaciones anteriores. Quizás sea más saludable y menos estresante plantearse objetivos o metas asumiendo la posibilidad de modificarlas en el devenir del año acorde a lo que vaya pasando en el contexto en el cual vivimos”, destacó a su turno la licenciada en Psicología Patricia Martínez (MN 24411), quien hizo hincapié en que “probablemente en el mundo actual y en el contexto en el cual toca vivir la mejor manera de cumplir las metas que nos proponemos, es tratar de ajustar esas metas a nuestra realidad y posibilidades”. Mariam Holmes es doctora en Psicología, especialista en clínica, docencia e Investigación en Psicoterapia orientada en Mindfulness (MP 20463) sostuvo que “para encarar el nuevo año y la vida en general se necesitan fundamentalmente tres cosas: intención, atención y actitud. Las investigaciones en el área de las neurociencias contemplativas, que entre otros aportes se nutre de los beneficios del Mindfulness, recogen un enorme caudal de evidencia científica acerca de la importancia de estos tres elementos y del modo en que impactan en la vida de las personas”. Intención “Intención, tomando conciencia de nosotros mismos, de nuestros proyectos e invitándonos deliberadamente una y otra vez a ser conscientes de esas metas y esos valores que queramos encarnar en acciones concretas, conscientes de que implicarán desplegar un movimiento intencional, significa que lo que nos propongamos no va a ocurrir espontáneamente, sino que requerirá de un esfuerzo consciente. Por otro lado, prestar atención, tomando registro de nuestros pensamientos, emociones, sensaciones físicas y de nuestras circunstancias. Registrar los pensamientos nos ayudará a identificar todos aquellos diálogos internos en los que muchas veces nos decimos que no podremos lograr lo que nos proponemos, que no somos capaces o lo suficientemente buenos, para darnos cuenta de que están allí, verlos con claridad y dejarlos ir, sin identificarnos con ellos”. Atención Y tras destacar que “prestar atención a las emociones permitirá aprender a identificar las señales que brindan como una brújula acerca del camino que se va tomando”, la coordinadora del Departamento de Investigación Sociedad Mindfulness y Salud, docente e investigadora de la Universidad del Salvador y la Universidad de San Martín agregó: “Atender a nuestro cuerpo es vital para poder registrar sus necesidades y desplegar hábitos de autocuidado y por último prestar atención lo que nos rodea, nos permitirá conectar de un mejor modo con los demás para nutrir nuestros vínculos, así como también poder percibir con mayor claridad las oportunidades que nos da la vida, las que muchas veces no somos capaces de identificar cuando vamos en piloto automático. Y por último -y este punto es muy importante- nos hará falta actitud, referida al modo en que nos vinculamos con todo aquello que ocurra en nuestra vida”. Actitud Holmes puntualizó que “hay un conjunto de siete actitudes y cualidades que serán nuestras aliadas: el no juzgar las cosas como positivas o negativas, la aceptación de lo que sea que esté ocurriendo en nuestra vida, el dejar ir aprendiendo a no apegarnos a situaciones, vínculos, estados emocionales etc, tener paciencia y no forzar, mantener una mente de principiante que nos permite mirar lo cotidiano con mucha curiosidad y por último tener confianza, mucha confianza en la vida y en nosotros mismos”. Para Goldstein, quien es la flamante presidente de

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Toxoplasmosis y embarazo. Me pareció ver un lindo gatito

La presencia de anticuerpos contra esa infección es uno de los primeros análisis que se realiza a una embarazada. ¿Cómo se contagia? ¿Qué medidas de prevención debés tomar si el estudio te da negativo? ¿Por qué se recomienda evitar el contacto con gatos en el embarazo? Por mito, desconocimiento o falta de información, es común que se aconseje a la mujer embarazada que evite el contacto con gatos para no contraer toxoplasmosis. ¿Y qué hacer en caso de tener un gato en casa antes de quedar embarazada? ¿Por qué el anticuerpo contra esa enfermedad es de lo primero que se analiza cuando quedás embarazada? ¿Qué peligro encierran las verduras crudas? ¡Qué ensalada! ¿No? Pero, no me digan que no les pasó. Con el evatest positivo en mano son miles las recomendaciones que te llueven y que terminan por marearte. Y la verdad es que muchas están basadas más en el imaginario popular que en la realidad. Uno de los temas sobre los que la gente gusta de aconsejar es la toxoplasmosis. Que no toques a los gatos, que no comas ensalada, que cocines bien la carne, que no hagas trabajos de jardinería, y no sé cuántas cosas más. Para evacuar todas las dudas sobre este tema que preocupa tanto a las futuras mamás y que hasta condiciona su alimentación durante el embarazo, explicamos qué es la toxoplasmosis: Es una infección ocasionada por un parásito denominado toxoplasma gondii. Si bien la infección es generalmente asintomática en una persona con sistema inmunológico saludable, durante el embarazo hay que tener una precaución especial ya que, en ocasiones, el parásito puede llegar hasta la placenta y en consecuencia afectar al bebé (si es que la mujer no está inmunizada o sea que no posee anticuerpos protectores). La infección puede ser desde un cuadro leve, o pasar por diferentes estadios de complejidad, hasta ser grave y provocar problemas estructurales y neurológicos, así como abortos o la muerte fetal intraútero. Muchas mujeres son inmunes (presentan anticuerpos protectores) antes de quedar embarazadas, situación que se da por haber estado en contacto con el parásito en alguna otra situación. Así las cosas, la posibilidad de que el bebé contraiga la infección depende de las semanas en que curse el embarazo, y la misma aumenta a medida que el embarazo avanza. Si se infectan con toxoplasmosis durante el primer trimestre, el riesgo de que el bebé también se infecte es de aproximadamente el 15%. El riesgo aumenta a alrededor del 30% si se contrae la infección durante el segundo trimestre y al 60% durante el tercero. Pero en cuanto al riesgo de generar lesiones estas son mayores cuanto más precoz sea el contagio. Pero, ¿cómo se contagia? Si bien es común pensar que los humanos nos contagiamos de los gatos es raro que esto suceda. Es verdad que en el intestino de los felinos es en el único ambiente que el parásito puede reproducirse y de ahí viene esta idea del peligro que representan estos animales. Y en ese sentido, hay que entender que los gatos infectados eliminan quistes del parasito por sus heces y es por esas heces contaminadas que se puede producir la infección o la contaminación de frutas, verduras o pasto que después otros animales o personas coman y por ende se contagien. Los seres humanos se infectan al ingerir quistes del parásito presente en la carne cruda o mal cocida u ooquistes (forma parasitaria eliminada en las heces del gato) de las heces de un gato con infección reciente. La principal fuente de infección en personas es la ingesta de carne cruda o mal cocida o la contaminación cruzada causada por alimentos ocurrida muchas veces por usar en casa la misma tabla para cortar carne y verduras. Entonces, alrededor de la mitad de los casos el contagio se produce por comer carne cruda o poco cocinada que presente quistes de parásitos. Pero también puede contraerse el parásito de otras formas, como por ejemplo, al comer frutas o vegetales frescos contaminados, beber agua contaminada, o tocar tierra contaminada o las piedritas blancas de la caja de un gato que esté infectado y después uno se lleve esa mano a la boca, la nariz o los ojos. La toxoplasmosis no se puede transmitir de persona a persona, salvo en el caso de la transmisión de madre a hijo durante el embarazo o a través de una transfusión de sangre infectada o de un trasplante de un órgano de una persona infectada. En este contexto, ¿cuál es el riesgo de que una mujer embarazada contraiga la enfermedad? El riesgo es igual que en cualquier otra persona, aunque las mujeres inmunosuprimidas están más expuestas. El hincapié en el embarazo se hace por el riesgo de generar una infección congénita al bebé. ¿Por qué se suele recomendar que una embarazada evite el contacto con gatos? Si bien los ooquistes son la clave en la epidemiología de la toxoplasmosis, en la mayoría de los estudios no hay correlación directa entre la toxoplasmosis en adultos y la tenencia de gatos. Los estudios que comprueban el contagio en el embarazo asociaron más bien el consumo de alimentos mal cocidos, el contacto con el suelo (jardinería) o la ingestión de verduras mal lavadas con la infección primaria -aseguró-. Los gatos no constituyen un factor de riesgo si se practican buenas prácticas de higiene. La mayoría de los gatos se infectan por su comportamiento carnívoro y eliminan ooquistes sólo por breves períodos. Para evitar la contaminación ambiental, los dueños de los gatos y en especial las mujeres en edad fértil deben adoptar medidas de higiene rutinarias. La exposición fecal directa derivada de la manipulación de gatos infectados es poco probable, ya que éstos rara vez presentan diarreas y porque se higienizan a sí mismos regularmente. No existen estudios que hayan evidenciado ooquistes en el pelaje de gatos parasitados. Algunas medidas de prevención para tener en cuenta Ya vimos que la presencia de un gato en sí no representa un riesgo real de contraer la

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