Ateneo científico: Fundación REPRO
Expositora: Liseth Palacio, embrióloga, y Patricia Martínez, psicóloga.
En el marco de las actividades académicas de Fundación REPRO, se realizó el ateneo científico “Más allá del embrión: impacto del estrés en la implantación”, un encuentro interdisciplinario que abordó la relación entre el estrés psicológico, el endometrio y los procesos involucrados en la implantación embrionaria, integrando la mirada de la embriología y la psicología.
El estrés y el endometrio: una relación en estudio
El encuentro comenzó con una revisión de la evidencia disponible sobre el endometrio como órgano sensible a las señales del estrés.
Ante una situación de estrés, se activa el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, con la consecuente liberación de cortisol. Esta respuesta puede interactuar con distintos sistemas del organismo y, a nivel endometrial, se ha estudiado su posible relación con mecanismos neuroendocrinos, inflamatorios e inmunológicos involucrados en la receptividad endometrial.
La implantación requiere una interacción compleja entre un embrión con potencial de desarrollo, un endometrio receptivo, un entorno inmunológico equilibrado y una adecuada sincronización. En este contexto, las modificaciones del microambiente endometrial constituyen un área de creciente interés para la investigación.
Cortisol endometrial y expresión génica
Uno de los trabajos recientes analizados durante el ateneo fue un estudio prospectivo y observacional realizado en pacientes que atravesaban tratamientos de fertilización in vitro, sin patologías uterinas conocidas.
La investigación combinó la evaluación psicológica del estrés con la medición de cortisol directamente en biopsias endometriales y el análisis transcriptómico del tejido.
Entre sus hallazgos se observaron modificaciones en la expresión de 182 genes del endometrio: 87 sobreexpresados y 95 con disminución de su expresión. Algunos de estos genes se encuentran relacionados con procesos vinculados con la interacción entre el embrión y el endometrio, así como con mecanismos inflamatorios e inmunológicos.
Estos resultados aportan evidencia sobre una posible asociación entre el estrés psicológico, el cortisol endometrial y modificaciones moleculares del tejido.
Sin embargo, se destacó la importancia de interpretar estos hallazgos con cautela. Al tratarse de un estudio observacional, sus resultados no permiten establecer una relación causal ni utilizar los niveles de cortisol observados como valores clínicos o predictivos. Tampoco permiten afirmar que el estrés, por sí solo, determine la imposibilidad de lograr un embarazo.
Cuando el tratamiento también genera estrés
La segunda parte del encuentro estuvo centrada en la dimensión psicológica de los tratamientos de reproducción asistida.
Patricia Martínez explicó la diferencia entre estrés y ansiedad, dos experiencias relacionadas pero diferentes. Mientras el estrés constituye una respuesta adaptativa frente a una situación percibida como amenazante, la ansiedad involucra una valoración subjetiva y puede mantenerse aun cuando la amenaza concreta ya no esté presente.
Los tratamientos de reproducción asistida pueden atravesar distintos momentos de incertidumbre y carga emocional. La espera de un resultado, por ejemplo, puede constituir un momento particularmente sensible para algunas personas.
Por eso, evaluar el impacto emocional permite identificar necesidades específicas y pensar estrategias de acompañamiento adecuadas para cada paciente.
Entre las herramientas abordadas se destacaron la psicoeducación, la terapia cognitivo-conductual, el mindfulness, las técnicas de relajación, la actividad física y el apoyo social y emocional, además del acompañamiento psicológico especializado en medicina reproductiva.
Una mirada integral
Uno de los conceptos centrales que atravesó el encuentro fue la necesidad de evitar una mirada reduccionista sobre el estrés y la fertilidad.
No se trata de transmitir a las pacientes que deben “relajarse” para lograr un embarazo, ni de atribuir al estrés la responsabilidad por el resultado de un tratamiento. Se trata de reconocer que los tratamientos pueden generar una importante carga emocional y que esa experiencia merece ser escuchada y acompañada.
En este sentido, la interdisciplinariedad permite integrar el conocimiento sobre los procesos biológicos con herramientas destinadas al bienestar emocional de quienes atraviesan un tratamiento.
Porque hablar de implantación también implica mirar más allá del embrión: comprender el entorno en el que ocurre ese proceso y acompañar de manera integral a la persona que lo atraviesa.



