Ateneo científico | Fundación REPRO
Expositora: Lic. Melisa Malmierca
En el marco de las actividades académicas de Fundación REPRO, se realizó el ateneo científico “Herramientas frente a la mirada: promesas y límites”, un recorrido por algunas de las tendencias presentadas en el último congreso de medicina reproductiva y por las preguntas que estas nuevas herramientas plantean para la práctica clínica y de laboratorio.
La exposición propuso una mirada crítica sobre tecnologías y estrategias que buscan mejorar la selección embrionaria, obtener información sin intervenir el embrión, optimizar decisiones de laboratorio y ampliar las posibilidades de evaluación dentro de los tratamientos de reproducción asistida.
El recorrido se organizó en tres ejes: ploidía, autocorrección y cleavage embrionario; biomarcadores, inteligencia artificial y add-ons; y factor masculino, este último como una invitación a revisar cuánto peso continúa teniendo este componente en la evaluación integral de la infertilidad.
PGT-A y aneuploidías segmentarias: interpretar más allá del resultado
El primer eje abordó una de las situaciones más complejas en la interpretación del PGT-A: las aneuploidías segmentarias, es decir, ganancias o pérdidas que afectan una parte de un cromosoma y no al cromosoma completo.
Su interpretación requiere considerar múltiples variables, entre ellas el tamaño del segmento, la plataforma utilizada, la resolución del método, la cantidad de células analizadas y la posible concordancia entre la muestra del trofoectodermo y la masa celular interna.
Una aneuploidía segmentaria puede representar una alteración cromosómica real, un mosaicismo, un artefacto técnico o una limitación asociada a la pequeña muestra analizada.
En este contexto se presentó un trabajo que evaluó la rebiopsia de embriones diagnosticados inicialmente con aneuploidías segmentarias. El 71,8 % confirmó la anomalía inicial, mientras que el 28,2 % fue reclasificado como mosaico. Un 11,8 % de los embriones no sobrevivió al procedimiento de rebiopsia.
Estos resultados abren una posible alternativa para pacientes que no cuentan con embriones euploides disponibles, aunque la decisión requiere una evaluación individualizada y asesoramiento genético, considerando el cromosoma involucrado, el tipo y tamaño de la alteración, la morfología y viabilidad embrionaria y el contexto clínico.
El embrión como sistema dinámico
Otro de los trabajos presentados cuestionó la mirada negativa que tradicionalmente puede asociarse a determinados patrones de cleavage anormal, como las divisiones directas o los patrones de división atípicos observados durante las primeras etapas del desarrollo embrionario.
La hipótesis presentada fue la de la autocorrección embrionaria: durante el desarrollo, algunas células anómalas pueden ser eliminadas completamente, parcialmente o permanecer dentro del blastocisto.
Los embriones que habían presentado un cleavage anormal pero lograban alcanzar el estadio de blastocisto y expulsar completamente esas células mostraron, según el trabajo presentado, probabilidades de nacido vivo similares a las de embriones sin ese antecedente.
La observación vuelve a poner en primer plano una idea central: el embrión debe ser evaluado como un sistema dinámico y no únicamente a partir de una imagen estática.
En este sentido, las tecnologías de Time-Lapse permiten observar la secuencia de acontecimientos que atraviesa el embrión y aportar información sobre su evolución que no estaría disponible a partir de una fotografía aislada.
Biomarcadores no invasivos: la promesa de obtener información sin intervenir
El segundo eje abordó herramientas que buscan obtener información sobre el embrión sin realizar una biopsia.
Entre ellas se presentó un trabajo sobre ARN extracelular, que comparó señales obtenidas del medio de cultivo y del blastocele. Mientras que el material analizado en el medio de cultivo no mostró una asociación directa con embarazo clínico, el obtenido del blastocele sí presentó una asociación.
También se revisaron avances en PGT-A no invasivo, una estrategia que busca analizar material liberado por el embrión al medio de cultivo para obtener información molecular sin recurrir a la biopsia tradicional.
Si bien los resultados son prometedores, la evidencia continúa siendo heterogénea y todavía es necesario demostrar que estas herramientas ofrecen información reproducible y clínicamente accionable antes de incorporarlas de manera consolidada a la práctica.
Inteligencia artificial: complementar la mirada, no reemplazarla
La inteligencia artificial ocupó un lugar destacado en el recorrido.
Uno de los trabajos analizó qué sucede cuando se utilizan fotografías estáticas de blastocistos para solicitar a sistemas de IA de acceso libre una predicción de nacido vivo.
El problema identificado fue el “punto ciego digital”: una fotografía no contiene la totalidad de la información necesaria para interpretar un embrión. No incorpora necesariamente edad de la paciente, antecedentes clínicos, características del tratamiento, evolución temporal, condiciones de laboratorio ni otros elementos que forman parte del contexto biológico.
También se presentó una comparación entre la clasificación morfológica de Gardner y el Score generado por un sistema automatizado. La concordancia fue mayor en los extremos, mientras que las mayores dificultades aparecieron en los casos intermedios o discordantes.
Un dato especialmente relevante fue que un Score bajo no necesariamente implicó ausencia de potencial reproductivo cuando la evaluación morfológica del embrión era favorable.
La conclusión fue clara: la inteligencia artificial puede ordenar, complementar y aportar objetividad, pero no puede decidir por sí sola. Los casos discordantes requieren interpretación y el criterio del embriólogo continúa siendo fundamental.
IA aplicada a la organización del laboratorio
También se presentó ROSE, una herramienta orientada a optimizar la asignación de lotes de ovocitos de donantes entre receptoras, buscando distribuir de manera más equilibrada las posibilidades de desarrollo embrionario.
En los escenarios analizados, la herramienta mostró mejores resultados que una asignación aleatoria simulada en 10 de 11 escenarios y redujo el riesgo de que un lote no alcanzara el objetivo establecido.
Sin embargo, el resultado evaluado se concentró en el desarrollo hasta blastocisto y no en resultados clínicos como embarazo o nacido vivo. Por eso, al igual que en otras herramientas de inteligencia artificial, los resultados deben interpretarse con cautela y requieren mayor validación clínica.
Además, su aplicación práctica plantea desafíos logísticos propios del laboratorio: tiempos de evaluación, manipulación de los ovocitos, equipamiento y organización del cultivo.
Add-ons: entre la demanda y la evidencia
El recorrido también incluyó un ejemplo cotidiano de los tratamientos de reproducción asistida: el Embryo Glue.
Un trabajo comparó diferentes concentraciones de ácido hialurónico y observó una tendencia favorable con concentraciones más altas, aunque la diferencia no alcanzó significación estadística.
El resultado vuelve a poner sobre la mesa una cuestión central en torno a los add-ons: que una herramienta sea demandada, conocida o potencialmente beneficiosa no significa necesariamente que su eficacia clínica esté demostrada.
En este caso, la propuesta presentada fue considerar un uso personalizado y no rutinario, hasta contar con evidencia suficiente que permita establecer con mayor certeza su verdadero impacto.
El factor masculino: una pregunta necesaria
El tercer eje comenzó con una pregunta que interpela a la práctica cotidiana:
¿Estamos desplazando demasiado la carga diagnóstica y terapéutica hacia la mujer?
El factor masculino participa en una proporción importante de los casos de infertilidad y puede incluir causas potencialmente identificables y corregibles, como varicocele, hipogonadismo, alteraciones hormonales, infecciones urogenitales, obstrucciones o disfunciones, estrés oxidativo y factores relacionados con el ambiente y el estilo de vida.
La exposición planteó así la necesidad de no reducir la evaluación masculina a un único espermograma y de evitar que el varón quede relegado dentro del proceso diagnóstico y terapéutico.
La creciente participación de las parejas en las consultas representa un cambio positivo, pero también invita a seguir preguntándose si el abordaje de la infertilidad está siendo verdaderamente integral.
Mirar las herramientas sin perder de vista al embrión
El recorrido dejó una idea transversal: las nuevas tecnologías pueden ampliar nuestra capacidad de observar, medir y decidir, pero no eliminan la necesidad de interpretar.
Una aneuploidía segmentaria requiere contexto. Un cleavage anormal debe ser entendido dentro de la evolución completa del embrión. Un biomarcador necesita demostrar reproducibilidad y utilidad clínica. Un algoritmo de inteligencia artificial necesita validación y contexto. Y un add-on debe demostrar que una promesa se traduce efectivamente en un beneficio para los pacientes.
En definitiva, incorporar nuevas herramientas no significa dejar de mirar, sino mirar mejor y preguntarnos qué información aporta realmente cada una.
Ese parece ser uno de los desafíos actuales de la medicina reproductiva: encontrar el equilibrio entre la innovación, la evidencia y el criterio clínico.



